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domingo, noviembre 8, 2026

Ciencia y Tecnología

Astrónomos desde Chile confirman existencia de un “planeta bebé” que sería el más joven conocido

Autor

por diariolongino

Publicado

noviembre 7, 2026

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El exoplaneta Elias 2-24 b, ubicado a unos 450 años luz de la Tierra, tendría apenas un millón de años o menos y continúa creciendo entre gas y polvo. El descubrimiento, liderado por investigadores vinculados a universidades chilenas, permitirá comprender mejor cómo se formaron los planetas de nuestro Sistema Solar.

Un extraordinario descubrimiento astronómico, que podría contribuir a comprender los orígenes de nuestro Sistema Solar, fue confirmado por un equipo internacional de científicos liderado por investigadores de universidades chilenas, quienes lograron identificar un gigantesco planeta en plena formación, considerado uno de los más jóvenes conocidos hasta ahora.

Se trata de Elias 2-24 b, un exoplaneta ubicado aproximadamente a 450 años luz de la Tierra, cuya edad se estima en un millón de años o incluso menos, una cifra extraordinariamente pequeña si se compara con los miles de millones de años que pueden alcanzar los sistemas planetarios.

El hallazgo fue liderado por Andrea Bernardi, estudiante de doctorado de la Universidad Diego Portales e integrante del Núcleo Milenio YEMS, con la participación del astrónomo Sebastián Pérez Márquez, académico de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), junto a investigadores de Estados Unidos, Bélgica, Francia e Italia.

La investigación fue publicada en la prestigiosa revista científica The Astrophysical Journal Letters, convirtiéndose en un importante aporte al conocimiento sobre el nacimiento y evolución de los planetas.

Un gigante gaseoso en pleno crecimiento

Aunque los científicos lo denominan “planeta bebé”, esto no significa que sea pequeño. Por el contrario, Elias 2-24 b corresponde a un gigante gaseoso cuya masa podría ser comparable o superior a la de Júpiter.

Su principal particularidad es que todavía permanece rodeado por el disco de gas y polvo de su estrella, desde donde continúa acumulando material para completar su formación.

Astrónomo Sebastián Pérez Márquez

“Cuando estudiamos un planeta como este, podemos observar procesos que en nuestro Sistema Solar terminaron hace miles de millones de años. Conocemos muy pocos planetas todavía en formación, por lo que cada hallazgo es una oportunidad excepcional para poner a prueba nuestras teorías sobre cómo nacen los mundos”, explicó Sebastián Pérez.

Uno de los aspectos que más sorprende a los investigadores es la rapidez con que este cuerpo celeste habría alcanzado dimensiones gigantescas, considerando la corta edad del sistema.

Observatorios chilenos fueron fundamentales

La investigación tuvo como protagonistas a importantes instalaciones astronómicas ubicadas en el norte de Chile.

Inicialmente, el radiotelescopio ALMA, emplazado en el llano de Chajnantor, cerca de San Pedro de Atacama, detectó una brecha en el disco de polvo que rodea a la estrella, lo que sugería la presencia de un planeta en formación.

Posteriormente, el Very Large Telescope (VLT), instalado en cerro Paranal, Región de Antofagasta, identificó una débil fuente luminosa dentro de esa abertura.

La confirmación definitiva se consiguió mediante observaciones del telescopio Keck, ubicado en Hawái, realizadas durante 2018 y 2020, que permitieron complementar los antecedentes obtenidos desde territorio chileno.

Andrea Bernardi destacó que el descubrimiento abre nuevas interrogantes sobre la velocidad con que pueden formarse los planetas gigantes.

El exoplaneta se encuentra a una distancia de su estrella equivalente a unas 55 veces la separación entre la Tierra y el Sol, circunstancia que hace todavía más interesante su proceso de crecimiento.

Los investigadores plantean que Elias 2-24 b pudo originarse a partir de un núcleo sólido que posteriormente capturó grandes cantidades de gas, aunque todavía existen interrogantes sobre su masa definitiva.

Este descubrimiento reafirma la importancia de los observatorios instalados en el norte de Chile para la investigación astronómica mundial y abre una nueva ventana científica para comprender cómo nacieron los mundos que hoy forman parte del universo.

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