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domingo, julio 12, 2026

Nacional

Parisi rechaza sumarse al Gobierno y profundiza crisis del oficialismo

Autor

por diariolongino

Publicado

julio 12, 2026

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  • El líder del PDG acusó falta de cohesión en la alianza gobernante, mientras libertarios cuestionaron la estrategia para conseguir votos y en Chile Vamos aumentaron las diferencias sobre el futuro de la coalición.

La tensión dentro del oficialismo volvió a quedar en evidencia luego de que el presidente del Partido de la Gente, Franco Parisi, rechazara la propuesta surgida desde el Partido Republicano para incorporar a su colectividad a la coalición que respalda al Gobierno del Presidente José Antonio Kast.

La idea buscaba ampliar la base política del Ejecutivo y sumar un nuevo actor a un bloque que durante las últimas semanas ha enfrentado constantes diferencias entre Republicanos, Chile Vamos y otros sectores de la derecha. Sin embargo, el PDG volvió a cerrar la puerta a una eventual incorporación y reafirmó su intención de mantener un camino independiente.

Parisi argumentó que el oficialismo no reúne actualmente las condiciones de cohesión necesarias para construir un conglomerado político estable. A su juicio, las disputas públicas y los cuestionamientos cruzados entre las colectividades que respaldan al Gobierno reflejan una alianza fragmentada, sin una identidad común suficientemente clara.

El dirigente sostuvo que el Partido de la Gente continuará desarrollando un proyecto propio, ubicado en el centro político y distante de los extremos. La colectividad, afirmó, pretende construir una alternativa diferenciada tanto de la izquierda como de los partidos tradicionales de derecha.

El rechazo representa un nuevo revés para los intentos de ampliar la coalición gubernamental y fortalecer el respaldo parlamentario de La Moneda. La propuesta había surgido en momentos en que el Ejecutivo necesita consolidar mayorías para impulsar su agenda legislativa y asegurar la tramitación de sus principales reformas.

Parisi también adelantó que el escenario más probable es que el PDG compita de forma independiente en sus próximas definiciones electorales, aunque aclaró que la decisión definitiva deberá ser adoptada por el Consejo General de la colectividad.

La postura confirma que el partido busca mantener autonomía y evitar quedar asociado a las controversias que actualmente afectan al oficialismo. Para el PDG, integrarse a un bloque dividido podría significar asumir costos políticos sin contar con garantías suficientes de participación en la conducción gubernamental.

Las críticas a la propuesta también llegaron desde el Partido Nacional Libertario. La diputada Paulina Muñoz cuestionó la estrategia del Ejecutivo y calificó el intento de incorporar al PDG como una señal de improvisación política.

Según la parlamentaria, la búsqueda de nuevos aliados pareciera responder principalmente a la necesidad de conseguir votos en el Congreso, antes que a la construcción de una coalición sustentada en principios, acuerdos programáticos y coincidencias políticas de largo plazo.

La colectividad libertaria ya había rechazado anteriormente una invitación para integrarse al Gobierno. Por ello, sus representantes cuestionaron que ahora el Partido Republicano impulse la incorporación de otra fuerza política sin que previamente se hayan resuelto las tensiones existentes dentro del propio oficialismo.

Muñoz apuntó además a la falta de alineamiento de algunos sectores de Renovación Nacional con el Ejecutivo. A su juicio, antes de ampliar la coalición, La Moneda debería ordenar a los partidos que actualmente forman parte de su base de apoyo.

Desde el Partido Republicano reconocen que existen diferencias al interior del oficialismo, especialmente después de los enfrentamientos verbales registrados entre representantes de Chile Vamos y dirigentes de otras colectividades de derecha.

No obstante, el diputado republicano José Carlos Meza intentó reducir la importancia pública de esas disputas, afirmando que se trata de una discusión alejada de las principales preocupaciones ciudadanas.

El parlamentario sostuvo que las personas esperan respuestas concretas en seguridad, empleo, crecimiento económico y calidad de los servicios públicos, y no enfrentamientos permanentes entre partidos que forman parte del mismo sector.

La crisis política también se ha trasladado al interior de Chile Vamos. Aunque dirigentes del bloque valoraron el proceso de reorganización impulsado por el Presidente Kast, que contempla reuniones periódicas entre las directivas partidarias y autoridades del Ejecutivo, desde la UDI han surgido voces que cuestionan abiertamente la continuidad de la coalición.

La diputada Constanza Hube afirmó que Chile Vamos dejó de existir políticamente y calificó su término como una “muerte natural”. La parlamentaria planteó que la alianza fue creada para responder a un escenario político anterior y que la llegada de Kast a La Moneda obliga a reorganizar completamente las relaciones entre las distintas fuerzas de derecha.

Hube sostuvo que la UDI necesita recuperar una identidad propia y dejar de asumir costos por mantenerse vinculada a una coalición que, según su diagnóstico, ya no opera como un bloque cohesionado.

