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Humberto “Huaso” Sepúlveda: Con condiciones para el fútbol, prefirió y brilló en el boxeo

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Hoy, debo hacer un esfuerzo para abrir “Mi Ventana Deportiva”, ya que; la figura que diviso es reacia a hablar en primera persona. Humberto Sepúlveda Villarroel, el popular “Huaso” del boxeo iquiqueño, prefiere los hechos a las palabras y así lo ha hecho, durante casi 50 años dedicados al deporte de los puños.

De bajo perfil, como los verdaderos campeones, entrevistarlo para saber de lo suyo, es imposible…”Nooo, para qué”, “entrevista a otro Monchi”, (así me llaman desde niño, los más cercanos), sería sin duda su respuesta. 

 Entonces recurro al plan B y en ocasionales, pero muy breves diálogos, logro ir hilvanando algunos antecedentes, anexándolos a mis recuerdos, acerca de la historia deportiva de quien, fue gran figura del boxeo iquiqueño, primero como boxeador durante los años 60 y 70 y después como técnico, en los años posteriores y hasta la fecha.

“Huaso”, era el apodo, con el que llamaban a su padre, Humberto Sepúlveda Olivares, bravo boxeador de los años 40 y 50 y quien, llegado desde el sur del país, adoptó esta ciudad como propia, representándola incluso, en campeonatos nacionales.

Pero lo del “Huaso Chico”, en un comienzo no fue el boxeo, sino el fútbol, deporte donde, desde niño ya destacaba, como un puntero izquierdo de condiciones. Zurdo y veloz, era infaltable en las formaciones de las series infantiles y juveniles del Club Yungay y muchas veces, apetecido para formar en otros clubes, como el Maestranza y Sportiva Italiana.

El sector oriente de calle Serrano, una casa de calle 12 de febrero, donde vivía, con su madre Clara Villarroel y sus hermanos Letty y César, fueron su hogar y su barrio de infancia y la vieja Centenario, su primera escuela. 

Un día, acompañado de uno de sus amigos del Yungay, de nombre Andrés Campaña, se detuvo a mirar los entrenamientos que, en el Club Ramón Montoya, realizaban algunos futuros pugilistas.

Eran jóvenes que no superaban los 16 o 17 años, todos novicios que se preparaban, para el campeonato de los barrios. Entre ellos, Juan Sciaraffia quien, años después llegaría a ser un destacado futbolista, seleccionado nacional amateur y contra el cual nadie, esa tarde se atrevía a subir al ring.

“Yo peleo”, gritó desde la puerta el “Huaso Chico” y el entrar al club, calzarse los guantes y superar a Sciaraffia, fue un mero trámite, para quien llevaba el boxeo en sus genes. Dos semanas después, debutaba en el campeonato de los barrios. En el torneo, volvió a encontrarse con Sciaraffia y el triunfo oficial, fue nuevamente para Humberto quien, mostrando habilidad y una eficaz mano zurda, lograría ese año de 1966, su primer título, tras ganar la final de los pesos moscas, en un peleón con Marcelo “Cacerola” Cáceres.

Fue el inicio de una carrera llena de brillo, pero también estaban sus estudios en el Liceo de Hombres y debió solicitar permiso a su madre, para poder boxear. “Puedes boxear, pero si te veo perder, se acaba el permiso”, fueron las palabras drásticas de su progenitora.

Para no perder, Humberto no acudió a las recomendaciones de su padre, el “Huaso Viejo”, sino que, comenzó a seguir muy atentamente, los consejos de don Ramón Montoya y don Felipe Alarcón, los iniciadores del gran Tani Loayza, asiduos frecuentadores del club ubicado a metros del Hospital Regional.

Vinieron más combates y su primer campeonato nacional, el año 1969, donde cae derrotado en cuartos de final, frente al experimentado Carlos Sandoval de Chuquicamata, seleccionado nacional y a la postre ese año, ganador del título chileno.

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