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sábado, mayo 9, 2026

Iquique

Masivo corte de luz vuelve a golpear a Iquique y reabre críticas por fragilidad del servicio eléctrico

Autor

por diariolongino

Publicado

marzo 23, 2026

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La interrupción dejó a cerca de 38.800 clientes sin suministro en el centro y norte de la ciudad, en un nuevo episodio que se suma a una seguidilla de cortes programados y fallas no previstas en los últimos meses.

Un nuevo corte del suministro eléctrico volvió a afectar a gran parte de Iquique la tarde de ayer, dejando sin energía al centro y al sector norte de la ciudad y reactivando las críticas por la reiteración de fallas que, desde hace meses, alteran la vida diaria de miles de familias, comercios y servicios. Según informó CGE, la interrupción se registró a las 15:44 horas en la subestación Palafitos y afectó a aproximadamente 38.800 clientes. La empresa indicó que la causa y las circunstancias del hecho quedaron en investigación, mientras se trabajaba en la recuperación del servicio. La información oficial sobre clientes sin suministro es monitoreada también por la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, SEC, a través de su plataforma nacional de interrupciones.

El episodio no solo provocó molestias en hogares y locales comerciales, sino que además generó situaciones de riesgo derivadas del corte de energía. Entre ellas, se reportaron personas encerradas en ascensores, tanto en dependencias del Mall Plaza como en el sector de Sotomayor con Avenida Salvador Allende, emergencias que debieron ser atendidas en medio de la contingencia. Más allá de la reposición del suministro, el hecho volvió a instalar una inquietud que se repite entre vecinos y usuarios: la vulnerabilidad del sistema eléctrico local y la falta de certezas frente a cortes que ya dejaron de ser excepcionales.

La caída de las líneas 131 y 132, mencionada entre los antecedentes preliminares del evento, vuelve a poner el foco en la capacidad de respuesta de la red y en la necesidad de esclarecer si se trata de una falla puntual o de un síntoma más profundo de inestabilidad en la infraestructura que abastece a la ciudad. Hasta ahora, CGE solo ha señalado que el origen del incidente está siendo investigado, una fórmula que suele repetirse mientras los usuarios enfrentan, una vez más, las consecuencias directas de
quedar sin energía en plena jornada.

Lo ocurrido ayer no aparece aislado. En las últimas semanas y meses, Iquique ha registrado una seguidilla de interrupciones, algunas programadas y otras no previstas, que han ido desgastando la confianza de la comunidad en la continuidad del servicio. El 25 de febrero, por ejemplo, un corte afectó a unos 15 mil clientes del centro de Iquique, luego de que un camión de gran altura dañara infraestructura eléctrica, de
acuerdo con la información difundida entonces. A ello se suman otros episodios no programados en enero: el día 14 hubo una interrupción en el centro de la ciudad tras un choque a un tensor, mientras que el 5 de enero un accidente afectó la red de media tensión y dejó a más de cuatro mil clientes sin electricidad en el sector sur.

Paralelamente, la capital regional ha debido convivir con diversos cortes programados anunciados por la propia distribuidora. En enero se informó una suspensión total del servicio para Iquique y Alto Hospicio, asociada a trabajos de mantención en la subestación Cóndores, y durante marzo se anunciaron nuevas interrupciones por labores en la red, incluyendo una de hasta 16 horas el domingo 15 y otra programada
para el viernes 20 en el sector sur de la ciudad. Aunque estas faenas son presentadas como necesarias para mejorar la calidad y continuidad del suministro, lo cierto es que para la ciudadanía la acumulación de cortes, sean programados o no, termina configurando una percepción de servicio inestable y de normalización de la interrupción eléctrica como parte de la rutina urbana.

Ese es precisamente el punto más crítico del problema. Cuando una ciudad empieza a acostumbrarse a los cortes de luz, el debate deja de ser técnico y pasa a ser también un asunto de calidad de vida, seguridad y responsabilidad empresarial. No se trata solo de la incomodidad de estar unas horas sin energía. Un corte masivo afecta la cadena comercial, paraliza ascensores, altera sistemas de refrigeración, interrumpe atenciones, complica a personas mayores, enfermos, trabajadores y familias completas. Y cuando estos eventos se repiten con frecuencia, la explicación de “causas en investigación”
comienza a parecer insuficiente frente a una comunidad que exige respuestas más claras y, sobre todo, garantías concretas.

La situación abre además preguntas inevitables sobre la resiliencia de la red que abastece a Iquique, una ciudad que por su condición geográfica, climática y urbana requiere altos estándares de continuidad operacional. Si la infraestructura puede verse comprometida por caídas de líneas, choques, daños externos o trabajos de mantención extensos, lo esperable es que exista un plan robusto de prevención, información oportuna y mitigación de impactos. De lo contrario, cada nuevo corte termina confirmando la misma sensación de fondo: que la ciudad sigue expuesta a una fragilidad eléctrica que no ha sido completamente resuelta. La SEC, que en otras regiones ha anunciado investigaciones y sanciones por interrupciones masivas del servicio, mantiene habilitada la plataforma para que los usuarios verifiquen y reclamen por cortes de suministro. El contexto nacional también muestra que la continuidad eléctrica se ha instalado como un tema sensible, con fiscalizaciones y multas tras fallas de gran magnitud ocurridas en distintos puntos del país. En ese escenario, los episodios que afectan a Iquique no deberían ser leídos
como una simple contingencia más, sino como una advertencia sobre la necesidad de revisar en serio la confiabilidad del sistema en la zona.

Lo ocurrido ayer deja, así, una conclusión incómoda pero evidente. Iquique no enfrenta solo un corte puntual, sino la acumulación de eventos que han ido instalando una legítima preocupación ciudadana sobre la continuidad del suministro eléctrico. Cada interrupción golpea la vida cotidiana, deteriora la confianza pública y vuelve más urgente una explicación de fondo. Porque cuando miles de clientes quedan nuevamente a oscuras, el problema ya no es solo la falla del momento, sino la persistencia de un servicio que todavía no logra ofrecer la estabilidad que la ciudad necesita.

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