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San Lorenzo, Patrono de los borrachitos  

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“La chicha se tomaba por toneladas y comparsas de jóvenes recorrían las calles ennegrecidas por los cohetes, cantando al son del charango”.

De la Enciclopedia de San Lorenzo, compartimos el siguiente extracto por lo ilustrativo de los alcances de una creencia popular muy difundida en toda la región de Tarapacá sobre el patronazgo que ejercería sobre aquellos que beben en exceso.

“Contemporizando con aquello de que las cosas tienen siempre una causa o explicación, resulta necesario señalar que esta creencia popular no carece de trasfondo histórico.

Trasladémonos entonces a finales del siglo 19, antes de la Guerra del Pacífico, para conocer y analizar una descripción de la celebración de San Lorenzo. Memorables fiestas. La Tirana y otras fiestas quedaban pálidas comparadas con la vibrante celebración del patrono de Tarapacá:

“Acudía la juventud de las paradas” (oficinas salitreras antiguas ubicadas en Negreiros y Pampa Negra, en su mayoría propiedad de tarapaqueños) “y villorrios vecinos a jaranearse y a disfrutar galantemente de sus ahorros, porque al decir de las abuelas el mérito de cada joven consistía en el número y clase de monedas que arrojaba a los pies de su dama cuando bailaban el baileitierra” (cachimbo).

“En esos días privilegiados las campanas se echaban a vuelo, las vajillas de plata salían a relucir y la apetitosa calapulca estaba a la orden del día. La chicha se tomaba por toneladas y comparsas de jóvenes recorrían las calles ennegrecidas por los cohetes, cantando al son del charango”.

El 9 de agosto tenía lugar la víspera luminaria; es decir, la entrada de ceras. Después de una breve ceremonia, se bailaba en el Parabién y llegada la medianoche se encendía la plaza con el baile masivo que duraba hasta la madrugada.

El día onomástico patronal, lugareños y campesinos de otros pueblos instalaban calvarios, que eran puestos de comestibles y objetos en miniatura.

Los más entusiastas se castigaban en la Pila: una palangana para tomar por gusto y a discreción vino, chicha y licor. En ese punto de la plaza, el baile moreno entonaba las estrofas de la vendimia: “Pisa, pisa, compañero; pisa, pisa con valor; sacaremos rica chicha de la viña del Señor”.

Después venía la Parvidad: al santo le servían un plato de picante remojado con chicha de jora.

Nótese que por entonces ya se aludía al mal genio del santo, porque aseguraban que si los devotos no celebraban como era de rigor, San Lorenzo se enojaba y dio pie a que los pampinos del siglo 20 expresaran que “Hay que pasarlo bien nomás, porque el Lolito quiere que disfrutemos, que lo pasemos chancho”.

Después de la procesión con la imagen patronal, en la plaza se extendían pullos (frazadas) para colocar las ollas de picante y maíz cocido, junto a los cántaros de chicha y las botellas de vino. Era la antesala de las costumbres lúdicas.

Entre otras, los merendantes se reservaban uno o más puñados de maíz cocido, porque terminada la comilona venía la guerrilla de motazos.

Luego se procedía al salteo de los calvarios: los compradores asaltaban esos puestos, primero con simulaciones, muchas de las cuales se convertían en grescas, con la lógica destrucción de los locales de dicha eventual feria.

A media tarde, el baile Morenos celebraba la Boda. Cada uno tomaba de la mano a una moza y se iba con ella al Cerro Munaipata (Cerro del Amor), donde el Rey Negro procedía a casar a las parejas. El vínculo matrimonial tenía vigencia para una semana; o sea, hasta la Octava o fiesta chica.

Agreguemos a esto un episodio ocurrido a causa de la desaparición por secuestro de la imagen patronal en enero de 1903. Un grupo de señoras devotas dirigió una carta-denuncia al obispo de Iquique en la que revelaban una curiosa costumbre: por la noche, el alférez se llevaba la imagen a su domicilio, donde tenía lugar una regada comilona presidida por San Lorenzo, al que le servían un plato de picante bien arrecho y su buen vaso de vino. En el transcurso de la jarana, no cesaban de brindar por él con vivas y también improperios. Y, sorpresa, en la francachela participaba también el cura Amador Mujica (bien poco querido por la comunidad por ser chileno).

Suma y sigue. En décadas relativamente recientes, se llegó a comentar que los cargadores de San Lorenzo debían beber y estar debidamente entonados antes de echarse al hombro las andas del santo. Y no por iniciativa propia, sino por mandato del mismo patrono; de lo contrario, les quemaba sus casas”.

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