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Rector Universidad Arturo Prat,  Alberto Martínez :

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“Iquique no es xenófoba, pero ante los ojos del mundo

nos vemos como agresivos contra los migrantes”

LUN LEE

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Alberto Martínez Quezada es rector de la Universidad Arturo Prat desde hace dos años. También es consejero regional por Tarapacá desde el 2018, además de ser presidente del Consejo durante su primer año al interior del órgano público. Fue electo independiente, pero con cupo por el Frente Amplio (FA).

El rector es ingeniero civil, iquiqueño, ex-dirigente estudiantil y lleva trabajando como académico cerca de 20 años. Su preocupación frente a la crisis migratoria, asegura, se debe a una desconexión de la Región de Tarapacá respecto de sus propias raíces multiculturales y cosmopolitas. Además, también reconoce la importancia de los pueblos originarios en la formación de esta identidad.

Martínez está buscando liderar una corriente de opinión que ponga en relieve estas ideas, por lo cual a principios de febrero lanzó un comunicado junto a otros académicos donde se plantea que “un futuro de odio y violencia es incompatible con la filosofía de la Universidad [estatal] y su compromiso con la interculturalidad”. De hecho, Martínez argumenta que dentro de la casa de estudios hay estudiantes y profesores que pertenecen a otras nacionalidades, principalmente de Perú y Bolivia.

El comunicado, además de la preocupación por el clima vivido en la Región, también propone líneas de acción para enfrentar la crisis humanitaria. Sus firmantes, afirman que no tienen responsabilidad como Universidad, por lo que la solución del problema les compete a las autoridades regionales y nacionales, pero, que, como académicos ponen a disposición sus experiencias.

Así y todo, la Universidad puso a disposición de la Delegación Presidencial un campus que está a unos kilómetros fuera de la ciudad de Iquique y que hoy funciona como albergue llamado Lobito.

Con estos antecedentes, INTERFERENCIA llegó presencialmente hasta las oficinas del rector, y el resultado es esta entrevista en que se precisan sus ideas respecto de la crisis migratoria que tiene por epicentro Iquique, en medio de un clima de xenofobia y marchas contra migrantes anunciadas para este fin de semana.

– ¿Cómo surge el comunicado?

Ante las situaciones de violencia física y simbólica, nosotros nos reunimos y dijimos: tenemos un cuerpo académico que algo tiene que decir. Convocamos al director del Instituto de Estudios Internacionales, al decano de la facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, así como también a la directora de Sociología, junto con mi vicerrector de Investigación y de Innovación, que de alguna u otra manera coordina los centros e institutos.

Entonces, planteamos que la idea era poder trabajar en este tiempo y para cuando asuma el nuevo Gobierno, tener una propuesta.

También es importante educar, porque aquí principalmente lo que nosotros vemos es que esta conducta xenofóbica tiene que ver mucho con la desinformación.

El proyectarse hacia el resto del país y hacia el mundo como una región xenofóbica, creo que no se condice con nuestra historia. En nuestra historia durante los últimos dos siglos es claro que aquí han cohabitado peruanos, bolivianos, chilenos, chinos también, quienes estuvieron desde el tiempo en que Tarapacá era de Perú. Bueno, también a través de los años llegaron muchos europeos, acá hay mucha colonia italiana y yugoslava, hoy día croata.

Iquique y Tarapacá siempre han estado acostumbrados, junto a sus pueblos originarios, a cohabitar en esta multiculturalidad. Entonces, aparecer ante el mundo como una región xenofóbica para nosotros fue súper preocupante y desgastante. Y muy sensible también, porque no hay que olvidar que muchos de nuestros compatriotas después del Golpe de Estado también tuvieron que migrar hacia otras latitudes y fueron acogidos por otros países

– La reciprocidad…

Claro. Nosotros tenemos gente muy sensible. Tenemos también varios académicos extranjeros. El mismo director del Instituto de Estudios Internacionales es una persona que llegó a Chile y que está tramitando su nacionalidad. Entonces hay una sensibilidad.

