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Emprendimiento y Negocios

La comida que termina en la basura también golpea el bolsillo: casi la mitad de los chilenos desperdicia alimentos cada semana

Autor

por diariolongino

Publicado

octubre 14, 2026

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ECONOMÍA FAMILIAR Y CONSUMO RESPONSABLE

Mientras los alimentos continúan aumentando de precio y las familias buscan reducir sus gastos, un estudio de Cheaf revela que el 49,9% de los encuestados en Chile desecha comida semanalmente. Planificar las compras, conservar correctamente los productos y aprovechar las sobras aparecen como medidas fundamentales para proteger el presupuesto familiar.

El aumento sostenido en el precio de los alimentos está obligando a miles de familias chilenas a reorganizar sus presupuestos, comparar ofertas y buscar alternativas para enfrentar el encarecimiento de la vida. Sin embargo, mientras el dinero alcanza cada vez menos para llenar el carro del supermercado, una parte de los recursos destinados a alimentación continúa perdiéndose silenciosamente dentro de los propios hogares, cuando frutas, verduras, carnes y preparaciones terminan en la basura antes de ser consumidas.

Esta realidad adquiere especial relevancia frente a las cifras de inflación correspondientes a septiembre de 2026. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación mensual de 0,4%, mientras que los alimentos y bebidas no alcohólicas experimentaron un incremento de 0,6%, confirmando que el costo de la alimentación continúa presionando los presupuestos familiares.

Entre los productos que registraron mayores incrementos aparecen las lechugas, con un aumento de 10,5%, y las papas, cuyo precio subió 8,6%, dos alimentos habituales en la mesa de los chilenos.

Estos resultados se suman a las alzas de 0,7% y 1,4% registradas durante julio y agosto, respectivamente, configurando tres meses consecutivos de aumentos en el precio de los alimentos.

La situación adquiere particular importancia en regiones como Tarapacá, donde las familias deben compatibilizar los gastos de alimentación con arriendos, servicios básicos, transporte y otras obligaciones mensuales.

En este escenario, una fruta que se descompone en el refrigerador, una bolsa de verduras olvidada o una preparación que permanece varios días sin consumirse representan recursos económicos que salen del presupuesto familiar sin cumplir su propósito.

Casi la mitad de los chilenos encuestados reconoce desperdiciar alimentos

La dimensión de este problema quedó reflejada en un estudio nacional realizado por Cheaf, aplicación dedicada al rescate de alimentos, durante julio de 2026. La investigación, que consultó a 2.007 personas, reveló que el 92,3% manifestó preocupación por el costo de la alimentación, mientras que el 88% reconoció haber reforzado sus estrategias para enfrentar el incremento de precios.

Sin embargo, los esfuerzos por ahorrar contrastan con otra investigación de la compañía, desarrollada entre consumidores de Chile, Argentina, Colombia y México. En ella, el 49,9% de los participantes chilenos reconoció desperdiciar alimentos al menos una vez por semana, situando a Chile con el mayor porcentaje entre los cuatro países considerados.

Esta última medición contempló a 4.504 personas, incluyendo a 1.300 participantes chilenos vinculados a las decisiones de compra o preparación de alimentos. Sus resultados reflejan los hábitos declarados por los encuestados y no necesariamente representan la frecuencia exacta del desperdicio en toda la población.

Natalia Paredes, gerente general de Cheaf Chile, explicó que el ahorro debe comenzar antes de llegar a la caja del supermercado y continuar después de que los alimentos ingresan a la vivienda.

“Cuando hablamos del precio de los alimentos, generalmente pensamos en cuánto nos cuesta llenar el carro del supermercado, pero pocas veces nos detenemos a calcular cuánto de esa compra termina en la basura. Cada fruta que dejamos echarse a perder, cada verdura que olvidamos en el refrigerador o cada porción que preparamos de más representa dinero que ya gastamos y que no aprovechamos”, sostuvo.

