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En España no le temen a Ómicron y dan 5 ideas para superar la crisis

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Los médicos de la Sociedad de Medicina familiar afirman que ya no sirve el cierre de fronteras, ni gastar recursos en testeos, seguimientos ni aislamiento como tampoco tensionar al personal sanitario. Proponen ideas algo audaces para nuestro estándar en Tarapacá, azotado por contagios y una ola de cansancio generalizado dentro de la población. 

Isabel Frías 

Periodista U.C. 

La sociedad española de Medicina Familiar y Comunitaria (AMF) tal vez no sea conocida por muchos en Tarapacá, pero en la península ibérica y toda Hispanoamérica tiene un enorme prestigio, particularmente entre los médicos que saben de su liderazgo en ese país, en muchos sentidos parecido al nuestro. 

Este dato es relevante cuando se analiza las repercusiones los efectos que tuvo su última propuesta para encarar la actual crisis sanitaria por Ómicron, con la alta tasa de contagios que está en marcha (y continuará) durante toda la última quincena de enero 2022. 

Básicamente –y asumiendo un nuevo escenario de una pandemia que camina hacia los dos años– los médicos asociados a esa entidad creen que la estrategia debe ser más simple, más amigable y comprensiva con el cansancio de la gente, la cual simplemente debiera completar su esquema de vacunación con tercera y cuarta dosis, mientras las autoridades abandonan las medidas restrictivas de los años anteriores y que ahora serían inútiles: De nada sirve ahora –sostiene la AMF– cerrar aeropuertos o fronteras terrestres, cuando el virus ya está instalado como brote comunitario. 

COSTOS MUY ALTOS 

Según sus análisis, a estas alturas tampoco sirve testear al azar por la mayor velocidad de contagio de Ómicron. Asimismo, indican que los llamados «contactos estrechos» (o trazabilidad) sería una tarea bastante inútil que podría desecharse como recurso general y solo sería pertinente en algunas situaciones muy estratégicas.  

Hacer muchos testeos no solo involucra recursos financieros, sino que también requiere personal calificado que lo ejecute, tiempos de espera mientras los laboratorios hacen su pega y mantiene «capturados» equipos de trabajo que se requieren para numerosas otras enfermedades, todas de alto impacto social.  

Es un secreto a voces que, en Tarapacá y otras regiones de Chile por ejemplo, los funcionarios de la salud están estresados, requieren vacaciones y muchos no pueden tomarse esos descansos legales porque otros compañeros son sindicados como «contactos estrechos» de algún infectado y deben salir del sistema solo como prevención. 

Es decir, parece que no existe manera de confinar a tantos contagiados sin perjudicar al sistema sanitario, al comercio, los servicios, los restoranes, los pubs, los casinos y toda la industria ligada al turismo y la entretención. Además, las cuarentenas terminaron siendo un dolor de cabeza para los gobiernos (de todo signo) y un desfonde de las arcas fiscales porque tuvieron que subsidiar a los hogares a un costo muy alto, tanto monetario como político.  

Recordemos que, si bien el IFE chileno es el aporte más abultado que se entregó en Latinoamérica, también subió el precio de todos los productos básicos y los importados. 

LA FÓRMULA QUE SEDUCE A EUROPA 

Bajo este contexto compartido por moros y cristianos, la AMF ofreció cinco ideas para replantearnos cómo afrontar la pandemia en medio de una sexta ola que se caracteriza con infecciones de altísima incidencia, pero baja frecuencia de enfermedad grave y un alto nivel de saturación de la red de consultorios y Sapus. 

Es por ese motivo que proponen lo siguiente:  

El SARS-CoV-2 no desaparece. Pero, la buena noticia es que las vacunas generan inmunidad en personas mayores, aislando el riesgo mortal. Lo esperable es que todos nos contagiemos múltiples veces en nuestros repetidos contactos con el virus, y que este hecho vaya mejorando nuestra inmunidad tanto individual como colectiva.  

La vacunación debe ser prioritaria. En ese sentido el texto avisa que el papel de las dosis de recuerdo debe estudiarse con más detalle y recuerda que vacunar a toda la población, incluyendo a la de muy bajo riesgo y la infantil, no va a evitar la circulación del virus. Y al mismo tiempo advierte de que algunos países pobres aún no han podido completar la vacunación de los mayores o los profesionales sanitarios.  

Cambiar estrategia comunicacional. Es imprescindible «hablarle»a una sociedad adulta y no utilizar el miedo como recurso: «Se retransmiten en directo cifras récord de contagios sin aclarar que la mitad son asintomáticos». Y el texto continúa asegurando que «contagiarse o contagiar un virus respiratorio no es culpa de nadie». Tal como lo indica la editorial de la SMF, los gobiernos no pueden traspasar a los ciudadanos sus responsabilidades en este ámbito.  

Recuperar la «vieja» normalidad,sin mascarillas ni limitaciones de la interacción social, centrando esfuerzos en proteger a las personas más vulnerables: residencias de ancianos, colegios, institutos y universidades. 

Hacer otras cosas: El rastreo y cuarentena domiciliaria de los contactos —llevada a cabo básicamente en Atención Primaria— consume mucho tiempo y recursos, y cuando aumentan los contagios y colapsa rápidamente. A cambio, propone trasladar los recursos al diagnóstico de enfermedades graves y control más riguroso sobre las crónicas.  

El objetivo debe ser abordar ahora la pandemia como hacemos con la gripe, concluyendo que «debemos acabar con la excepcionalidad y el covid-19 debe ser abordado como el resto de enfermedades. La inmunidad adquirida (con las vacunas) y la llegada de ómicron así lo permiten».  

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