Ahora, entendemos también que llega de todo. También entendemos que la gente esté preocupada por lo que pasa en la calle. Yo soy iquiqueño, yo nací y me crié acá, siempre estuve acostumbrado. Viví en el centro, incluso, y andar por allí es parte de nuestra vida. La gente siempre ha estado acostumbrada a salir por la calle, y ese sentimiento de temor que -mal encauzado- se transformó en violencia, obviamente que a nosotros nos preocupa, porque llevó a ver cómo le quemaban los enseres a las personas o los juguetes a los niños.

– Eso fue un hito ¿no?

Eso para nosotros fue violento, fue complicado. Y a veces las cosas se le arrancan de las manos a quienes están organizando todo eso.

Como Universidad tenemos perspectiva y algo que decir y ponernos a disposición. Incluso me recordaba el otro día un colega que justo un año atrás, el 4 de febrero del 2021, saqué coincidentemente una columna sobre el tema migratorio, donde el titular era ‘Amigos o enemigos’, donde hacía un relato en el que decía que nosotros siempre habíamos estado acostumbrados a ser una ciudad cosmopolita, una ciudad acostumbrada a cohabitar con los diferentes migrantes y hoy día estábamos saliendo ante los ojos del mundo como una sociedad agresiva y xenofóbica.

No podemos restarnos de lo que está pasando, porque, además, nosotros por ser una universidad pública regional, entendemos que primero tenemos que ser un actor relevante en el territorio. No se condice eso sin estar siendo parte de lo que está pasando en la sociedad. Estamos muy comprometidos con la interculturalidad, y por supuesto con los derechos humanos. De ahí surge este documento que de alguna u otra manera se pronuncia y llama un poco a la cordura.

Eso, entendiendo, insisto, que hay gente que la está pasando mal, que está muy asustada, está muy preocupada, pero tenemos que actuar con calma.

Lo que queremos hacer en este periodo que queda de aquí a que asuma Gabriel Boric es elaborar ciertos lineamientos, ciertas propuestas, ciertos análisis para que las autoridades que asuman tengan una retroalimentación o un elemento que les permita tomar mejores decisiones.

– ¿Hubo algún episodio particular que los llevó a movilizarse?

Fue algo permanente en el tiempo, aunque es importante mencionar que, cuando partió todo esto hace un año atrás, nosotros también dijimos a las autoridades que estamos disponibles; ‘bueno, en este tema de la Plaza Brasil, nosotros ponemos a disposición de ustedes el campus Lobito, para que la gente pueda estar allá. Entre que anden en la calle, que los anden desalojando’.

Y bueno se hizo el ofrecimiento, pasaron muchos meses hasta que finalmente se nos contactó entre diciembre y enero, y se nos dijo: “vamos a instalar con ACNUR un centro sanitario” en Lobito.

– O sea, antes de que empezara todo a escalar tan rápido.

Claro. Cuando estalla todo, con la marcha, por llamarla de alguna forma, ya estaban habilitadas algunas carpas en Lobito, y ACNUR ya estaba instalando el albergue. Son carpas, pero en rigor son de otra materialidad, son de un material más resistente.

Ahí ellos tienen que instalar una residencia sanitaria. Ese es el concepto. La gente que entra al país tiene que hacer la cuarentena correspondiente. Y al lado temporalmente puso la Delegación Presidencial un albergue nocturno.

Respecto de todo esto, hay gente que la toma bien así como hay gente que la toma mal y dice ‘no puede ser que ofrezcamos eso’. Otros dicen que esto tiene que ser bajo las condiciones sanitarias correctas, lo que obviamente tendría que ser así, pero nosotros no podemos hacernos cargo de administrar eso; lo único que podemos hacer es una cesión del espacio del terreno para que las autoridades competentes  -con los recursos necesarios- puedan hacer lo debido.

– En el comunicado se plantean ideas sobre las cuales me gustaría profundizar. Una de ellas es que hay en general una “campaña contra los migrantes” y otra es que existe “manipulación ideológica” ¿A qué se refiere con esas palabras?

Al final lo que se termina haciendo es criminalizar al extranjero, y en particular al venezolano.

– ¿Ahí hay un foco en particular con esa población?

Claro. Consideramos que eso es injusto, tiene que haber una estratificación. Me refiero a un estudio respecto a qué tipo de personas están llegando. Porque aquí han llegado de todo, tenemos médicos venezolanos que están atendiendo en la ciudad y que hacen un gran aporte.

