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Andrés Velasco: “Una nueva Convención podría hacer su trabajo en seis meses, apoyándose en un grupo de expertos”

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El Decano de la Escuela de Políticas Públicas del London School of Economics and Political Science (LSE), dice que, si gana el Rechazo, el país tendrá “la oportunidad de retomar el clima de esperanza del plebiscito de entrada. En ese momento, 80 por ciento del país dijo claramente quería una nueva Constitución. A partir del 5 de Septiembre podemos empezar a redactar un nuevo texto que tenga la aprobación de 80 por ciento de las chilenas y chilenos”.

-Estás por el Rechazo. ¿Por qué?
-Porque no creo que Chile deba resignarse a tener una Constitución deficiente, que genere conflicto en vez de colaboración, deteriore aún más la calidad de la política, y reduzca nuestra capacidad de tomar buenas decisiones colectivas. Una Constitución es, por sobre todas las cosas, una arquitectura política. Y este proyecto propone un edificio que no se sostiene. Omite el sistema electoral —que es clave—, desequilibra la relación entre las dos cámaras del Poder Legislativo, debilita el poder de veto del Ejecutivo, fragmenta en exceso la organización política del país, y un largo etcétera de carencias y errores.


-De ganar el Rechazo, ¿Qué viene el 5? ¿Cómo sigue hacia adelante la cosa en un país tan dividido?


-El 5 de Septiembre, si gana el Rechazo —como espero que ocurra—, tendremos la oportunidad de retomar el clima de esperanza del plebiscito de entrada. En ese momento, el 80 por ciento del país dijo, claramente, que quería una nueva Constitución. A partir del 5 de Septiembre podemos empezar a redactar un nuevo texto que tenga la aprobación de 80 por ciento (o más) de las chilenas y chilenos.


-¿Propones un nuevo proceso igual al anterior, ¿con las mismas reglas? ¿Aguanta el país otro año y medio con la incertidumbre que generó la elaboración de un nuevo texto constitucional?


-A estas alturas somos muchos los que hemos propuesto un nuevo proceso democrático, pero no igual al anterior. Porque no se partiría de cero —está este texto, el que propuso la Presidenta Bachelet, los aportes del Presidente Lagos, y las ideas de una infinidad de centros de estudio y organizaciones de la sociedad civil—, una nueva Convención podría hacer su trabajo en seis meses, apoyándose en un grupo de expertos que harían recomendaciones no vinculantes.


La Convención debería ser más pequeña y operativa, y tendría que elegirse de otro modo para no repetir los errores recientes: con independientes pero no con listas de independientes (que son un contrasentido), con un sistema electoral que contemple listas cerradas y paritarias como las que se usan en tantas democracias del mundo (especialmente en Europa), y con la fórmula neozelandesa para calcular el número de escaños reservados. Sería necesario un plebiscito de salida pero no uno de entrada. En menos de un año Chile tendría la Constitución que merece.


-¿Quién debería liderar ese proceso? ¿El Presidente, los partidos, un acuerdo transversal? ¿Es viable?


-Ese proceso no debe tener dueños. Es clave que sea lo más transversal posible. Pero es evidente que lo deben liderar el Presidente, convocando a las fuerzas políticas y a la sociedad civil, y el Congreso, donde volverá a estar radicado el poder constituyente.

-¿Qué te parecieron las declaraciones de Ricardo Lagos respecto a que “lo que ocurrió con los partidos de derecha es un signo positivo” sobre la aprobación del proyecto para bajar los quórums? ¿Las compartes? ¿Esta vez le crees a la derecha?

-Precisamente uno de los problemas del momento actual es la pérdida de confianza y credibilidad. Nadie le cree a nadie. Pero para retomar el buen funcionamiento de la democracia, en algún momento tendremos que volver a creer. Esa confianza se reconstruye paso a paso y —en eso tiene toda la razón el Presidente Lagos— la votación que rebaja el quórum a 4/7 un “signo positivo” y un paso en el camino adecuado.

Además, hay que pensar en los incentivos políticos. La derecha no está en el poder. Le fue muy mal en las elecciones de la Convención. Su estrategia pasada no le dio resultado. Y la ciudadanía ha dicho claramente —casi 80 por ciento en el plebiscito de entrada— que aspira a una nueva Constitución. Pretender bloquear el proceso constitucional sería obtuso y políticamente contraproducente para la derecha democrática.

-¿Qué representa el acuerdo alcanzado por los presidentes de partido donde se comprometen a hacer ajustes al texto?

-Representa, antes que nada, la admisión por parte de las dos coaliciones de gobierno que el texto constitucional propuesto es deficiente. Por meses respondieron a las críticas diciendo que eran fake news. Ahora admiten que hay problemas en materia del consentimiento de los pueblos originarios, las leyes de concurrencia presidencial, los sistemas de justicia paralelos, el estado de emergencia, y al menos una docena de asuntos más.

Pero el acuerdo no cambia nada sustancial, por tres razones. Primero, porque el mensaje es incoherente: “sí, es mala, no funciona, pero cómprela no más, y el lunes pasa por aquí y se la arreglamos.” Eso no es muy atractivo ni plausible. Segundo, porque casi todos los asuntos tocados en el acuerdo no implican cambios al texto, sino “perfilamientos” o interpretaciones legales. Lo que una ley decide, otra ley lo puede cambiar. Y, tercero, porque el Presidente del Partido Comunista al rato le tiró la cadena al acuerdo, afirmando que “no podemos garantizar que vamos a hacer estas cosas.” No me digan que eso es una perogrullada o que lo citaron fuera de contexto. Teillier es un político avezado. Si creyera en el acuerdo, habría dicho “haremos todo lo que sea necesario para concretar estas cosas.”

-Antes de ayer posteaste una imagen que mostraba a figuras asociadas a la centroizquierda como Javiera Parada, Ximena Rincón y Felipe Harboe cruzando el mítico puente que apareció en la franja del No. Fueron criticados desde la izquierda. ¿Hay una política de cancelación? Algunos dijeron que fue muy allá la campaña del Rechazo. ¿Por qué tanta crítica?

-Los símbolos de la recuperación de la democracia no son de un grupo. Son de las y los demócratas sin excepción. Por supuesto que personas comprometidas con la democracia, y que han colaborado con los gobiernos progresistas, como Javiera Parada, Felipe Harboe o Ximena Rincón tienen todo el derecho a aludir a esos símbolos.

Además, votar Rechazo muestra compromiso con la democracia, que es precisamente lo que estaba en juego en 1988. Como dijo Genaro Arriagada, que fue Secretario Ejecutivo de la Campaña del No,  el sistema político propuesto es “una amenaza a la democracia.” A Genaro ¿también van a tratar de “cancelarlo”?

Esa reacción tan virulenta de algunos partidarios del Apruebo es propia del clima que se ha vivido hasta ahora, en que algunos pocos se arrogan todas las virtudes morales y ningunean al resto del país. Afortunadamente, ese clima parece ir cambiando. Al Ministro Jackson le dieron una merecida capotera por declararse moralmente superior. No me extrañaría que a los que están tan indignados por el video les pase lo mismo.


Fuente: EX-ANTE

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