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viernes, noviembre 6, 2026

Emprendimiento y Negocios

Crisis del bolsillo golpea a trabajadores chilenos: 40% se endeuda para llegar a fin de mes y estrés financiero amenaza la productividad

Autor

por diariolongino

Publicado

noviembre 6, 2026

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  • El IV Estudio de Bienestar Financiero de Marsh revela que los trabajadores destinan 51 minutos diarios a pensar en sus problemas económicos. Más de la mitad enfrenta estrés por dinero, mientras las deudas, los gastos cotidianos y la falta de ahorros están afectando la tranquilidad de miles de hogares.

La preocupación por llegar a fin de mes, pagar las cuentas, enfrentar las deudas y responder ante cualquier emergencia económica se ha convertido en una carga permanente para una parte importante de los trabajadores chilenos. Una realidad que ya no permanece exclusivamente dentro de los hogares, sino que comienza a trasladarse con fuerza hacia las oficinas, las fábricas, los establecimientos comerciales y los distintos espacios laborales del país.

Así lo revela el IV Estudio de Bienestar Financiero de Marsh, cuyos resultados muestran una preocupante relación entre las dificultades económicas de las familias, el deterioro del bienestar emocional y la productividad de los trabajadores. De acuerdo con la investigación, las personas destinan en promedio 51 minutos diarios de su jornada laboral a pensar en sus problemas financieros, seis minutos más que durante 2025 y un tiempo equivalente a aproximadamente el 11% de su jornada productiva.

La cifra refleja una situación que va más allá de las estadísticas económicas tradicionales. Detrás de estos minutos se encuentran trabajadores que, mientras cumplen con sus obligaciones laborales, también deben calcular cómo pagar el dividendo o arriendo, financiar los gastos de alimentación, cubrir los servicios básicos, cumplir con las cuotas del comercio y administrar compromisos crediticios que en muchos casos absorben una parte importante de sus ingresos.

El informe advierte que un 54% de los encuestados declara experimentar estrés debido a su situación económica, mientras que un 33% reconoce que sus preocupaciones financieras afectan de manera moderada o significativa su productividad laboral. Además, un 11% asegura que las dificultades relacionadas con el dinero incluso le impiden conciliar el sueño.

Estos resultados dibujan un escenario en el que contar con un empleo no necesariamente garantiza tranquilidad económica. Para una proporción relevante de trabajadores, recibir una remuneración mensual significa comenzar nuevamente un proceso de distribución de recursos entre obligaciones que muchas veces dejan escaso margen para ahorrar o enfrentar imprevistos.

El sueldo no alcanza y el crédito se transforma en una extensión del ingreso

Uno de los antecedentes más inquietantes del estudio está relacionado con el uso del endeudamiento para financiar los gastos habituales de los hogares. Según la investigación, un 40% de los trabajadores utiliza su línea o tarjeta de crédito para completar los gastos del mes, una práctica que revela la dependencia que puede generarse respecto de instrumentos financieros concebidos originalmente para facilitar compras o resolver necesidades puntuales.

Este fenómeno adquiere especial relevancia cuando el crédito deja de utilizarse como una herramienta ocasional y comienza a formar parte permanente del presupuesto familiar.

En términos económicos, recurrir reiteradamente al financiamiento para cubrir gastos cotidianos puede generar un círculo difícil de romper. Las personas utilizan parte de sus ingresos futuros para pagar consumos presentes y, cuando reciben sus remuneraciones, deben destinar una proporción de ellas al cumplimiento de cuotas, intereses y otros cargos asociados.

Si el presupuesto permanece desequilibrado, la necesidad de volver a endeudarse puede mantenerse durante los meses siguientes, aumentando la vulnerabilidad de los hogares frente a cualquier disminución de ingresos o gasto extraordinario.

El estudio también establece que un 37% de los trabajadores manifiesta preocupación todos los meses por cumplir con sus obligaciones financieras, mientras que un 22% reconoce dificultades recurrentes para pagar sus productos crediticios.

La situación demuestra que el problema no se limita a quienes presentan atrasos o incumplimientos. También existen trabajadores que mantienen sus compromisos al día, pero lo consiguen mediante importantes restricciones en otros ámbitos de su presupuesto.

