San Martin # 428, Of.02 - Iquique, Chile

contacto@diariolongino.cl

Ingresar
Contacto
sábado, mayo 9, 2026

Iquique

Mueren los carteles de la Coca, emergen las Redes 

Autor

por diariolongino

Publicado

enero 4, 2025

Tiempo de lectura

Lo más perturbador del fenómeno es que “las redes pueden ser interrumpidas, pero rara vez desmanteladas”, sostiene en parte del balance que hace InSigth Crime donde releva cómo las organizaciones criminales se han adaptado a la presión policial. La mutación es patente en el tráfico ilícito de la droga principal, el clorhidrato de cocaína.

Isabel Frías    

Periodista UC   

Aunque los logros no sean muy percibidos por el ciudadano común, en Chile se está librando una lucha férrea contra aquellas bandas criminales de sello trasnacional surgidas junto a la pandemia del 2020 y a la diáspora venezolana: El Tren de Aragua es la más famosa de estas organizacionesque ganó notoriedad en este período, pero también es la más golpeada por la acción policial y —al menos en nuestro territorio— buena parte de sus líderes locales se encuentran en prisión y muchos otros han tenido que huir hacia otros países de la región. Volviéndose por donde llegaron: los numerosos pasos no habilitados de nuestra loca geografía.

Los delincuentes extranjeros que aún están operando bajo la marca de esa banda en Chile es —claramente— una “segunda y tercera línea”, de reciente fractura bajo una fórmula improvisada de aliarse con la propia delincuencia nacional instalada en distintas zonas del país.En este nuevo escenario antisocial, las bandas que enfrenta Carabineros, PDI y nuestro Ministerio Público están integradas por personas de distintas nacionalidades, delincuentes que emigraron o quedaron abandonados por la organización de origen y están funcionando aquí con una fórmula híbrida.

¿ES DELITO EXTRANJERO?

No hay que dejarse engañar: Desde hace un par de años ya, cuando se anuncia que la detención de estos sujetos, en realidad lo único extranjero que portan es su partida de nacimiento y el prontuario, porque no son emisarios ni extensiones de nadie, sino meros delincuentes de alta peligrosidad que se han “reciclado” de las grandes organizaciones donde aprendieron el llamado “modus operandi”.

Hecha esa salvedad y con ese antecedente en la retina, el hitodelictual más relevante del 2024 en todo nuestro continente fue la transformación del negocio de la cocaína, la droga estrella del tráfico internacional de estupefacientes; ese que no termina de crecer e introducirse en los cinco continentes a través del transporte marítimo.

Tal como investigó Insigth Crime —una fundación sin fines de lucro dedicada al seguimiento de la criminalidad de Latino América y el Caribe— durante los últimos 12 meses previos, las más grandes organizaciones criminales trabajaron básicamente en generar nuevas estrategias para enfrentar la presión de todas las fuerzas policiales estatales que les cayeron encima, a veces coordinadamente y siempre en contacto y ayuda permanente.

En ese intento de sobrevivencia, estos grupos debieron cambiar las estructuras que exhibieron hasta antes del Covid, cuando la pandemia paralizó abruptamente la demanda por droga dado que la masa de compradores o clientes quedó encerrada en sus casas por fuerza mayor. 

De inmediato lo primero que hizo la oferta criminal fue cambiar su modelo basado de “Carteles” —con jerarquía del tipo hegemónico— reemplazando el modelo de negocio ilícito y la formación de “Redes”, que son difusas, múltiples, menos evidentes, más difíciles de detectar gracias a la tecnología y que aminoran la vulnerabilidad que antes tuvieron, cuando concentraban el poder en una gran figura de autoridad central.  

Para los diferentes Estados esta transformación de lasorganizaciones ha tenido un impacto y sus alcances son perturbadores: Los flujos de cocaína que llegó a los consumidores de todo el mundo alcanzaron niveles récords en 2024 y, en consecuencia, el reto para las instituciones policiales se ha redoblado.

