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Por qué cuesta tanto “dejar” el pan y la comida chatarra

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La ciencia finalmente ha establecido cómo opera esta adicción dado que el cerebro humano, por un efecto evolutivo, es incapaz de reconocer algunos ingredientes como la comida procesada actual. Investigadores dicen que al entenderse cómo opera la adicción a los carbohidratos combinado con grasas que deteriora la salud planetaria.

Isabel Frías

Periodista U.C.

Mientras el mercado de la comida “light” incentiva insistentemente en enfocarse en contar calorías, Un estudio de la Universidad de Yale concluye que existe un fuerte mecanismo de recompensa en el cerebro cuando se combinan dos nutrientes básicos que conspira para mantener una dieta marcada por el sobrepeso y los kilos extras.

Esa investigación ni siquiera demandó que los sujetos del estudio probaran los diferentes grupos de alimentos: Los investigadores de Yale utilizaron una medición clásica del refuerzo en los centros de dopamina del cerebro. 

Liderados por Alexandra G. DiFeliceantonio, ofrecieron una cantidad de dinero a cada participante y les mostraron fotografías con diferentes productos divididos en tres clases: los que solo tenían carbohidratos, los que solo tenían grasas y los que contenían una combinación de ambos. Después, establecieron un mecanismo de subasta. 

¿Cuánto dinero estaban dispuestos a pagar por cada uno de los artículos? Esta técnica se emplea, según Diego Urgelés, psiquiatra experto en trastornos de la conducta alimentaria, debido a que «la dopamina es el neurotransmisor con el que funciona este sistema de valoración de los objetivos», tal y como aclara a Alimente. 

Les dieron cinco dólares para apostar entre cero y cinco contra el ordenador para comprar los productos de las fotografías: El resultado, publicado en Cell Metabolism, fue que la mayoría apostó claramente por la combinación de alimentos ricos en carbohidratos y grasas. El experimento se realizó de la siguiente forma: «Se proporcionó a cada participante cinco dólares y se les explicó que podrían apostar entre cero y cinco dólares contra el ordenador para comprar los productos mostrados en las fotografías. También les propusieron que un artículo sería seleccionado al azar para la subasta al final de la sucesión de imágenes. Si la oferta del participante sobre ese artículo resultara ser superior a la del programa, adquiriría el producto, además de recibir el resto de los cinco dólares en efectivo. De lo contrario, el participante se quedaría con el dinero, pero no lo obtendría».

DESDE LA CAVERNAS

Una de las primeras conclusiones fue que la cantidad de dinero que estamos dispuestos a pagar por un determinado producto no estaba relacionado con el tamaño de la porción. 

Además, en ninguna de las tres categorías las preferencias se basaron en la cantidad de calorías, ya que en general los participantes no pudieron estimar su cantidad en los diferentes snacks. A diferencia de estudios anteriores, los investigadores de la Universidad de Yale pudieron constatar que había una relación directa entre nuestras preferencias y lo que estamos dispuestos a gastar en dinero por ello, especialmente en comidas con grasas y carbohidratos en primer lugar, seguidas de las grasas y en último lugar los carbohidratos.

Una imagen de un donut –que es un ejemplo de grasas con carbohidratos- generaba más necesidad de gastar dinero que los otros dos grupos.

El estudio de la Universidad de Yale concluye que existe un fuerte mecanismo de recompensa en el cerebro cuando se combinan ambos nutrientes, mientras que por separado ambos son menos adictivos: Las grasas y las harinas. Y este mecanismo se ha producido o construido a lo largo de los miles de años de la vida en el planeta, desde las cavernas hasta la actualidad.

El otro objeto del estudio consistía en determinar otro aspecto fundamental relacionado con la percepción de cantidad y energía que se obtenía de cada producto. En este caso, los investigadores —que mostraron en una primera fase siempre sus ingredientes, pero no la cantidad de calorías de cada porción o producto— observaron que los participantes no eran capaces de determinar la cantidad energética y que no influía en su decisión

Así como la primera parte del experimento cumplió con las hipótesis sobre los mecanismos de la elección de comida, la segunda arrojó una conclusión inesperada: somos más capaces de estimar la cantidad de calorías de las grasas de forma aislada que el de la combinación de éstas con los carbohidratos.

Según la Escuela de Psicología Evolutiva, esto se debe a que no somos capaces de discernir lo que nos aporta un donut por ejemplo, ya que no existieron cuando teníamos que obtener alimentos de la naturaleza.

En conclusión, si nos exponemos a la oferta incluso visual de la comida chatarra, ésta será preferida por el cerebro y, según los científicos, a partir de esta realidad las personas podrían llegar a detener esa compulsión: Niños y jóvenes no debieran ser expuestos a estos ingredientes, en tanto los adultos debieran manejar la compra de estos ingredientes.

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