Alto Hospicio
Alto Hospicio sigue esperando una solución definitiva a sus vertederos
Autor
por diariolonginoPublicado
octubre 23, 2026Tiempo de lectura

El retraso del relleno sanitario mancomunado, los basurales textiles y el cierre de El Boro mantienen abierta una deuda ambiental. Un fallo judicial ordenó al Estado reparar el daño, mientras vecinos y autoridades esperan obras, financiamiento y plazos concretos.
Alto Hospicio enfrenta desde hace años un problema ambiental que no ha logrado resolver de manera integral: la acumulación de residuos domiciliarios, escombros, neumáticos y ropa usada en sectores urbanos y del desierto. Pese a los anuncios y gestiones institucionales, los vertederos clandestinos continúan afectando extensas áreas, mientras la infraestructura proyectada para mejorar el tratamiento y disposición de basura sigue pendiente.
La situación no se limita a un problema de limpieza. Involucra riesgos sanitarios, costos para el municipio, deterioro del paisaje y una pregunta de fondo: cómo una comuna que continúa creciendo no cuenta todavía con todas las soluciones que requiere para gestionar sus residuos de manera sostenible.
Más de doce años de espera por el relleno mancomunado
Uno de los proyectos más relevantes es el Centro de Tratamiento Integral de Residuos, concebido como una alternativa estructural para el área metropolitana de Iquique y Alto Hospicio. Un estudio de Corporación Ciudades advirtió que la iniciativa acumulaba más de doce años de desarrollo sin materializarse, pese a la necesidad de contar con infraestructura de tratamiento y disposición final de largo plazo.
Durante 2026, el retraso volvió a discutirse en el Consejo Regional de Tarapacá, donde se solicitaron mayores antecedentes sobre los obstáculos administrativos, técnicos y financieros. Para la comunidad, lo esencial sigue siendo conocer qué etapas faltan, cuánto costará terminarlas y cuál es el calendario real para construir y poner en operación el proyecto.
El relleno sanitario Santa Inés forma parte de la infraestructura autorizada de disposición final de residuos en la zona. Sin embargo, su existencia no elimina los botaderos ilegales ni reemplaza la necesidad de avanzar en un sistema más completo de gestión, separación y valorización de desechos.

El Boro y el cierre sanitario todavía necesario
La historia del relleno El Boro agrega otra dimensión a la controversia. Después de años de operaciones y cuestionamientos, la Corte Suprema ordenó cesar la disposición de residuos y adoptar medidas para el cierre definitivo. En junio de 2025 se ingresaron antecedentes ambientales de un plan de cierre, con una inversión estimada superior a US$1,28 millones y una superficie de intervención de más de 383 mil metros cuadrados.
Cerrar adecuadamente un antiguo sitio de disposición no equivale solamente a impedir que entren camiones. Supone estabilizar áreas intervenidas, controlar riesgos ambientales y establecer seguimiento técnico. Estas obligaciones deben diferenciarse de la construcción del nuevo centro mancomunado y de la limpieza de basurales clandestinos, tres problemas relacionados pero con soluciones y responsables distintos.
Vertederos textiles: una sentencia que exige reparación
El 5 de septiembre de 2025, el Primer Tribunal Ambiental responsabilizó al Fisco por daño ambiental significativo en cuatro sectores de Alto Hospicio: Pampa Norte, Pampa Sur, Mollecita Norte y Mollecita Sur. La sentencia ordenó presentar un plan de reparación por la acumulación de residuos, especialmente textiles, que ha deteriorado el suelo y el paisaje.
El fallo rechazó la demanda contra la Municipalidad de Alto Hospicio al reconocer acciones municipales de gestión y retiro de residuos, pero estableció responsabilidad estatal. Durante 2026 surgieron cuestionamientos por el cumplimiento de los plazos para presentar el plan exigido. El punto crítico es que una resolución judicial no limpia por sí sola el desierto: necesita estudios, presupuestos, responsables y ejecución verificable.
Un diagnóstico de Corporación Ciudades identificó alrededor de 605 hectáreas de basurales ilegales en el área metropolitana de Iquique y Alto Hospicio. La escala del problema obliga a trabajar no solo en el retiro de la basura acumulada, sino en impedir que sigan llegando nuevos cargamentos a sectores no autorizados.
Barrios afectados y costos para el municipio
Los microbasurales también perjudican a los barrios. En febrero de 2026, la municipalidad informó que entre el 10% y el 13% de los residuos retirados diariamente provenía de tomas y botaderos clandestinos, fuera de la recolección domiciliaria regular. Entre los sectores señalados figuraban El Boro, Santa Rosa y el entorno de Gladys Marín con Unión Europea.
Cada operativo de retiro requiere maquinaria, combustible y personal. Cuando un espacio vuelve a utilizarse como depósito irregular, el municipio debe destinar otra vez recursos que podrían emplearse en mejoras comunitarias. Los desperdicios, además, deterioran la convivencia, pueden favorecer plagas y aumentan los riesgos asociados a incendios, especialmente si existen neumáticos, plásticos y telas.
El alcalde Patricio Ferreira planteó durante 2026 la necesidad de acelerar proyectos de limpieza, entre ellos intervenciones en la Ruta A-616, y reforzar mecanismos de vigilancia para identificar a quienes descargan escombros en lugares no habilitados. Estas medidas requieren coordinación con organismos ambientales, fiscalizadores y autoridades regionales.

La solución exige obras, controles y responsabilidades
La comercialización de ropa usada y otros materiales en Tarapacá debe distinguirse de su abandono ilegal. Sin embargo, la presencia masiva de textiles descartados evidencia la necesidad de mejorar la trazabilidad de los residuos y exigir a los actores correspondientes una eliminación o valorización adecuada. El reciclaje y la reutilización pueden contribuir, pero no sustituyen la infraestructura sanitaria ni las fiscalizaciones.
Alto Hospicio necesita una agenda pública con plazos verificables: definir el futuro del centro mancomunado, ejecutar el cierre de El Boro, cumplir la reparación ordenada por el Tribunal Ambiental y mantener controles sostenidos contra los botaderos clandestinos. También resulta imprescindible informar qué organismo financia cada intervención y cómo se evaluarán sus resultados.
La comuna no puede continuar dependiendo exclusivamente de limpiezas periódicas ni de anuncios reiterados. Después de años de demora, la deuda ambiental demanda decisiones que se traduzcan en obras, recuperación del territorio y condiciones de vida más seguras para sus habitantes. La pregunta ya no es si existe un problema: es cuándo habrá una respuesta definitiva.
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