Iquique
Chile entre dos potencias: disputa por el cobre, el litio y la infraestructura estratégica
Autor
por diariolonginoPublicado
octubre 16, 2026Tiempo de lectura

ECONOMÍA INTERNACIONAL | TARAPACÁ
Un informe del Congreso de Estados Unidos revela la creciente competencia con China por los minerales, las redes eléctricas y las telecomunicaciones chilenas. Aranceles, inversiones y oportunidades para Tarapacá marcan un escenario de presión económica y diplomática.
La competencia entre Estados Unidos y China por los minerales críticos, la infraestructura energética y las tecnologías estratégicas está situando a Chile en el centro de una disputa de alcance mundial. Sus efectos ya no se limitan a las declaraciones diplomáticas: también involucran aranceles comerciales, inversiones mineras, redes eléctricas y proyectos de telecomunicaciones que podrían definir parte del futuro económico del país.
Un informe del Servicio de Investigación del Congreso estadounidense (CRS), publicado el 1 de septiembre de 2026 y titulado «Chile in Brief: Overview and U.S. Relations», analiza los intereses de Washington en Chile y la creciente presencia china. Se trata de un documento de apoyo para legisladores, no de una resolución obligatoria del Congreso. Su relevancia radica en mostrar las materias que están bajo observación en Estados Unidos y sus eventuales repercusiones para el Gobierno de José Antonio Kast.

China lidera el comercio chileno
El peso de Beijing en la economía nacional es determinante. Según las cifras recogidas por el informe, China recibió el 36% de las exportaciones chilenas de bienes durante 2025 y originó el 27% de las importaciones. El mercado chino es particularmente relevante para el cobre y otras actividades exportadoras, por lo que un deterioro comercial podría repercutir en ingresos, empleo e inversión.
Chile ha profundizado esa relación por años: suscribió un acuerdo de cooperación con la Iniciativa de la Franja y la Ruta en 2018, actualizó su tratado de libre comercio en 2019 y se incorporó al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura en 2021. Estados Unidos, por su parte, sigue siendo un socio central para la inversión, la tecnología y la seguridad. La dificultad para Chile consiste en fortalecer ambos vínculos sin quedar sujeto a un alineamiento excluyente.
La infraestructura eléctrica bajo la lupa
El CRS señala que empresas con sede en China han invertido más de US$21.000 millones en Chile desde 2006, especialmente en energía, infraestructura y minería. Entre las operaciones de mayor magnitud figura la adquisición de distribuidoras eléctricas por parte de la estatal State Grid Corporation of China, mediante desembolsos superiores a US$5.200 millones.
De acuerdo con los antecedentes citados por el documento, esas adquisiciones quedaron vinculadas a la distribución de electricidad para aproximadamente el 57% de los consumidores del país, incluyendo zonas del norte minero. Esta participación inquieta a funcionarios estadounidenses por eventuales riesgos sobre la infraestructura crítica y los datos operacionales.
Sin embargo, debe distinguirse entre poseer empresas distribuidoras y controlar todo el sistema eléctrico chileno. El debate de fondo es cómo fortalecer las exigencias de seguridad, supervisión y continuidad del servicio sin discriminar injustificadamente por la nacionalidad de los inversionistas.
Aranceles tensionan la relación con Washington
El informe también aborda las restricciones comerciales aplicadas por la administración de Donald Trump, pese al tratado de libre comercio bilateral vigente desde 2004. En julio de 2026 Estados Unidos impuso una sobretasa del 12,5% sobre determinadas mercancías chilenas mediante disposiciones de la Sección 301 de su legislación comercial.
La medida se relacionó con una investigación estadounidense sobre políticas para impedir importaciones producidas mediante trabajo forzoso, argumentos cuestionados por el Gobierno chileno. Según la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, la sobretasa abarca 943 productos que representan el 40,3% del valor exportado por Chile a ese mercado; otros 336 productos, equivalentes al 53,6%, quedaron exceptuados de ese gravamen específico.
Entre los sectores afectados figuran alimentos, frutas, productos del mar, vinos y manufacturas. Determinadas exportaciones de cobre refinado y litio se cuentan entre las exentas, aunque otros productos pueden enfrentar tributos diferentes. La situación es paradójica: Washington busca ampliar la cooperación minera mientras establece barreras que podrían reducir la competitividad de parte de las exportaciones chilenas. En 2025, el comercio bilateral de bienes llegó a US$38.100 millones, según el CRS.

Cobre y litio, en el centro de la negociación
La minería aparece como uno de los principales espacios de entendimiento. En abril de 2026, Chile y Estados Unidos firmaron un memorando de entendimiento para promover cooperación en minerales críticos, inversiones, información y capacidades a lo largo del proceso productivo. El acuerdo, según la Cancillería chilena, no establece obligaciones vinculantes ni entrega derechos preferenciales sobre los recursos nacionales.
El informe estadounidense sostiene que Chile podría ser considerado en un futuro acuerdo plurilateral sobre minerales críticos entre países afines. El interés de Washington se vincula con asegurar suministros para industrias tecnológicas, energéticas y de defensa. Durante 2025, la inversión estadounidense acumulada en la minería chilena se acercaba a US$9.900 millones.
Para Chile, el desafío será transformar ese interés internacional en proyectos con infraestructura, innovación, proveedores locales y mayor valor agregado. La disponibilidad de recursos minerales, por sí sola, no garantiza una nueva etapa de industrialización ni beneficios distribuidos territorialmente.
El cable submarino y la disputa tecnológica
La tensión también se trasladó a las telecomunicaciones. En febrero de 2026, el Departamento de Estado de Estados Unidos revocó las visas del entonces ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, y otros dos funcionarios del Gobierno de Gabriel Boric. Washington alegó riesgos para la infraestructura crítica y la seguridad regional.
El episodio fue asociado al proyecto de cable submarino entre Valparaíso y Hong Kong, con participación de empresas chinas. El Gobierno de Boric rechazó los cuestionamientos y defendió la capacidad de Chile para decidir sobre sus inversiones sin amenazas externas. Posteriormente, la administración Kast manifestó su intención de revisar la iniciativa.