Esta realidad obliga a observar el endeudamiento desde una perspectiva más amplia. No toda utilización de crédito constituye una señal de crisis financiera, pero su uso permanente para cubrir necesidades esenciales puede evidenciar una falta de equilibrio entre ingresos disponibles y gastos del hogar.

Una emergencia de un millón de pesos puede desestabilizar el presupuesto familiar

La fragilidad financiera también aparece al examinar la capacidad de respuesta frente a situaciones inesperadas. Según Marsh, un 36% de los encuestados considera que enfrentar una emergencia económica de un millón de pesos representaría un desafío importante.

Una enfermedad, una reparación urgente de la vivienda, la pérdida de una fuente de ingresos o cualquier acontecimiento que implique un desembolso extraordinario puede alterar seriamente la estabilidad de las familias que no disponen de ahorros suficientes.

La investigación agrega que un 33% de los trabajadores declara no poder resolver sus dificultades financieras en el corto plazo, mientras que quienes sí cuentan con capacidad para responder a estas situaciones presentan menores niveles de estrés.

El problema adquiere otra dimensión cuando se considera que los gastos imprevistos pueden aparecer en cualquier momento, independientemente de las condiciones económicas de cada familia.

Para los hogares que viven con presupuestos ajustados, la ausencia de un fondo de emergencia puede significar recurrir nuevamente al crédito, renegociar compromisos o postergar pagos, decisiones que pueden incrementar la incertidumbre financiera.

La falta de recursos disponibles también condiciona la planificación de objetivos de largo plazo, como adquirir una vivienda, financiar estudios, emprender o preparar una jubilación con mayores niveles de seguridad.

En consecuencia, la preocupación por el dinero no solo responde a la capacidad de cubrir los gastos inmediatos, sino también a la incertidumbre respecto de lo que puede ocurrir durante los meses siguientes.

Las desigualdades económicas también se reflejan en la tranquilidad de los trabajadores

El informe identifica importantes diferencias según el nivel de ingresos y la formación educacional de las personas.

Los trabajadores pertenecientes a hogares con ingresos de hasta dos millones de pesos destinan un 67% más de tiempo a sus preocupaciones financieras que quienes viven en hogares con rentas superiores.

La brecha evidencia que la presión económica no se distribuye de manera uniforme. Aunque las personas con mayores ingresos también pueden enfrentar dificultades de endeudamiento o problemas de administración financiera, disponer de más recursos suele entregar mayores posibilidades de enfrentar compromisos y absorber gastos extraordinarios.

En cambio, los hogares con presupuestos más estrechos deben distribuir sus ingresos entre necesidades fundamentales, reduciendo las posibilidades de generar ahorro o establecer mecanismos de protección económica.

El nivel educacional también aparece como un factor asociado a estas diferencias. Según el estudio, quienes cuentan con educación media completa dedican un 40% más de tiempo a sus problemas financieros que aquellos que poseen estudios superiores.

Este resultado no significa que la formación académica determine por sí sola la capacidad de administrar el dinero, pero permite observar cómo las desigualdades de ingresos, las oportunidades laborales y las condiciones de empleo pueden relacionarse con distintos niveles de bienestar financiero.

Para las regiones del norte del país, como Tarapacá, estos antecedentes adquieren interés por las realidades económicas que enfrentan trabajadores del comercio, transporte, servicios, turismo, construcción y otras actividades productivas.

Aunque el estudio no entrega en los antecedentes difundidos una desagregación específica para Tarapacá, sus conclusiones plantean interrogantes relevantes sobre la capacidad de los hogares regionales para enfrentar el costo de vida y administrar sus compromisos financieros.

El costo invisible que las empresas no siempre consideran

La presión económica no termina cuando un trabajador ingresa a su lugar de trabajo. Las obligaciones pendientes, los vencimientos y la incertidumbre respecto de los ingresos familiares pueden mantenerse presentes durante buena parte de la jornada.

El estudio demuestra que este fenómeno también tiene consecuencias para las organizaciones.

Joaquín Ramírez, Business Leader of Investment and Retirement de Marsh Chile, advierte que las preocupaciones económicas representan un costo que habitualmente no aparece reflejado en los indicadores tradicionales de productividad empresarial.

La investigación establece que quienes presentan algún nivel de estrés financiero dedican aproximadamente tres veces más tiempo a estas preocupaciones durante su jornada que aquellos trabajadores que se encuentran en una situación de mayor tranquilidad.