Y el balance de InSigth Crime se inicia con un dato duro: “El cultivo de coca en Colombia, el principal país productor de cocaína, ha venido en aumento desde 2020. Las autoridades casi igualaron la cantidad de cocaína incautada hasta 2023 en solo nueve meses de 2024. Y un informe que analiza las aguas residuales, principalmente en Europa, mostró una expansión continua del consumo de cocaína”, asegura.

A continuación, compartimos con los lectores de El Longino el recuento de la trayectoria previa acerca de esta transformación y su despliegue posterior.

“El incesante crecimiento de la industria de la cocaína ha alimentado durante mucho tiempo a la mayoría de los grupos criminales más grandes y dominantes de América Latina. A partir de la década de 1970, los grupos criminales y rebeldes empezaron a centrarse en la cocaína como medio para aumentar sus fuerzas. Surgieron grupos criminales dominantes que se apoderaron de todos los eslabones de la cadena de suministro.

La infame figura de Pablo Escobar Gaviria vino a ejemplificar esta estructura en la década de 1980, modelo hoy desdibujado.

MODULAR Y RESISTENTE

Las redes de tráfico de drogas actuales se componen de muchos nodos más pequeños y entrelazados que pueden intercambiarse sin que se desmorone la operación criminal en su conjunto. Esto permite que la red sobreviva, aunque se eliminen partes clave.

La multiplicidad de actores en los distintos eslabones de la cadena de suministro es una característica de las redes criminales modernas. Por ejemplo, la pandilla brasileña Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC) tiene varios proveedores de cocaína, desde las ex-FARC Mafia en Colombia hasta proveedores directos en Perú y Bolivia. 

Aseguran enormes cargamentos de droga desde las tres principales naciones productoras, apoyándose en una variedad de grupos productores de cocaína. En el improbable caso de que las fuerzas de seguridad colombianas desmantelaran a todos los grupos de las antiguas FARC, o de que Bolivia eliminara por completo la producción ilícita de coca, el PCC seguiría siendo capaz de abastecerse de cocaína gracias a su diversificada red de suministro. 

Estos vendedores, a su vez, no venden exclusivamente al PCC. El Estado Mayor Central (EMC), uno de los principales grupos de las antiguas FARC, también vende presuntamente a otros grupos de traficantes brasileños y alconocido Cartel de Sinaloa (México), uno de los principales traficantes de cocaína hacia Estados Unidos. 

Diferentes células del PCC suelen hacer “tratos” con otros traficantes, con decenas de intermediarios en la sombra que organizan esas negociaciones. 

Después de asegurar la cocaína de sus diversas fuentes, el PCC trabaja para transportar la droga hacia el este, a menudo recurriendo a transportistas independientes para trasladar los cargamentos a través de Paraguay o el norte de Brasil hasta llegar a la costa. Desde allí, el PCC trabaja con grupos europeos, principalmente con la “Ndrangheta” y las mafias balcánicas, que compran la droga al por mayor a las bandas latinoamericanas y luego la venden en Europa.

El gran número de compradores y vendedores garantiza que las cantidades récord de cocaína de 2024 fluyan constantemente por todo el mundo, incluso si uno de los grupos principales cae.

CONECTADOS E INVISIBLES

Los distintos eslabones y nodos de una red complican las investigaciones de las fuerzas del orden. Con tantos actores diferentes, mapear toda la red criminal es casi imposible. Incluso si las autoridades consiguen infiltrar una célula, puede resultar difícil extender la investigación para comprender la red en un sentido amplio.

A menudo, las células solo están vinculadas a través de determinados individuos. Los grupos criminales pueden enviar a un emisario al extranjero para llevar a cabo operaciones criminales. No hay una aparición repentina de un gran grupo de personas con acentos diferentes; no hay un territorio conquistado violentamente y marcado con grafitis. Un pequeño número de personas puede negociar acuerdos intercontinentales de drogas mientras pasan desapercibidas a los radares de las autoridades. 

