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Lista de espera de 10 años obliga a pacientes obesos

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a gastar sus fondos previsionales en cirugías bariátricas

Con un sistema público colapsado, decenas de personas echaron mano a los retiros del 10% para cubrir una necesidad que el Estado no ha sabido cubrir.

Semanas atrás comenzó la discusión en el Senado sobre el cuarto retiro de fondos previsionales, proyecto de ley que pretende que miles de cotizantes retiren un nuevo 10% de sus ahorros en las AFP, lo que genera amplio debate al interior del Congreso.

Muchos aseguran que se trata de una estrategia política en tiempos de elecciones, y que el impacto de un nuevo retiro llevaría la inflación a cifras históricas desde el regreso a la democracia. Sin embargo, otro grupo de legisladores asegura que las ayudas del Gobierno para enfrentar la crisis económica que desató la pandemia han sido insuficientes y que se justifica un nuevo retiro.

Mientras la discusión se concentra en Valparaíso, en el resto del país millones de chilenos siguen con atención la definición del proyecto ley para saber si contarán con ese dinero, ya sea para enfrentar la pandemia o para continuar con proyectos personales, entre los que se incluyen variados tratamientos médicos, como por ejemplo operaciones para combatir la obesidad mórbida.

LUCHA ETERNA

Ese es el caso de Lorena (42), quien después de siete años y medio en lista de espera, entró a pabellón el 5 de julio para un bypass gástrico. Pero no lo hizo en el sistema público, sino que ocupó sus retiros del 10% de los fondos de pensiones para poder tratar su obesidad mórbida en una clínica privada. 

«Hice todos los exámenes, fui a controles con psicólogos, nutricionistas, médicos y distintos especialistas. Me pidieron bajar un 10% de mi peso y cumplí. Quedé lista para la operación. Me dijeron que me llamarían cuando fuera mi turno, pero nunca lo hicieron», asegura la mujer, que antes de la intervención pesaba 107 kilos de peso.

Sin embargo, la contingencia sanitaria obligó a los recintos asistenciales a suspender todas las cirugías electivas por lo que su cita nunca llegó, a pesar de que insistió en el sistema público para tratar su enfermedad.

«Quería que me ayudaran porque tenía alto riesgo de desarrollar graves complicaciones, tenía miedo de morir. Me respondieron los asesores y la directora del Hospital Félix Bulnes, que me explicó que por temas de pandemia estaban suspendidas las cirugías bariátricas, pero que apenas se reactivaran me contactarían y tendría cierta prioridad así que seguí esperando, pero después las suspendieron indefinidamente. Quedé a la deriva, pero como tenía mis tres retiros de la AFP decidí hacer algo, empecé a averiguar cómo podía operarme de manera particular. Igual me faltaba una parte por cubrir, así que mi hermana me pidió un crédito para financiar el resto. Ya no me quedan ahorros», sostiene Lorena.

Según los datos entregados por la Sociedad Chilena de Cirugía Bariatrica y Metabólica, el 74% de los chilenos y chilenas tienen sobrepeso u obesidad. De ese total, 600 mil personas presentan índice de masa corporal sobre 40. Es decir, tienen obesidad, por lo que la cirugía es una alternativa para tratar la enfermedad.

Sin embargo, el alto costo del procedimiento en el sistema privado, que ronda los cinco millones de pesos en promedio, y las eternas listas de esperas en el sistema público, que a veces llegan a 10 años, generan un problema extra a los pacientes con obesidad mórbida.

«La gente trata de resolver sus problemas de salud con estos recursos que han sido entregados de forma inesperada. Me parece algo lógico y entendible, pero no me parece el mecanismo más apropiado, ya que debería tener algún apoyo del Estado», comentó Claudio Canales, presidente de la Sociedad Chilena de Cirugía Bariátrica y Metabólica.

El profesional explica que el sistema de salud entrega 600 cupos al año para operaciones, pero la alta demanda por tratamiento genera las listas de esperas y otras complicaciones de salud derivadas por la obesidad.

«Trae un montón de consecuencias asociadas, como la diabetes, hipertensión, colesterol alto, accidentes vasculares y algunos tipos de cáncer, y está demostrado que los pacientes que mantiene por mucho tiempo su condición de obesidad mueren antes. Incluso es más caro para el sistema, porque mantener un paciente hipertenso es más caro que ofrecerle una cirugía”, sostiene el profesional.

Según datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), el 74,2% de la población adulta en nuestro país sufre de sobrepeso u obesidad, cifra que lo sitúa en el segundo lugar, después de México (75,2%), con la más alta tasa de obesidad, e incluso superando a Estados Unidos (71%), que siempre ha encabezados estos rankings.

10 AÑOS DE ESPERA

Para la presidenta de la ONG “300 mil Mórbidos”, Soraya Flores, la larga espera por tratamientos, y el poco reconocimiento que tiene la obesidad como enfermedad dentro del país, obligó a cientos de personas a echar manos a sus ahorros previsionales para iniciar un cambio de vida.

«Los pacientes se aburrieron de esperar. Sus enfermedades de base comenzaron a incrementarse y tuvieron que recurrir a préstamos o al 10% propio o al de algún familiar. Conocemos de personas que han esperado hasta ocho años. Lamentablemente, al no ser atendida ni escuchadas, tuvieron que recurrir a sus fondos previsionales», sostiene la mujer, que vivió en carne propia las injusticias del sistema de salud.

«Yo esperé casi diez años para poder operarme, en el sistema le dan prioridad a otras patologías que consideran más importantes, pero en este momento la obesidad en Chile y en el mundo es un tema muy importante porque la Organización Mundial de Salud la decretó como enfermedad crónica, entonces en acá deberían darle más importancia», sentenció.

 “CUBRÍ UNA NECESIDAD”

Yenifer López (35) se mantuvo diez años en la lista de espera pública para someterse a una cirugía gástrica en el hospital El Salvador. A comienzo de 2020 se abrió una luz de esperanza y comenzó el año como la tercera de la lista. Sin embargo, la llegada de la pandemia obligó a suspender todas las cirugías y su caso volvió a cero.

En febrero de 2021, decidió gastar cuatro millones de pesos en el sector pensionados del hospital El Pino de San Bernardo para operarse de forma particular. El financiando de la hospitalización lo pudo obtener gracias a unos pocos ahorros personales que tenía y a los retiros de fondos previsionales de su marido.

«Yo no quería invertir esos ahorros en esta operación, me daba lata quedarme sin plata. Pensaba que sería egoísta en operarme en vez de invertir en algo común para la casa, pero después de pensarlo mucho le dije a mi marido, y él me apoyó con sus dos retiros. Nos quedamos con cero pesos, gastamos todo lo ahorrado», comenta la mujer, quien asegura que pasar por el quirófano le cambió la vida completamente.

«Después de la operación pude volver a caminar, porque antes no lo hacía porque estaba muy gorda. Cambiaron muchas cosas, en 17 años que estuve gorda nunca pude comprarme ropa y eso daña a la autoestima. El retiro del 10% sirvió para suplir una necesidad que debía cumplir el Estado y que por más que espere no llegó. Me quedé sin ahorros, pero si seguía en la lista de espera me iba a morir antes de jubilar», sentencia la mujer.

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