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Satélites de la Universidad de Chile ya están en órbita

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PlantSat, SUCHAI-2 y SUCHAI-3, lanzados al espacio el 1 de abril, están desplegados y operativos e incluso han sido detectados por radioaficionados. Los investigadores del Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL) ahora se preparan para realizar los primeros experimentos.

Aproximadamente 15 vueltas alrededor de la Tierra dan cada día los tres satélites de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile. PlantSat, SUCHAI-2 y SUCHAI-3 fueron lanzados al espacio el 1 de abril en un cohete de SpaceX, como carga de la empresa intermediaria D-Orbit, que los dejó en la órbita seleccionada por el Programa Espacial durante la semana pasada, adelantando los planes de los investigadores del Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL).

Desde entonces, los investigadores han trabajado en lograr la mejor comunicación con los vehículos, a través de la estación terrestre de SPEL, instalada en el campus Beauchef de la U. de Chile. «Los satélites SUCHAI-2SUCHAI-3 y PlantSat fueron liberados del transportador ION de la empresa D-Orbit, que era el último eslabón que nos faltaba para ser independientes como vehículos espaciales. Hasta el minuto hemos tenido contacto con ellos, hemos podido comandarlos y estamos empezando todo el proceso de comisionado y de operación más completa», cuenta Marcos Díaz, coordinador del programa.

Estaba planificado que salieran a fines de abril, pero –una semana después del lanzamiento– la empresa D-Orbit les avisó que podía soltarlos antes, pues sus maniobras habían sido exitosas. PlantSat, que necesitaba salir lo antes posible, ya que lleva material biológico, fue puesto en órbita el sábado 9 de abril. SUCHAI-3, que evaluará sistemas de comunicación, fue liberado en la madrugada del miércoles 13, y su casi gemelo SUCHAI-2, que evaluará un sistema óptico de cuantificación de la contaminación lumínica desde el espacio, al día siguiente.

Los tres satélites están pensados para trabajar de forma coordinada para estudiar la dinámica del ambiente espacial y, con ello, evaluar el desempeño de los sistemas tanto naturales como artificiales que llevan.

«Logramos hacer contacto gracias a los radioaficionados. Ellos nos han ayudado muchísimo, sobre todo los que están fuera del país, por sus ubicaciones. Tuvimos confirmación a través de los radioaficionados de que el PlantSat estaba funcionando bien. Llevamos alrededor de cinco días con todos los satélites fuera y empezando a comentarlos desde nuestra estación en el campus Beauchef», señala el investigador.

Los primeros datos analizados hablan del estado de salud de las baterías de los satélites, lo que les indica cómo están. «Ya hemos tenido mejor confirmación de la órbita que están teniendo, especialmente del PlantSat y SUCHAI-3, que fueron los primeros en salir. En el caso del SUCHAI-2 están un poco más en la nebulosa sus parámetros orbitales, pero estamos a la espera de las confirmaciones de los valores más formales por parte de una agencia norteamericana que rastrea a los satélites en el espacio», explica.

Todo este trabajo deben realizarlo antes de comenzar con los experimentos. «Tenemos que confirmar que estamos con todos los sistemas funcionando bien, en particular, lo que tiene que ver con recibir bien los paquetes de datos y las confirmaciones desde los satélites a los comandos enviados desde tierra. Cuando el satélite recibe una orden para hacer algo, envía una confirmación. Algunas de esas órdenes son apagar experimentos, porque pueden consumir mucha energía y gastar las baterías, entonces tenemos que verificar que esa recepción está funcionando bien para poder confirmar que los experimentos se activan y desactivan apropiadamente y cuando nosotros queremos», agrega.

RADIOAFICIONADOS

Desde su puesta en órbita, los radioaficionados de Chile y en el extranjero han detectado la baliza de los satélites, lo que ha resultado clave en el trabajo de buscar y encontrar a los satélites. «Para confirmarles que somos nosotros, cambiamos las frecuencias de las balizas y ellos ven esos cambios de frecuencias. Hoy por hoy, ellos pueden decodificar las balizas, porque el equipo del laboratorio hizo un pequeño programa para que puedan identificar específicamente cuál es el satélite que están escuchando», señala Marcos Díaz.

En la red SatNOGS (https://satnogs.org/) los radioaficionados muestran sus intentos de contacto con satélites y pueden subir los datos decodificados que logran detectar cuando se encuentran con ellos.

«Todo lo que hemos hecho hasta este punto ha sido y seguirá siendo colaborativo, pues es un proceso complejo y en el que estamos aprendiendo», subraya Díaz. «Hemos estado colaborando con varios de los investigadores que llevan experimentos en estos satélites, también con los radioaficionados y con muchos estudiantes e investigadores que se están entrenando en el laboratorio y que, básicamente, hacen esto por pasión, ya que quieren ver los resultados y la operación de los satélites finalizada», sostiene.


INFORMACIÓN GENERAL
PLANTSAT
Es un nanosatélite cuyo objetivo es realizar experimentos biológicos en el espacio.
En su interior viaja una tillandsia o clavel del aire, planta que no necesita tierra para sobrevivir, pero que funciona como análoga a plantas que pueden ser relevantes en el espacio, tanto para alimento como para producir oxígeno. Su contenedor, especialmente fabricado para mantener a la planta viva y medir su condición, permitirá determinar si esta tolera el ambiente espacial, la microgravedad y la radiación. Con el mismo objetivo, lleva cuatro contenedores más pequeños con microorganismos extremófilos que viven en zonas extremas de Chile y que pueden tener aplicaciones en el espacio, como purificadores de agua, por ejemplo, la degradación de residuos y la lixiviación, para una potencial minería espacial.
Además de los contenedores con muestras biológicas, el satélite lleva dos magnetómetros para medir el campo magnético de la Tierra y un transistor de grafeno, material que por primera vez se lleva al espacio para evaluar su desempeño en ese ambiente hostil, lo que permitirá descubrir potenciales usos en aplicaciones espaciales.
SUCHAI-2El nanosatélite de 10x10x30 cm, tiene un peso aproximado de 3,5 kilos y su objetivo principal es el estudio de la física espacial.
Cuenta con sensores para el estudio del ambiente espacial, la ionósfera y la magnetósfera: dos magnetómetros -instrumentos para medir la intensidad del campo magnético-, además de una sonda Langmuir, cuyo objetivo principal es estudiar la ionósfera.
Está equipado con un GPS de dos frecuencias que permite medir el contenido de electrones y una cámara diseñada para evaluar la contaminación lumínica de noche, concentrándose en la luz blanca, que no ha sido evaluada desde el espacio.
SUCHAI-3Casi un gemelo de Suchai 2, se distingue del primero porque lleva consigo otros dos femtosatélites, pequeños satélites -del tamaño de un celular- que serán desplegados una vez en el espacio y que también llevan magnetómetros, lo que aumentará a 5 puntos la medición del campo magnético de la Tierra. Cada femtosatélite lleva arreglos de antenas parche (patch, antenas planas), que permitirán localizarlos, utilizando su comunicación con los satélites más grandes, Suchai 2 y Suchai 3.


Suchai 3 lleva un sistema de IOT (internet de las cosas), cuyo desempeño será evaluado en el espacio. Sus antenas laterales ayudarán a evaluar con sistemas de radio la localización de los femtosatélites y desde dónde viene la radiación para poder ubicarlos en el espacio.

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