San Martin # 428, Of.02 - Iquique, Chile

contacto@diariolongino.cl

Ingresar
Contacto
sábado, mayo 9, 2026

Nacional

Mujeres con presencia en la OPE, pero lejos del círculo decisorio: el flanco de género que asoma antes del gabinete de Kast

Autor

por diariolongino

Publicado

enero 10, 2026

Tiempo de lectura

Aunque varias profesionales sostienen el trabajo cotidiano del equipo del presidente electo, en el entorno se reconoce que las definiciones estratégicas se conversan, sobre todo, con un triángulo masculino. La falta de nombres femeninos disponibles para ministerios vuelve a tensionar un tema históricamente sensible para el republicano.

En la Oficina del Presidente Electo (OPE) la presencia femenina no es decorativa ni marginal. Vocerías, coordinación técnica, elaboración programática y áreas sectoriales clave cuentan con mujeres que, puertas adentro, se mueven con soltura y han ganado protagonismo en semanas decisivas. Sin embargo, en el corazón de las decisiones políticas de mayor calado —las que ordenan prioridades, fijan líneas rojas y estructuran la arquitectura del próximo gobierno— el mapa, admiten en el entorno de José Antonio
Kast, sigue teniendo un sesgo marcado hacia los hombres.

En la práctica, el funcionamiento diario descansa en una constelación de figuras femeninas reconocibles: la vocera Mara Sedini, la socióloga María Jesús Wulf —vinculada a contenidos de educación y niñez—, la abogada Beatriz Hevia dentro del ámbito de seguridad, y Carmen Soza, directora ejecutiva de Ideas Republicanas y una de las mentes detrás del diseño programático. A ese grupo se suman otras dirigentes
que han asumido tareas de confianza, como la concejala Catalina Ugarte, instalada como jefa de gabinete del presidente electo, y la diputada electa Macarena Santelices, mencionada en espacios internos como parte de la generación de recambio.

Aun así, quienes conocen la cocina del equipo describen un patrón estable: los temas más sensibles, los que definen el tono político de la administración, se revisan principalmente con Cristián Valenzuela, Alejandro Irarrázaval y Arturo Squella. Esa constatación no implica ausencia de mujeres en la sala, pero sí delimita dónde se corta el queque cuando llega el momento de resolver. El ejemplo más nítido, dicen cercanos, es el caso de Carolina Araya, exjefa de gabinete de Kast, quien sí tuvo un rol gravitante en la toma de decisiones y hoy está fuera de la primera línea por su prenatal.

La asimetría también se proyecta a la disputa mayor: el gabinete. Hasta ahora, el peso femenino dentro del equipo no se traduce en una vitrina nítida de futuras ministras. Sedini y Wulf aparecen como excepciones con opciones concretas —Segegob y Desarrollo Social, respectivamente—, pero el resto de los nombres visibles circula con asteriscos. En el oficialismo entrante, las razones son conocidas y se repiten en conversaciones reservadas: Hevia cursa un embarazo; Soza, por su condición de ideóloga del programa, es vista como pieza más funcional para un rol asesor de seguimiento —un “Segundo Piso” con incidencia— que para una cartera expuesta al desgaste cotidiano y al fuego cruzado del Congreso.

En el radar de nominaciones preliminares que han circulado en las últimas semanas, además, la lista femenina sería corta. Junto a Wulf y Sedini, se menciona a la doctora May Chomali (independiente) con ventaja para Salud y a María Paz Arzola (también independiente) como alternativa fuerte en Educación. En algún momento, en el sector se tanteó que la secretaria general del Partido Republicano, Ruth Hurtado, pudiera encabezar el Ministerio de la Mujer, pero esa hipótesis —según fuentes del propio mundo oficialista entrante— se habría ido diluyendo. La misma cartera, incluso, podría terminar en manos de una figura de la UDI, en una señal de equilibrio político hacia la coalición que acompañará el aterrizaje en La Moneda.