Para la ejecutiva, reducir el desperdicio constituye una forma concreta de proteger los ingresos familiares, particularmente cuando los consumidores están realizando importantes esfuerzos para mantener sus niveles habituales de alimentación.

Comprar con planificación permite evitar gastos innecesarios

Una de las principales recomendaciones para disminuir el desperdicio consiste en revisar los alimentos disponibles antes de realizar una nueva compra. Esta sencilla práctica permite identificar productos próximos a vencer, reconocer preparaciones pendientes y evitar adquirir artículos que ya se encuentran almacenados.

La planificación semanal del menú familiar también facilita calcular las cantidades necesarias y aprovechar ingredientes comunes para distintas comidas.

Por ejemplo, una familia que compra verduras para preparar ensaladas puede reservar parte de esos productos para incorporarlos posteriormente a tortillas, sopas o guisos, siempre que se mantengan en condiciones adecuadas de conservación.

Otro aspecto importante consiste en establecer un presupuesto previo para alimentación y evitar que las promociones comerciales determinen completamente las decisiones de consumo.

Las ofertas de grandes cantidades pueden resultar convenientes cuando se trata de productos que efectivamente serán utilizados. Sin embargo, comprar frutas, verduras, lácteos o carnes solamente porque existe un descuento puede provocar pérdidas cuando no se dispone del tiempo necesario para consumirlos.

También resulta recomendable comparar los precios por kilo o litro, considerando la cantidad, duración y necesidades reales de cada hogar.

El refrigerador también puede convertirse en una fuente de ahorro

Una adecuada administración de los alimentos no termina cuando se guardan las compras del supermercado. La forma en que se almacenan determina cuánto tiempo pueden mantenerse en condiciones seguras para su consumo.

Por ello, se recomienda conservar el refrigerador a una temperatura de 4 grados Celsius o menos y mantener el congelador aproximadamente a -18 grados, evitando dejar alimentos perecibles durante períodos prolongados a temperatura ambiente.

Las carnes crudas deben permanecer separadas de los productos listos para consumir, preferentemente en recipientes cerrados y ubicadas en los compartimientos inferiores del refrigerador para evitar contaminación.

Asimismo, las preparaciones cocinadas deben refrigerarse oportunamente, idealmente antes de que transcurran dos horas desde su elaboración.

Otra medida consiste en utilizar primero los alimentos almacenados con mayor antigüedad, colocando a la vista aquellos que deben consumirse antes.

La congelación también representa una alternativa para conservar porciones de comida, pan y determinados ingredientes que no serán utilizados inmediatamente.

Sin embargo, el aprovechamiento alimentario siempre debe respetar las condiciones de inocuidad. Un producto que presenta señales de descomposición o contaminación no debe consumirse solamente para evitar una pérdida económica.

Las sobras pueden transformarse en nuevas preparaciones

Una de las prácticas más efectivas para reducir el desperdicio consiste en reutilizar de manera segura las preparaciones que quedan después de cada comida.

El arroz cocido puede incorporarse a otras recetas si fue enfriado rápidamente y refrigerado correctamente. Las verduras cocidas pueden utilizarse para preparar tortillas o cremas, mientras que determinadas carnes pueden servir como ingredientes para guisos, siempre que hayan sido conservadas adecuadamente.

También resulta conveniente calcular previamente las porciones que consumirá cada integrante de la familia, evitando preparar cantidades excesivas que posteriormente no puedan aprovecharse.

Desde una perspectiva económica, el beneficio puede ser importante. Si una familia desperdicia alimentos equivalentes a $2.000 semanales, al término de un año habrá perdido aproximadamente $104.000. Si ese desperdicio alcanza los $5.000 cada semana, la cifra ascendería a $260.000 anuales.

Aunque estos montos son ejemplos ilustrativos y no corresponden a estimaciones del desperdicio promedio nacional, permiten dimensionar cómo pequeñas pérdidas repetidas pueden convertirse en cantidades relevantes a lo largo del tiempo.

Conocer las fechas de vencimiento también evita pérdidas

Otro factor que contribuye al desperdicio es la interpretación incorrecta de las fechas indicadas en los envases.

