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martes, octubre 27, 2026

Opinión

Lo que se puede y no hacer a nombre del Estado

Autor

por diariolongino

Publicado

octubre 26, 2026

Tiempo de lectura

Por Nelson C. Mondaca Ijalba

Correo: nmonijalba@gmail.com

La semana que terminó el domingo 25 de octubre fue súper entretenida, noticiosa y compleja. Una semana difícil de olvidar y que marcará la marcha del país. Se aproxima el verano, pero el fenómeno climático continúa como si estuviéramos en el mejor de los inviernos.

Antes de entrar en alguna materia en particular, aprovecho un tanto la fuerza del viento que por estos días nos zamarrea por momentos para tener presente que, en este mundo, por el cual estamos de paso, somos seres humanos. Es decir, nadie está exento de cometer errores. ¿Estamos?

El problema nace cuando no aceptamos que nos equivocamos. Las personas, por su propia personalidad, grado de jerarquía social y cultura, no pueden aceptar que cometieron un error. Existe un desacuerdo entre la voluntad real de lo obrado y la realidad declarada de los hechos. En cuestiones judiciales, donde hay dos abogados, encontramos cuatro opiniones distintas. Sin embargo, lo que enaltece al profesional, desde mi punto de vista, es la “humildad”, que no le resta mérito a sus grandes conocimientos legales y doctorados, si los tuvieran.

En el servicio público, mientras más alto es el cargo administrativo, mayor es la exposición a la prensa, al personal de su institución y a la gente que, con su sentido común, evalúa diariamente su conducta y comportamiento. En el Estado, a menudo, vemos que se levantan críticas como una tempestad en contra de nuestras autoridades. En política se pasa la cuenta.

Recordemos cuando el expresidente Gabriel Boric trató de comprar la casa donde moraba el presidente mártir, Salvador Allende, para convertirla en un museo. El caso terminó con la destitución de la senadora PS Isabel Allende y la salida de las ministras Marcela Sandoval, de Bienes Nacionales, y Maya Fernández, de Defensa Nacional.

Ahora estamos ante el ministro de Justicia del presidente José A. Kast, quien entregó beneficios a 56 reos condenados por “abuso sexual y pedofilia”, bajo la figura legal del “indulto presidencial”. Esta manipulación jurídica se conoció por la prensa. Las víctimas y la opinión pública quedaron en estado de shock. Increíble, pero cierto. Se encendieron las alarmas y ardió el Congreso. En general, se pronostica una acusación constitucional. El máximo Poder Judicial pone en tela de juicio la medida del ministro de Justicia y Derechos Humanos, Fernando Rabat, autor del “perdonazo” a condenados por abuso sexual y pedofilia.

El cuestionamiento y la reacción política en contra se deben a que se pasó por encima de los protocolos legales establecidos para la aplicación de indultos. Es decir, se impuso un proceso de libertad a quienes fueron condenados, conforme al Código Penal, por cometer actos y delitos graves en contra de nuestra sociedad. Son personas que tienen una anormalidad crónica severa. Su libertad representa un peligro social ambulante, pues sufren una patología de temperamento sexual incontrolable por su naturaleza humana. En verdad, los señores juristas y abogados conocen los términos técnicos y la doctrina penal que se les aplicó y que los llevó a la cárcel, pues son autores y culpables de delitos sexuales.

Retomando el análisis, el problema lo tiene el presidente Kast. Entre sus objetivos programáticos está fortalecer las medidas de seguridad pública. Los menores de edad, es decir, los niños, son una prioridad de su mandato presidencial. Estos indultos van en sentido contrario y ponen una lápida a esos objetivos políticos. Entonces, raya para la suma, se somete al Presidente a una encrucijada sin salida cuando todavía no se cumplen ocho meses de su gobierno.

Por otra parte, ahora en el oficialismo hay quienes toman resguardos éticos. Las derechas abren espacios de divergencia que manifiestan públicamente sobre esta materia y otras de gobernanza. En este escenario, resulta prudente un accionar claro y transparente. Urge un rediseño estratégico estructural, porque Chile necesita sobreponerse a sus traumas del pasado y trabajar duro por el bien de nuestro amado país.

Lo peor es no hacer nada. Quedarse con las manos cruzadas, pensando en voz alta “que todo se está haciendo bien”, porque está en armonía con la ideología extrema. Hay que hacer un análisis profundo, más que un simple llamado de atención. Tenemos muchos problemas y debemos salir adelante.

Veremos en estos días lo que pasará en el Congreso. Observaremos cuál es el comportamiento de nuestros parlamentarios y si su actuar está en concordancia con el sentir de nuestro pueblo. Sin embargo, es responsabilidad personal tener una opinión propia. Por tal razón, no hay que dejarse influenciar por titulares. Informémonos, investiguemos y saquemos nuestras propias conclusiones…

Los dejo. Gracias.


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