El contraste se vuelve más evidente en los ministerios considerados neurálgicos: Interior y Segpres, dos piezas que articulan seguridad, gobernabilidad y negociación legislativa. Ahí predominan nombres masculinos, con Claudio Alvarado (UDI) como carta segura para Interior y José García (RN) para la Secretaría General de la Presidencia. El reparto, todavía en construcción, alimenta una percepción difícil de esquivar: en la primera línea del Ejecutivo, el espacio para mujeres republicanas sería reducido.

La pregunta, entonces, no es si hay mujeres en el equipo —las hay y con tareas relevantes—, sino por qué no aparecen más nombres competitivos para la estructura ministerial. En el entorno del presidente electo apuntan a una combinación de factores: disponibilidad, decisión personal y costo de exposición. Algunas figuras consultadas habrían transmitido, cuando se les sondeó, que priorizan la vida familiar por sobre un
rol de alta intensidad. No es una explicación menor en un gobierno que se iniciará con expectativas altas, escrutinio permanente y un clima político que suele castigar sin matices los tropiezos en gestión.

Lo que sí está descartado es un criterio de paridad. No solo porque se trata de una idea que Kast y su círculo no comparten, sino porque el mandatario entrante insiste en un principio rector: idoneidad por sobre cuotas. El mensaje ha sido repetido como línea argumental y, según asistentes a un encuentro reciente, también fue verbalizado con crudeza en clave interna. En Icare, al ordenar expectativas dentro del Partido Republicano, el presidente electo fue tajante ante quienes aspiraban a cargos por pertenencia: “No, te tocará en la medida en que seas el mejor”. La frase buscó encuadrar al partido y reforzar que la decisión final se concentra en su figura, sin compromisos automáticos.

Ese enfoque, sin embargo, convive con un riesgo político evidente: el tema de género ya fue un flanco para Kast en el pasado, especialmente durante la campaña presidencial de 2021, cuando propuso eliminar el Ministerio de la Mujer. Hoy, a semanas del anuncio del gabinete, el debate reaparece desde otro ángulo: no por un proyecto explícito, sino por la composición del equipo que administrará el poder.

Desde el Partido Republicano niegan que exista un problema y responden con dos argumentos. Primero, aseguran contar con figuras a disposición, incluso fuera de la militancia, para reforzar áreas sociales y técnicas. Segundo, subrayan que han impulsado formación de liderazgos femeninos como política orgánica de largo plazo. Mencionan, por ejemplo, un encuentro realizado pocos días después de la segunda vuelta, orientado a capacitar mujeres del propio partido y también de la UDI y RN para el “servicio público”. En esa tarea, dicen, han jugado roles dirigentes como la futura primera dama, María Pía Adriasola, la propia Ruth Hurtado y otras figuras territoriales.

En paralelo, el equipo de Kast mira hacia centros de estudio vinculados al sector para robustecer el diseño del gabinete. Libertad y Desarrollo aparece como uno de los espacios donde se han detectado perfiles con trayectoria técnica y experiencia en políticas públicas. En conversaciones preliminares ha surgido el nombre de Bettina Horst, sin definición formal, y también se ha observado movimiento: hace pocos días,
en dependencias de la oficina del presidente electo, se vio a Pilar Hazbún, coordinadora del programa legislativo de LyD.

Con ese telón de fondo, el cuadro que se instala es doble. Por un lado, un equipo femenino activo, visible y con responsabilidades concretas en la OPE. Por otro, un núcleo decisorio y una proyección ministerial donde el predominio masculino sigue marcando pauta. En un país donde la agenda de igualdad suele convertirse en termómetro político —y donde los símbolos pesan tanto como las capacidades—, la
composición final del gabinete no solo ordenará la administración: también definirá el primer gran relato de la era Kast. Y, en esa historia, el número de mujeres en primera línea será leído como señal, no como detalle.

    Etiquetas :

    Noticias relacionadas

    Deja el primer comentario

    Iniciar sesión