La fecha de vencimiento debe respetarse, especialmente en alimentos perecibles, pues establece el período de consumo previsto bajo determinadas condiciones de conservación.

En cambio, las menciones de consumo preferente, cuando corresponden, se relacionan principalmente con el período durante el cual el producto conserva sus características esperadas de calidad.

Esto no significa que todos los alimentos puedan consumirse automáticamente después de esa fecha, ya que deben considerarse el tipo de producto, las condiciones de almacenamiento y las indicaciones del fabricante.

Leer cuidadosamente las etiquetas y respetar las temperaturas recomendadas permite aprovechar mejor los alimentos sin comprometer la salud.

Rescatar alimentos antes de que terminen en la basura

El aprovechamiento de productos también está adquiriendo importancia en establecimientos comerciales que enfrentan excedentes de producción o dificultades para vender determinados alimentos dentro de los plazos previstos.

En este escenario, Cheaf desarrolla un modelo que conecta a consumidores con comercios que disponen de productos aptos para consumo, pero que podrían terminar descartados debido a excedentes, características estéticas o cercanía de sus fechas de vencimiento.

Mediante su aplicación, los consumidores pueden acceder a estos alimentos a precios reducidos, mientras los establecimientos encuentran una alternativa para disminuir las pérdidas asociadas al desperdicio.

“El ahorro no siempre está en comprar menos, sino también en aprovechar mejor. Hoy las personas comparan precios, buscan promociones y ajustan sus presupuestos, pero necesitamos incorporar una pregunta adicional a nuestras decisiones de consumo: ¿realmente vamos a utilizar todo lo que estamos comprando?”, señaló Natalia Paredes.

Un problema que también afecta al medioambiente

El desperdicio alimentario no solamente representa una pérdida económica. Producir, transportar, almacenar y comercializar alimentos requiere agua, energía, combustibles e infraestructura, recursos que también se desaprovechan cuando la comida termina siendo desechada.

A ello se suma la generación de residuos orgánicos que deben ser recolectados, trasladados y sometidos a sistemas de tratamiento o disposición final, lo que implica costos para los municipios.

En ciudades como Iquique y Alto Hospicio, disminuir la cantidad de alimentos desechados puede contribuir a reducir la presión sobre los servicios de recolección y disposición de residuos domiciliarios.

El problema también posee una dimensión social, especialmente cuando numerosos hogares enfrentan dificultades para financiar una alimentación suficiente, saludable y variada.

Por ello, el aprovechamiento alimentario no debe entenderse exclusivamente como una responsabilidad individual. Los supermercados, ferias, restaurantes y organismos públicos también pueden contribuir mediante mejores sistemas de almacenamiento, donación de excedentes aptos para consumo y educación alimentaria.

Una nueva cultura del ahorro comienza en casa

El escenario económico actual obliga a mirar el presupuesto familiar con mayor atención y plantea la necesidad de incorporar hábitos de consumo que generen beneficios sostenidos.

Planificar las comidas, comprar cantidades adecuadas, aprovechar los productos de temporada, conservar correctamente los alimentos y utilizar las preparaciones sobrantes son decisiones que pueden transformarse en prácticas permanentes.

Para las familias de Tarapacá, donde numerosos productos recorren largas distancias antes de llegar a los mercados, una adecuada organización de las compras puede adquirir especial importancia.

Reducir el desperdicio no significa consumir productos inseguros ni trasladar a las familias toda la responsabilidad por el encarecimiento de la vida. Los precios responden a factores económicos, productivos y comerciales que requieren soluciones más amplias.

Sin embargo, aprovechar mejor aquello que ya se encuentra en la despensa constituye una herramienta cotidiana para disminuir gastos evitables.

Porque cuando una fruta, una verdura o una preparación termina innecesariamente en la basura, no solamente se pierde un alimento: también desaparece una parte del esfuerzo económico que permitió llevarlo hasta la mesa. En tiempos de presupuestos estrechos, cuidar la comida también significa cuidar el dinero.

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