Nosotros no podemos creer que todos los que están llegando son delincuentes, porque en el fondo se está asociando que un inmigrante venezolano es sinónimo de delincuente. Esto se cruza con todo lo que es el tema de Venezuela, de [Nicolás] Maduro. Entonces todas estas cosas, más que entenderlas como un fenómeno social, se trata de utilizarlas políticamente. A eso me refería.

– ¿Fue polémico el comunicado?

Hubo mucha gente que me escribió o posteó que celebraban que la Universidad llamara a la cordura, eso se valoró mucho. Pero también hubo gente que comenzó a atacar, de que cómo era posible que esta Universidad apoyara a los migrantes.

Me acuerdo de un posteo que decía: ‘bueno, llévense a los migrantes a la casa del rector’. Ese tipo de violencia creo que no ayuda, no contribuye.

Si aquí nosotros no estamos exigiendo nada. Pusimos en el tapete ambas posiciones.

Por una parte lo que a la ciudadanía obviamente la tiene complicada; al iquiqueño, al tarapaqueño; y eso hay que comprenderlo. Y por eso el Estado tiene que hacer una intervención como corresponde para que podamos tener una convivencia como corresponde.

Y por otro lado, efectivamente hay que hacerse cargo de este fenómeno migratorio como corresponde.

Esas dos cosas van de la mano para no llegar a estas situaciones de xenofobia, de violencia física y verbal. Porque claro, es impactante ver cuando una persona que no tiene donde estar, rodeada por carabineros, increpada por una masa que está protestando. Eso es fuerte.

– En el comunicado también hay propuestas ¿Tienen algún eje?

Sí. Nosotros como Universidad planeamos llegar el 11 de marzo con un documento armado con los especialistas que están trabajando este tema, lo que entiendo incluye temas de la Facultad de Salud, además de lo antes señalado.

Hemos estado conversando el tema fronterizo; ¿cómo somos capaces de efectivamente controlar aquello? Eso obviamente le compete a la Fuerzas Armadas y de Seguridad en coordinación con los ministerios correspondientes, el Ministerio del Interior, por ejemplo. Porque eso es lo que angustia a la gente; uno cuando escucha al alcalde de Colchane y a los consejeros del Tamarugal, están preocupados de que está entrando gente y no hay ningún tipo de control. Yo creo que eso es lo que de alguna u otra manera a la gente le genera impotencia.

Creo que también se tiene que trabajar una vez que la gente ya está aquí. Cómo tú haces un levantamiento, un catastro de la gente. Y ahí me imagino que tiene que ver más con la PDI hacer ese levantamiento. Y también, de alguna u otra manera, no sé si la palabra es ‘estratificar’, pero ‘clarificar’; hay personas que tienen estudios y que pueden llegar a aportar de diferentes formas en nuestra sociedad, en el país. Eso en segundo lugar. 

En tercer lugar, con la gente acá, debemos preguntarnos: ¿Cómo resolvemos esto en forma digna? Que sea en condiciones humanitarias: un buen techo, alimentación, aseo, condiciones dignas. Eso es lo que le dijimos a la autoridad cuando facilitamos Lobito. Algo sobre lo que nos advirtieron, pues nos decía mucha gente cuando lo ofrecimos ‘que eso no se vaya a transformar en un campo de concentración o una zona de posterior expulsión’.

Lo otro que hay tiene que ver con lo que se ha hecho en otros lugares del mundo; este tema de cuotas de migrantes que se pueden recibir. A nivel sudamericano los líderes tienen que conversar. Y también a nivel país, cómo tú vas distribuyendo para que no se establezcan ‘zonas de sacrificio’, porque eso también es lo que el ciudadano se pregunta: ¿por qué solo Iquique? Bueno, aquí se habla de Iquique, pero realmente está pasando en todo Tarapacá. ¿Por qué Tarapacá se transforma en una zona de sacrificio? Eso se instala como concepto.

Hay un quinto punto, que es colaborar para que se puedan establecer condiciones de convivencia; retomar nuestra cultura bicentenaria de ser una región cosmopolita, una región multicultural, en que cohabitan muchos pueblos originarios, y siempre se ha hecho en paz con tranquilidad.

Todos los que han llegado a nuestra zona siempre han llegado a aportar, y creo que esa es la senda que el tarapaqueño tiene que retomar.

