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La victoria Balmacedista en Huara durante la Revolución del 91

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En la Campaña del Norte de la Guerra Civil de 1891, las fuerzas revolucionarias del Congreso establecieron en la provincia de Tarapacá su base de operaciones para las acciones navales y militares. En enero bloquearon los puertos de Pisagua e Iquique y en febrero se registran los combates de Zapiga, Alto Hospicio, San Francisco (Dolores) y Huara, este último el 17 de febrero.

La Batalla de Huara es uno de los acontecimientos bélicos más importantes en la Guerra Civil del 91, con triunfo de las huestes leales al Presidente José Manuel Balmaceda, pero sin embargo es de los sucesos menos conocidos en la historia del conflicto de hace 131 años.

ORIGEN

Después de apoderarse de Pisagua, las fuerzas Congresistas al mando del Coronel Estanislao del Canto Arteaga, se concentraron en la zona del Alto Hospicio de ese puerto siendo éstas: los batallones Constitución, Navales 2 de Valparaíso y Navales N° 3 de Pisagua, más una batería de desembarco de la Escuadra al mando del Teniente  de la Armada Juan Williams, acompañada de una columna de marineros, una batería organizada después de la toma de Pisagua y el escuadrón de caballería Libertad N° 1.

Por su parte el coronel Eulogio Robles, Comandante en Jefe de las fuerzas en Tarapacá del Gobierno de José Manuel Balmaceda, a pesar de su experiencia militar, cometió un grave error estratégico al dividir sus fuerzas con el propósito de cubrir toda la provincia.

Por ello al recibir informes que tropas enemigas avanzaban a su encuentro desde Pisagua, dispuso que el resto de 4° de Línea, dos compañías del batallón Quillota y lo disponible del 10° de Línea, avanzaran hacia El Molle, acampando en Santa Catalina el 14 de febrero. El 15 de febrero de 1891 salieron a primeras horas en tren desde Alto Hospicio hacia el sur, las fuerzas revolucionarias.

Manejando Robles información sobre las tropas Congresistas, dispuso que 339 soldados de infantería ocuparan el cerro Dolores, en la localidad de San Francisco de Dolores. Las tropas Congresistas ocuparon las cimas y la estación de Dolores, aprovechando como trincheras las grietas de las calicheras.

El combate se inició cerca de las tres de la tarde y concluyó pasadas las seis de la tarde del día 15, con la completa derrota de las fuerzas gobiernistas que sólo pudieron salvar 108 hombres perdiendo el resto entre muertos, heridos y prisioneros.

REFUERZOS

Los vencedores avanzaron hasta la salitrera Rosario de Huara donde recibieron refuerzo de una compañía del Batallón Taltal y una compañía desertora del batallón presidencial Quillota.

Tras su derrota en la Batalla de Dolores, el Coronel Robles le solicitó refuerzos a Manuel Salinas, Intendente de Tarapacá. La autoridad dispuso que tropas de Artillería N° 1, Artillería Cívica de Iquique, Policía de Iquique, Granaderos a Caballo y soldados del 3° y 4° de línea, subieran a la pampa en apoyo de la fuerzas.

Ese contingente salió desde Iquique a las 23.45 de la noche del 15 de febrero, para evitar posibles fuegos desde la escuadra revolucionaria que estaba bloqueando el puerto. En la estación de Molle se procedió a arreglar una máquina de exploración que se artilló con un cañón Krupp, ahí mismo se enteran que las fuerzas Balmacedistas del Coronel Robles habían sido derrotadas en  San Francisco (Dolores) replegándose a Santa Rosa.

Al amanecer del día 16 los refuerzos al mando del Coronel José María Soto Pereira se acercaban a la estación Santa Rosa, pero el Coronel Robles al ver el convoy pensó que eran revolucionarios y despliega su fuerza contra ellos. Los soldados que llegaban a la pampa debieron batir banderas y desplegar pañuelos para evitar una desgracia.

Reorganizada la fuerza de Gobierno con un contingente de 900 hombres, decidieron establecer defensivamente la estación de Huara para contener el avance hacia Iquique de los revolucionarios. Soto realiza una exploración por tren para constatar la presencia del enemigo, llegando hasta la oficina del Rosario de Huara donde obtiene informes de la ubicación de los revolucionarios en salitrera Primitiva.

A eso de las 20 horas decidió regresar llevando otra máquina que le precedía. Las tropas de avanzada de Robles pensaron que la segunda máquina era Congresista y procedieron a abrir fuego, lo que provocó tres  heridos y dos muertos en el mismo bando, además de la destrucción y descarrilamiento de las locomotoras, debiendo Soto lanzarse del tren para salvar su vida.