Asimismo, entre quienes registran los niveles más elevados de estrés, grupo que representa alrededor del 10% de los encuestados, las preocupaciones financieras pueden llegar a ocupar el 21% de su jornada laboral.

Se trata de antecedentes que evidencian una relación entre las condiciones económicas personales y la capacidad de concentración durante el trabajo.

Sin embargo, estos resultados no deben interpretarse como si cada minuto dedicado a una preocupación equivaliera automáticamente a un minuto de producción perdida. La cifra permite dimensionar la carga mental declarada por los trabajadores, pero no constituye por sí sola una medición directa de pérdidas económicas para las empresas.

Desde una perspectiva organizacional, el desafío consiste en reconocer que el bienestar financiero puede influir en la atención, la motivación y el desempeño, sin responsabilizar exclusivamente a los trabajadores por dificultades que muchas veces están relacionadas con factores económicos más amplios.

Las empresas, por tanto, enfrentan el reto de incorporar esta dimensión dentro de sus estrategias de bienestar laboral, especialmente cuando buscan mejorar la estabilidad de sus equipos y las condiciones en que desarrollan sus funciones.

Salud, endeudamiento y productividad: una relación cada vez más estrecha

Otro elemento relevante es la protección que tienen los trabajadores frente a gastos médicos inesperados.

De acuerdo con los antecedentes del estudio, un 40% cuenta con un seguro colectivo de salud financiado completamente por su empleador, mientras que un 20% dispone de una cobertura colectiva que financia personalmente y un 5% contrató un seguro individual.

La investigación también señala que quienes pagan parte o la totalidad de un seguro complementario de salud destinan, en promedio, un 30% menos de tiempo a preocupaciones financieras.

Esta asociación plantea que disponer de mecanismos de protección frente a gastos importantes puede contribuir a disminuir la incertidumbre económica.

No obstante, la existencia de un seguro no elimina necesariamente todas las dificultades, especialmente cuando los hogares deben enfrentar otras obligaciones relacionadas con vivienda, alimentación, educación y transporte.

La situación vuelve a poner en discusión la importancia de una planificación financiera que considere tanto los gastos habituales como los riesgos inesperados.

Asimismo, permite observar que la seguridad económica no depende exclusivamente de la remuneración recibida, sino también de la estabilidad laboral, las obligaciones acumuladas, las redes de apoyo y la capacidad para enfrentar acontecimientos extraordinarios.

Inteligencia artificial desplaza a los bancos como fuente de orientación financiera

Una de las transformaciones más llamativas detectadas por Marsh está relacionada con las fuentes de información que utilizan los trabajadores para resolver dudas o tomar decisiones sobre sus finanzas.

La familia continúa ocupando el primer lugar, con un 51% de las preferencias. Sin embargo, las herramientas de inteligencia artificial alcanzan el segundo puesto, con un 33%, superando a los bancos e instituciones financieras, que registran un 31%.

Este resultado muestra cómo las plataformas tecnológicas comienzan a ocupar un espacio cada vez más importante en asuntos tradicionalmente asociados con asesores financieros, ejecutivos bancarios o especialistas en administración de recursos.

La posibilidad de recibir respuestas inmediatas, organizar gastos, comparar alternativas o comprender conceptos económicos puede explicar parte del interés por estas herramientas.

Sin embargo, su utilización también exige precauciones.

Las respuestas generadas por sistemas de inteligencia artificial pueden contener errores, interpretaciones incompletas o recomendaciones que no consideren adecuadamente las condiciones particulares de cada usuario.

Por ello, las decisiones relacionadas con contratación de créditos, inversiones, renegociación de deudas o productos previsionales requieren verificar la información y revisar las condiciones específicas de cada operación.

La tecnología puede contribuir a mejorar la comprensión financiera, pero no reemplaza automáticamente la asesoría especializada cuando existen decisiones económicas de mayor complejidad.

El estudio también revela un dato que debería llamar la atención de las empresas: apenas un 3% de los trabajadores recurre a su empleador para solicitar orientación sobre asuntos financieros.

La cifra contrasta con las expectativas declaradas por los propios encuestados. Un 41% considera importante que su empresa facilite el acceso a asesores externos, mientras que un 29% espera recibir información o artículos relacionados con educación financiera.