Y las subredes suelen tener un contacto limitado, operando a través de mensajería y transferencias de dinero limitadas.

La tecnología moderna ha facilitado esto aún más. Aunque para algunas operaciones siguen siendo necesarios los tratos cara a cara y los viajes internacionales, muchas de estas se organizan, ejecutan y pagan ahora a través de las telecomunicaciones, sin necesidad de sellar nunca el pasaporte de nadie.

Las redes criminales transnacionales utilizan aplicaciones de mensajería encriptadas, gratuitas y ampliamente disponibles para dirigir sus negocios. Aunque las autoridades habían tenido mucho éxito con las escuchas telefónicas para recabar inteligencia, la mensajería encriptada dificulta y encarece la interceptación de las comunicaciones.

La creciente popularidad de los pagos electrónicos significa que traficantes y compradores pueden hacer negocios sin estar nunca en el mismo lugar ni tener que preocuparse por la logística de mover grandes volúmenes de dinero en efectivo. 

Las criptomonedas dificultan el seguimiento del dinero a través de una red, y constantemente se desarrollan nuevas técnicas de ofuscación. Los “tumblers, o mezcladores, proporcionan una capa adicional de anonimato a las criptomonedas. Estos servicios agrupan monedas virtuales y las mezclan, antes de dividirlas de nuevo y enviar el pago al destinatario. El vendedor recibe el pago del comprador, pero es muy difícil de rastrear.

Para combatir estas nuevas redes, las autoridades tendrán que aplicar estrategias complementarias, como desarticular los vínculos estratégicos, ejercer una presión constante sobre las redes criminales y rastrear sus flujos financieros.

La interrupción de enlaces clave, como la detención del flujo de cocaína a través de un puerto importante como el de Santos, en Brasil —un principal punto de partida para la droga con destino a Europa—, podría impactar significativamente los flujos de cocaína. 

Durante la pandemia de COVID-19 se hizo evidente un ejemplo involuntario de esta situación. Al bloquearse las rutas marítimas legales que los traficantes utilizaban para enviar cocaína a otros países, estas redes vieron considerablemente reducida su capacidad de mover su producto. La cocaína empezó a almacenarse en Sudamérica, encerrada en el continente, lejos de los lucrativos mercados de consumo extranjeros.

Pero a medida que los efectos del COVID disminuyeron, los envíos volvieron a la normalidad y las cadenas de suministro de cocaína se soltaron nuevamente. Esto ilustra un factor clave para que las operaciones antinarcóticos sean eficaces contra las redes: la presión constante. 

La resistencia de las redes se debe en parte a la existencia de múltiples nodos en cada fase del proceso, cuantos menos nodos haya, más susceptible será la red a las interrupciones, aunque la pandemia enseñó que si se afloja la presión, la red se recupera pronto.

Una fuerte presión mostró cómo se podía desarticular una subred en la operación A Ultranza PY que investigó a la red de Sebastián Marset, un intermediario con base en Paraguayquien estableció relaciones con proveedores en Bolivia, coordinando los vuelos de cocaína a Paraguay y los envíos internacionales por la vía fluvial Paraná-Paraguay. Aunque hoy el propio Marset sigue prófugo, esta red se hadesmoronado. 

En 2024, no obstante, vimos evidencia de que a medida que la presión disminuía, otros empezaron a llenar el vacío y las operaciones de tráfico de cocaína del PCC a través de Paraguay siguen fluyendo sin problemas, lo que demuestra una vez más cómo las redes pueden recuperarse rápidamente de golpes aparentemente importantes”. Esto último será, sin duda, el gran desafío que deberán encarar nuestros países este 2025, Chile incluido.

    Etiquetas :

    Noticias relacionadas

    Deja el primer comentario

    Iniciar sesión