Respecto a  esa escaramuza José María Soto explicó: “Confieso francamente que después de ese desagradable percance me sentí desalentado para iniciar una operación sería con la gente que me acompañaba, pero la idea que tenía el enemigo que venírsenos encima, me dio fuerza para ir a disputarle las bonitas posiciones de Huara, y haciendo de tripas corazones, como dicen, dispuse la marcha los más temprano posible y es así como a las 11 hrs. yo llegaba con mi convoy a la Estación de Huara, donde en la noche habían estado las avanzadas enemigas reparando la línea destruida. En el acto que llegue interrogué a un señor Monarde,  jefe  de Estación y como me diera noticias muy vagas y contradictorias del enemigo, lo hice tomar preso y remitirlo a Pozo Almonte  en una máquina que hice volver a buscar más estanques de agua y un resto de caballería y mulas que había quedado”.

ENFRENTAMIENTO

En la mañana del 17 de febrero al mismo tiempo que los Balmacedistas marchaban hacia Huara, reforzados con un tren blindado armado de ametralladoras, avanzó hacia el sur la fuerza revolucionaria con un contingente de mil 200 soldados.

Cerca de las 10 horas las fuerzas de Gobierno proceden a ocupar la estación Huara y los cerros que le circundan, en atención al horario disponen repartir el rancho.

Estaban en ese menester cuando las patrullas montadas alertan la llegada del enemigo en un convoy a la oficina Rosario de Huara, distante 2.500 metros, colocándose en línea de batalla en los terraplenes de las tortas de ripio.

Pasado el mediodía al encontrarse frente a frente los bandos, se percatan que desde las fuerzas Congresistas sale un individuo con bandera de parlamento, portando una solicitud del general Gregorio Urrutia, para la rendición a las fuerzas Balmacedistas la cual en exterior del sobre decía: “Al jefe de las  fuerzas que andan en las máquinas o hay en Pozo Almonte”.

El texto del pliego decía:

Ejército Constitucional

Primitiva en martes Febrero 19 (sic) de 1891

La situación que esta división se encuentra impone al infrascrito el deber de abrir a V.S. el camino de una capitulación que ahorre al país inútiles sacrificios y pérdidas considerables a la tropa que se halla bajo las ordenes de V.S.

Propongo a V.S., en consecuencia que me haga entrega de los individuos que componen su columna, de las armas, las municiones y demás artículos de uso militar, comprometiéndose el infrascrito a otorgar a V.S. amplias garantías para las personas. Dios guarde a US. Gregorio Urrutia General en Jefe”.

La proposición fue rechazada por el Coronel Robles y fue su jefe de estado mayor, Coronel Soto, quien en el mismo papel escribió:

Sr. ex General Urrutia En el centro de mi Línea de batalla y sobre el lomo de mi caballo, cúmpleme decirle a UD en respuesta a su comunicación, que el coronel Soto ha cumplido siempre y está dispuesto a cumplir con su deber por triste y doloroso que sea.

Coronel Soto”

BATALLA

Luego de esa respuesta se inició la batalla a las 14.30 horas, con un ataque de la artillería gobiernista y el avance de los revolucionarios que a poco de abrir fuego recibieron unas mulas con armamento y municiones, lo que les dio un nuevo impulso en su estrategia. Se continuó con intercambio de fuegos en ambas líneas por más de dos horas. La escasez de municiones resultaba apremiante para los gobiernistas, que eran menor número que el rival y sufrían penosas bajas con las ráfagas de ametralladora y disparos de cañón desde un tren blindado.

La habilidad del Coronel Soto logró revertir la suerte para su bando, al llegar a la estación ferroviaria hizo que se lanzara una locomotora a todo vapor sobre los convoyes de las tropas revolucionarias. Esto junto con generar destrucción y bajas, subió la moral entre los soldados Congresistas. Cinco minutos más tarde otra máquina, de más poder repitió la operación embistiendo los convoyes revolucionarios.

Los trenes congresistas comenzaron a moverse en dirección al norte y los soldados al ver la situación dejaron de combatir e iniciaron la huida hacia las máquinas. Se produjo una desordenada fuga que marcó, después de cuatro horas de batalla, el triunfo de las fuerzas Balmacedistas. En la pampa de Huara quedaron 250 muertos, siendo 88 gobiernistas y 162 congresistas, los que fueron enterrados en una fosa común en una labor que se extendió hasta el día 19.

Los vencedores se quedaron con 40 prisioneros, cinco ametralladoras, un cañón Krupp y varios fusiles, tuvieron 89 heridos que trasladaron a Iquique. Los congresistas se replegaron a Pisagua, llevando una cifra no determinada de heridos.

Luego del triunfo en Huara, las fuerzas gobiernistas se desplazaron a Iquique con la intención de recuperar dicha ciudad, que el día anterior había sido ocupada por la escuadra,  enfrentándose el día 19 en lo que se ha conocido como el Combate de la Aduana e Incendio de Iquique.

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