Esto plantea una oportunidad para desarrollar programas de orientación que respeten la privacidad de los trabajadores, sin intervenir directamente en sus decisiones personales.

La incertidumbre económica también condiciona el futuro laboral

La preocupación financiera no se limita al presupuesto mensual. El informe también examina cómo determinadas condiciones económicas pueden influir en las decisiones de cambiar de empleo.

Uno de los factores identificados es la indemnización por años de servicio, beneficio que para algunos trabajadores representa una eventual protección frente a la pérdida del puesto laboral.

Según el estudio, un 28% considera la indemnización como un beneficio que espera recibir en el futuro, mientras que un 12% afirma que no aceptaría cambiarse de trabajo si ello implicara perder ese derecho.

Este antecedente demuestra que las decisiones laborales no dependen exclusivamente de una oferta de mayor remuneración, sino también de la seguridad y las condiciones económicas que las personas consideran necesarias para su estabilidad.

En paralelo, la planificación previsional aparece como otro ámbito de incertidumbre. Seis de cada diez encuestados señalan desconocer el impacto que tendrá en sus futuras pensiones la reforma previsional en implementación.

Estas cifras reflejan que una parte de los trabajadores enfrenta dificultades para proyectar su seguridad económica más allá de las obligaciones inmediatas.

La ausencia de información clara sobre ahorro, pensiones y mecanismos de protección puede aumentar la sensación de incertidumbre, especialmente entre quienes deben priorizar el pago de compromisos mensuales.

Un desafío económico que supera las paredes de las empresas

Los resultados del IV Estudio de Bienestar Financiero de Marsh permiten observar una problemática que se extiende más allá del ámbito laboral y que está estrechamente relacionada con las condiciones económicas de los hogares.

El endeudamiento recurrente, la falta de capacidad de ahorro, las dificultades para enfrentar emergencias y el estrés provocado por los compromisos financieros configuran un escenario que merece atención tanto desde las empresas como desde las instituciones vinculadas a la protección de los consumidores.

La educación financiera puede constituir una herramienta importante para mejorar la administración de los ingresos, comprender los costos del crédito y anticipar posibles dificultades. Sin embargo, su alcance tiene límites cuando el problema principal es la insuficiencia de recursos para cubrir necesidades básicas.

No basta con enseñar a distribuir mejor el presupuesto cuando los gastos esenciales absorben prácticamente toda la remuneración disponible.

Por esta razón, el bienestar financiero debe analizarse considerando una combinación de factores, entre ellos la estabilidad del empleo, el nivel de ingresos, el acceso al crédito responsable, los gastos familiares y las posibilidades reales de ahorro.

La investigación también invita a las empresas a observar el bienestar de sus trabajadores desde una perspectiva más integral. Facilitar información confiable, promover espacios de orientación independiente y evaluar beneficios que contribuyan a disminuir la incertidumbre pueden formar parte de una respuesta preventiva.

En el caso de Tarapacá y otras regiones del norte, donde conviven actividades económicas con distintas estructuras salariales y condiciones de empleo, el tema abre una discusión sobre cómo fortalecer la seguridad financiera de trabajadores y familias.

La realidad de quienes dependen de remuneraciones mensuales, ingresos variables o actividades comerciales sensibles al comportamiento del consumo exige observar las consecuencias del endeudamiento con especial atención.

Finalmente, el dato de los 51 minutos diarios resume una preocupación que no siempre aparece en los balances económicos ni en los indicadores empresariales.

Detrás de cada trabajador que piensa cómo pagar una deuda, enfrentar una emergencia o financiar los gastos de su familia existe una realidad que puede afectar su tranquilidad, sus decisiones y su desempeño laboral.

El estudio de Marsh deja una conclusión relevante: el bienestar financiero no es únicamente un asunto privado de administración del dinero, sino también una dimensión del bienestar laboral y de la estabilidad económica de los hogares.

Mientras cuatro de cada diez trabajadores sigan recurriendo al crédito para completar sus gastos mensuales, la discusión sobre salarios, endeudamiento, productividad y seguridad económica continuará ocupando un lugar central en el debate sobre las condiciones de trabajo en Chile.

Porque cuando el sueldo se termina antes que el mes, la preocupación económica no se queda en la casa: acompaña al trabajador durante toda su jornada.

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