La controversia demuestra que los proyectos digitales dejaron de ser considerados exclusivamente inversiones de conectividad: hoy forman parte de las preocupaciones geopolíticas sobre protección de información y dependencia tecnológica. Las decisiones chilenas deberán apoyarse en criterios técnicos y de seguridad verificables.
Más cooperación, pero también incertidumbre
En julio de 2026, el secretario de Estado Marco Rubio y el canciller Francisco Pérez Mackenna abordaron en Washington la cooperación bilateral y la seguridad de la infraestructura estratégica. El Gobierno chileno ha señalado que Estados Unidos constituye un socio estratégico, sin desconocer que China es igualmente relevante para el comercio y las inversiones.
Otra posibilidad identificada por el CRS proviene de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional estadounidense (DFC). Su reautorización permite, bajo ciertas condiciones, respaldar operaciones en países de ingresos altos como Chile. Esa herramienta podría facilitar financiamiento para minerales críticos e infraestructura, aunque no supone asignaciones automáticas: cada proyecto necesitaría evaluación y capital privado.
Las perspectivas oscilan entre un fortalecimiento de la cooperación minera y tecnológica, una convivencia de inversiones con tensiones arancelarias persistentes o un deterioro mayor si se intensifican las presiones sobre empresas chinas. Ninguno de esos escenarios está asegurado.
Tarapacá: puertos, minería y Zona Franca
Aunque el estudio tiene alcance nacional, el norte chileno aparece especialmente expuesto a sus consecuencias. Tarapacá reúne actividad minera, conexiones terrestres con Bolivia, infraestructura portuaria y la Zona Franca de Iquique, cuya dinámica depende de los flujos comerciales internacionales.
Nuevas inversiones en minerales críticos podrían elevar la demanda de transporte, almacenaje, energía y proveedores especializados. Pero esos beneficios no llegarán automáticamente: dependerán de proyectos concretos, capacidad logística y competitividad regional. La modernización portuaria y vial resulta decisiva para que Iquique pueda disputar cargas frente a otros terminales del Pacífico.
La reorganización del comercio entre Estados Unidos, China y América Latina también podría modificar costos de importación y decisiones de operadores de ZOFRI. Por eso resulta relevante anticipar escenarios y corregir brechas de infraestructura, en lugar de asumir que toda inversión minera necesariamente favorecerá a la región. La situación también pone bajo examen la conectividad fronteriza y la capacidad de los servicios públicos para acompañar el movimiento de cargas. Una estrategia regional podría priorizar accesos portuarios, corredores logísticos, abastecimiento energético y formación de trabajadores especializados, además de impulsar acuerdos entre empresas mineras, transportistas y proveedores. Sin esas condiciones, una expansión del comercio internacional podría transitar por otros puertos del norte, dejando a Tarapacá fuera de parte de los beneficios esperados.
El desafío: autonomía y mercados abiertos
Una encuesta de agosto de 2026 citada por el CRS señala que el 54% de los consultados prefería mantener relaciones comerciales equilibradas con ambas potencias; el 29% priorizaría a China y el 14% a Estados Unidos. La medición ilustra el interés por preservar oportunidades en ambos mercados, incluso en un contexto de rivalidad creciente.
La principal interrogante para Chile no es escoger simplemente entre Washington y Beijing, sino cómo resguardar su autonomía de decisión mientras protege exportaciones, atrae inversión y supervisa activos sensibles. Para Tarapacá, esa estrategia requiere convertir la competencia internacional en una oportunidad concreta de modernización logística y desarrollo productivo. En un escenario mundial donde cobre, litio, energía y datos son instrumentos de poder, contar con infraestructura y reglas claras será tan importante como disponer de recursos naturales. La diversificación, además, no supone alejarse de China ni renunciar a los vínculos históricos con Estados Unidos. Implica negociar con criterios transparentes, evaluar las condiciones de cada proyecto y reducir vulnerabilidades frente a decisiones adoptadas fuera de Chile. El Congreso y los organismos reguladores tendrán un papel importante en esa tarea, desde el seguimiento de los efectos arancelarios hasta el resguardo de las redes críticas. La discusión sobre los minerales también debiera considerar el impacto en comunidades, medio ambiente y uso del agua, porque la competencia global por materias primas no elimina las obligaciones nacionales de protección y desarrollo sostenible.
Fuente documental: Congressional Research Service, «Chile in Brief: Overview and U.S. Relations» (1 de septiembre de 2026).
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