Sus declaraciones reflejan una discusión interna más profunda sobre el futuro del gremialismo y su relación con un Gobierno encabezado por un partido distinto, que pasó a ocupar el liderazgo electoral y político de la derecha.

La pérdida de protagonismo de Chile Vamos abrió interrogantes respecto del papel que deberán cumplir la UDI, Renovación Nacional y Evópoli durante la administración de Kast. Mientras algunos dirigentes defienden la necesidad de formar una nueva alianza amplia, otros buscan preservar las estructuras y marcas políticas existentes.

Desde Renovación Nacional marcaron distancia de los cuestionamientos surgidos desde la UDI y defendieron la continuidad de Chile Vamos como espacio de coordinación y entendimiento.

En la colectividad sostienen que la coalición sigue siendo necesaria para entregar estabilidad y sostenibilidad política al Ejecutivo. También destacan la experiencia de sus dirigentes, su presencia territorial y el papel que cumplieron durante administraciones anteriores.

La discusión revela dos diagnósticos opuestos. Para una parte de la UDI, Chile Vamos cumplió su ciclo y debe ser reemplazado por una nueva alianza adaptada al liderazgo republicano. Para sectores de RN, en cambio, disolver la coalición debilitaría al Gobierno y fragmentaría aún más a la derecha.

El problema para La Moneda es que estas diferencias ocurren mientras el Ejecutivo necesita mayor coordinación política y respaldo legislativo. El Gobierno enfrenta un Congreso donde la aprobación de sus proyectos requiere negociar no solo con los partidos oficialistas, sino también con sectores de centro y oposición.

En ese contexto, la posibilidad de sumar al Partido de la Gente aparecía como una alternativa para ampliar la base parlamentaria del Gobierno. El rechazo de Parisi, sin embargo, demuestra que los conflictos internos del oficialismo están dificultando su capacidad para atraer nuevos aliados.

La postura del PDG también contiene una crítica política directa: antes de invitar a nuevas fuerzas, el Gobierno debería resolver sus propias diferencias y aclarar cuál será la estructura definitiva de la coalición que lo respalda.

El Ejecutivo ha intentado enfrentar la crisis mediante una reorganización de la coordinación oficialista, incluyendo reuniones semanales entre presidentes de partidos, jefaturas parlamentarias y representantes gubernamentales. El objetivo es reducir los desencuentros públicos y ordenar la discusión legislativa.

Sin embargo, las declaraciones de dirigentes de la UDI, Republicanos y libertarios muestran que las diferencias no son exclusivamente comunicacionales. Existen desacuerdos sobre la identidad del bloque, el liderazgo político, la distribución de responsabilidades y la relación que cada partido debe mantener con el Gobierno.

También existe una disputa por el electorado de derecha. Republicanos busca consolidar su condición de principal fuerza oficialista, Chile Vamos intenta evitar una pérdida definitiva de influencia, los libertarios procuran diferenciarse del Ejecutivo y el PDG pretende ocupar un espacio propio en el centro.

Esta competencia podría intensificarse ante futuras elecciones, especialmente si los partidos optan por presentar listas separadas o levantar candidaturas propias.

Para el Gobierno, el riesgo es que la fragmentación termine afectando su capacidad para aprobar reformas y responder a las demandas ciudadanas. Un oficialismo dividido puede negociar desde una posición debilitada y entregar a la oposición mayores espacios para condicionar la agenda.

La disputa también amenaza con instalar la percepción de que las colectividades están más concentradas en sus cálculos electorales que en la gestión gubernamental.

El llamado republicano a incorporar al Partido de la Gente buscaba transmitir una señal de apertura, pero terminó exponiendo nuevamente las dificultades para construir una alianza política coherente.

Parisi dejó claro que el PDG no está dispuesto a integrarse mientras el oficialismo continúe enfrentando conflictos internos. Los libertarios interpretaron la iniciativa como improvisación, la UDI reabrió el debate sobre el fin de Chile Vamos y RN insistió en defender la coalición.

De esta manera, el intento de ampliar la base del Gobierno terminó profundizando las diferencias que pretendía resolver.

La Moneda deberá decidir ahora si mantiene su estrategia de sumar nuevas fuerzas o si concentra sus esfuerzos en ordenar primero a los partidos que ya forman parte del oficialismo.

Más allá de las reuniones y los llamados a la unidad, el desafío será construir una conducción política capaz de transformar una suma de partidos con intereses distintos en una coalición que entregue estabilidad al Gobierno.

Mientras aquello no ocurra, cada invitación rechazada, cada crítica pública y cada cuestionamiento a la continuidad de Chile Vamos seguirá confirmando que la principal dificultad del oficialismo no está únicamente en el Congreso o en la oposición, sino también dentro de sus propias filas.

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