– Ha habido bastantes noticias falsas que no ayudan. Las fake news…

Claro. Videos, o sea ¡olvídate! Lo que ha llegado por las redes sociales estigmatizando al extranjero es complejo. Se genera todo este clima de odiosidad.

¿Puede discutir un hecho histórico como la Matanza de la Escuela Santa María esa visión multicultural?

Bueno, ese es un proceso que marcó la historia de nuestra región y evidencia cómo la lucha y el compromiso de la sociedad por cambiar las cosas en un sentido de justicia y equidad, se fueron logrando a través del tiempo. Luchas como estas han permitido generar esos avances. Para nosotros se conmemora como un hito importante, de cómo acá en Tarapacá, por las luchas sociales ocurrió esa tremenda matanza, es una vergüenza.

– Las imágenes de la prensa entraron fuerte en la percepción del problema, y tal vez se cristalizaron respecto de Iquique ¿Es diferente la situación ahora?

Cuando uno llega a ciertos peaks, en ciertas situaciones, obviamente eso es un remezón para la sociedad. Ese remezón a la gente le ayuda a reflexionar. Es indudable que en las imágenes de la televisión también había gente que estaba ayudando a sacar a los venezolanos de acá, y luego era evidente que los venezolanos no estaban; tú salías a la calle y no estaban en ninguna parte, se desplazaron de la ciudad, se desplazaron hacia el sur, la zona central, que es donde ellos están apuntando a ir.

Estuve hace unas semanas atrás en Santiago y en el bandejón central está lleno de carpas. Me llama la atención que eso no sale en la televisión. Entonces, claro, parece que están acá en Iquique, pero si uno recorre el país, como tuve la oportunidad de hacer en septiembre, por tierra, por todos lados hay extranjeros. Lo que pasa es que aquí está la entrada.

– ¿Influyó la intervención que en su momento hizo el ministro Rodrigo Delgado?

Aparentemente la gente se sintió escuchada. Efectivamente uno siente que está la cosa un poquito más calmada. Los ataques xenofóbicos a través de las redes sociales, se ha detenido un poco, lo que puede deberse a ese factor. Y también hay gente que dice que puede que los manifestantes pueden haber pensado que se les pasó un poco la mano también ¿No? Quiero pensar eso. A mí me gusta más creer en la persona, creer en el humano y entender que ellos también lo están pasando mal. Si están viniendo acá a Chile no es por gusto, sino que efectivamente necesitan hacer un cambio en sus vidas.

Usted también es consejero regional y se ha discutido en ese nivel que falta inversión en seguridad y tecnología ¿Cómo ve el trabajo desde la Gobernación?

Ha sido un tema la inversión de seguridad en nuestra región. Recuerdo que en algunas sesiones del Consejo Regional había personas que se oponían, porque eran recursos para la represión. Así lo planteaban derechamente. Hoy, un consejero planteaba que había conversado con el gobernador [José Miguel Carvajal, FA], y señalaba que se requería de $19 mil millones de pesos para poder abordar la problemática de la región en seguridad.

La Región tiene escasos recursos. El presupuesto anual de nuestra región son $50 mil millones de pesos. O sea, $19 mil millones de pesos es un poco más de un tercio de nuestra inversión regional. Por lo tanto, lo que ahí hemos hecho es una alianza, lo que se llama ‘Convenios de Programación’, donde la Región dice ‘ya, yo pongo tanto’ y un servicio centralizado pone tanto. Entonces, a través de los años es que se hace una inversión en todos estos temas de seguridad.

Esa es la vía. Tiene que ver con sentarse a conversar y darnos cuenta de que aquí quién tiene que ser beneficiado -el más importante- son los ciudadanos, más que nosotros los políticos. Cuando seamos capaces de entender eso, podremos llegar a acuerdos interesantes.

Hoy día tenemos una situación compleja; existe el gobernador y el delegado presidencial. Entendemos que ahora con el gobierno de Gabriel Boric eso debería cambiar. Hay gobernadores, como el nuestro, que plantean derechamente que la figura del delegado presidencial no debiese existir. Entonces esos roces, esas tensiones, son las que de alguna u otra manera posibilitaban decisiones  desfavorables para nuestra ciudadanía.

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