Tamarugal
UN TAMARUGAL INTELIGENTE: LICEO DE PICA Y EL DESAFÍO DE PASAR A LA AGRICULTURA 4.0
Autor
por diariolonginoPublicado
octubre 28, 2026Tiempo de lectura

«Se ha tratado al desierto como una chequera extractiva. Tengo la certeza de que cambiar esta realidad no solo es posible, sino urgente».
El Tamarugal se encuentra en una encrucijada histórica. Mientras las ciudades costeras crecen al ritmo acelerado de la gran minería y el puerto, los oasis, quebradas, y altiplano sufren el impacto silencioso de un modelo extractivista que ha despoblado el campo llevando a la ruralidad al éxodo.
Sin embargo, en medio de la aridez, una voz se alza con la fuerza de la experiencia y convicción: Patricio Vargas Briones, concejal y presidente de la Comisión de Agricultura de Pica, quien señala que, la salvación del sector rural no reside en añorar el pasado con nostalgia, sino en encarar el futuro con audacia y transformar el único bastión educativo agrícola de la provincia en un auténtico motor tecnológico del Cono Sur.
En esta entrevista, el líder comunal desmenuza la urgencia de dar el salto hacia la Agricultura 4.0, romper con la inercia del extractivismo y blindar el futuro de las nuevas generaciones.
— Don Patricio, en el Tamarugal se percibe un contraste doloroso entre la grandeza histórica de Pica y el estancamiento que enfrentan hoy nuestros productores. ¿Cuál es su diagnóstico del campo en Tarapacá?
Pica no puede seguir viviendo de la gloria de su pasado virreinal si no digitaliza su presente. Estamos pagando el costo de tratar el territorio como una simple fuente de extracción. Pica fue el gran Centro Agrícola del Virreinato, gracias a una alianza sabia entre agua subterránea, geografía y trabajo humano. Pero hoy esa matriz está atomizada y herida. En los oasis, quebradas precordilleranas, la subdivisión predial impide generar una oferta agrícola sostenible y con escala. La agricultura tradicional masiva resulta inviable; se sobrevive con un esfuerzo titánico, batallando contra la escasez e ineficiencia hídrica.

En la Pampa del Tamarugal y el Altiplano, hay mayor extensión de tierras, pero falta una visión de Estado que articule, profesionalice el sector, y asegure la unidad efectiva de los agricultores, un desafío históricamente complejo. El problema de fondo no es la tierra: es el abandono del sector. El Gobierno Regional, en su estrategia de desarrollo, prioriza la minería y la logística, tratando a la agricultura como un simple problema «social» asistencialista y no como un eje económico estratégico.
El 93,3% de la superficie de Tarapacá es rural, y dentro de ésta, 3.407,58 hás, es superficie de cultivo, concentrándose en Pica el 38,5% (1.311,61 hás), situadas estratégicamente en sus oasis y su altiplano, constituyendo nuestra verdadera frontera agrícola con Bolivia.
— Las cifras censales revelan una fuga constante de habitantes. ¿Cómo frenamos este éxodo juvenil que despoja de vida al Tamarugal?
La migración campo-ciudad se detiene modernizando la educación y cambiando su sistema de medición y evaluación, hoy obsoletos. La agricultura no puede seguir entendiéndose como un castigo de desgaste físico extremo bajo el sol o como una actividad subsistencia; debe ser sinónimo de ciencia, innovación, rentabilidad y orgullo.
Aquí radica una responsabilidad gigantesca que la clase política sigue esquivando: el Liceo Bicentenario de Pica es el único establecimiento con especialidad técnico-agrícola en todo el Tamarugal. Si este bastión educativo cae y no se inserta decididamente en la nueva Sociedad 5.0, el relevo generacional de nuestras comunas simplemente se extingue. La caída demográfica es alarmante: según el Censo de 1960, la población rural de Tarapacá alcanzaba el 27,3%; para el Censo de 2024, esa cifra se desplomó a solo un 7,6% del total regional (369.806 habitantes). Nos estamos quedando sin agricultores en Tarapacá.
— Usted plantea transitar del modelo extractivista a una economía regenerativa. ¿Cómo se traduce ese concepto al trabajo diario de un agricultor local?
Debemos pasar del Extractivismo histórico a la regeneración, esto es un imperativo. El extractivismo opera bajo la lógica destructiva de «extraer, agotar y abandonar». Significa agotar las napas subterráneas, erosionar los suelos y dejar pasivos ambientales. En el desierto, eso es un suicidio anunciado. La economía regenerativa, en cambio, es sistémica y circular: restaura cuencas, devuelve la vida biológica al suelo y utiliza cada gota con precisión milimétrica.
Para lograrlo, el cambio de mentalidad en los agricultores es urgente y la herramienta es la Agricultura 4.0. No podemos pretender competir en pleno siglo XXI utilizando los mismos métodos y herramientas de hace un siglo.
— ¿Qué involucra, en la práctica, la Agricultura 4.0 aplicada al campo?
Hablo de democratizar e integrar la Inteligencia Artificial y la tecnología de vanguardia al surco. Sensores IoT para medir la humedad en tiempo real y regar con absoluta exactitud; drones multiespectrales que analicen el índice NDVI para detectar plagas o estrés hídrico semanas antes de que el ojo humano las perciba; y uso de teledetección y maquinaria tecnificada. Los jóvenes que egresan del Liceo de Pica no pueden salir al mercado laboral formateados para ser «peones agrícolas»; deben ser formados como operadores tecnológicos, analistas de datos y gestores de agronegocios.

— Su diagnóstico es categórico, su implementación requiere recursos y voluntad política. ¿Cuál es su mensaje para los ministros, parlamentarios, delegados, seremis, cores y alcaldes?
Que dejen de gobernar y pensar desde la comodidad del siglo pasado. Esas actitudes están asfixiando la ruralidad. Mi llamado es un ultimátum ético: asuman su responsabilidad, repiensen y modernicen la educación, o serán cómplices directos de la extinción de nuestra cultura e identidad rural.
No pedimos asistencialismo; exigimos soberanía alimentaria y justicia territorial. Necesitamos con urgencia un plan de choque interministerial, donde converjan el Gobierno Regional, las Delegaciones Presidenciales, los municipios y la entidad privada que co-administra el liceo. Debemos equipar al establecimiento con laboratorios de alta tecnología, conectividad satelital de alta velocidad, mallas curriculares actualizadas y alianzas estratégicas con el INIA e instituciones internacionales líderes en agricultura de zonas áridas. Solo así garantizaremos la sostenibilidad económica del Tamarugal.
— Finalmente, don Patricio, ¿existe esperanza para el futuro agrícola del Tamarugal?
Absolutamente. El Tamarugal es la cabeza y el corazón del Desierto de Atacama. Este no es un espacio inerte; es un laboratorio natural vivo y de valor incalculable. Si actuamos con responsabilidad histórica, visión y tecnología global, nuestros jóvenes ya no tendrán que emigrar. Se quedarán en sus comunas, transformándose en vergeles inteligentes y sintiéndose orgullosos de ser los arquitectos del nuevo desarrollo del norte. El futuro existe, pero exige decisiones políticas valientes ahora ya.
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