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Cómo Gendarmería monitorea al crimen organizado en las cárceles de Tarapacá

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El director regional, coronel Juan Carlos Zamora, conversó en exclusiva de lo que
ocurre al interior del penal de Alto Hospicio, enviando dos poderosas señales a la
comunidad. En una, el profesional transparenta el control total que ejerce el Estado de
Chile en los recintos y, en la otra, orienta a la ciudadanía sobre la importancia de la
reinserción de aquellos que han dañado gravemente nuestra convivencia social.

Isabel Frías
Periodista UC

Si el ministro Luis Cordero quisiera saber qué está haciendo un miembro del cartel mexicano
Jalisco Nueva Generación en el penal de Alto Hospicio, al director regional de Gendarmería de
Tarapacá le tomaría algunos minutos realizar ese chequeo e informar luego al titular de la cartera
de Justicia y Derechos Humanos.
En la práctica, Juan Carlos Zamora haría una rápida llamada al Alcaide para tener en su móvil esos
datos claves requeridos, a cualquier hora del día o de la noche, sin importar si está en jornada
hábil o es fin de semana. Todo ello gracias al seguimiento de las cámaras de vigilancia y los
software institucionales que llevan un registro detallado que abarca desde las visitas que recibe
ese peligroso reo hasta la última comida que ingirió.
Se trata de un ejemplo muy adecuado para abordar con la más alta autoridad de
Gendarmería en Tarapacá, en una conversación franca orientada a conocer la realidad que
se vive hoy en esos espacios de reclusión a nivel regional; es decir, bajo el contexto del
nuevo escenario delictual imperante en nuestro país, dominado por organizaciones
criminales internacionales que cometen una amplia gama de delitos, aunque siempre con
el millonario negocio del narcotráfico de sustancias ilícitas desplegado como telón de
fondo.
JEFES ESTÁN ENCAPSULADOS
Lo importante de la revelación proporcionada por nuestro entrevistado es que también puede ser
utilizada para aludir a delincuentes escindidos del cartel de Sinaloa, respecto del venezolano David
Landaeta (alias “Satanás”) del Tren de Aragua (TDA) o para cualquiera de los 2.351 internos que
alberga la capacidad máxima de las instalaciones del sector de Huantayaja, en la Ruta A616.
En esa línea de análisis, Juan Carlos Zamora cuenta a El Longino que Gendarmería de
Tarapacá tiene identificado el perfil y compromiso delictual de cada reo, de tal manera
que el Complejo Penitenciario (CP) de Alto Hospicio funciona con módulos de bajo,
mediano y alto compromiso delictual, y en estos últimos están todos los delincuentes de
alta peligrosidad como los que integran estas peligrosas bandas trasnacionales dedicadas
–organizadamente– a cometer un conjunto amplio de delitos.

El coronel Zamora detalla que –al llegar al CP Alto Hospicio– los equipos de Gendarmería
hacen previamente una evaluación de lo que se denomina “compromiso delictual” de cada
interno, en el entendido que “los miembros de una banda o de una organización criminal
tienen diferentes grados, niveles y tipos de participación dentro del mismo grupo. Muchos
forman parte de manera tercerizada (subcontratados), por así decirlo”, enfatiza.
Aclara enseguida que, “en base a los antecedentes de la investigación persecutora que ha
realizado el sistema judicial penal chileno, nosotros extraemos esa información para
detectar cuáles integrantes representan un peligro mayor, buscando siempre aislar o
separar a los integrantes de los verdaderos líderes de las bandas delictuales, porque son
estos últimos los que tienen las capacidades para poner en peligro latente a nuestro
sistema”.
De esa manera, Juan Carlos Zamora quiere poner de relieve frente al lector que en el
Centro Penitenciario (CP) de Alto Hospicio, existe la segregación físicamente, tanto dentro
de la unidad penal como a nivel nacional, separando a la banda en unidades penales en
distintas regiones del territorio nacional: “Lo que la ciudadanía debe comprender es que el
Estado no solo tiene pleno y total control de las cárceles, concesionadas y no
concesionadas, sino que Gendarmería y el ministerio de Justicia y Derechos Humanos las
opera y maneja con bastante responsabilidad y profesionalismo”.
¿Los líderes de bandas criminales son recluidos en celdas individuales en Alto Hospicio?
¿cómo se asegura el sistema que no habrá contaminación ni contacto con los demás
recluidos?, son dos interrogantes que surgen de inmediato y ante la cual, Zamora Vega
tiene una respuesta categórica: “Sí, tenemos allí celdas individuales de segregación
altamente efectiva respecto del resto de la población penal”.
La nueva duda que surge de inmediato se relaciona sobre el concepto de “alta seguridad”
y si este se vincula al método utilizado para “segregar” o responde a las características
físicas del penal: “Las características del complejo penitenciario de Alto Hospicio de alta
seguridad permiten a Gendarmería trabajar de esa forma que le explico, pero también por
la infraestructura que tiene. Le puedo asegurar a la ciudadanía que todos los módulos
poseen ese resguardo, entendiendo que existen algunos que poseen un escalón o estándar
adicional dentro del mismo complejo”.
Juan Carlos Zamora complementa sus opiniones, destacando el aspecto material del
edificio y recursos como “la alta tecnología en la vigilancia de los internos, la distribución
de puestos de servicio con vigilancia humana, la misma infraestructura y distribución de
los módulos, todo lo cual aumenta las dificultades para el movimiento de aquellos
internos que quieran perpetrar algún intento de evasión o de amotinamiento, porque
precisamente la segregación que aplicamos permite encapsular esas situaciones de riesgo
potencial”.
INHIBIDORES DE SEÑAL
En este punto de la entrevista, tanto el ejemplo de una potencial llamada del ministro de Justicia
como la segregación física de los líderes de las bandas criminales dejan en el centro del análisis a
un sistema carcelario que muestra innegables vulnerabilidades en materia de telefonía celular, a
nivel país.
El director regional de Gendarmería de Tarapacá reconoce que, “aunque nosotros estamos de
manera diaria y permanente efectuando labores para requisar, decomisar todos los elementos
prohibidos que pudieran estar al interior de la unidad penal –entre ellos también los teléfonos
celulares– existen procedimientos que están entregados como directriz permanente ministerial y que han tenido muy buenos resultados. Se trabaja, se sigue trabajando de manera incesante por
parte del personal de Gendarmería en esas labores, que implican allanamientos recurrentes”.
Puntualmente respecto de los inhibidores de señal para teléfonos celulares, Juan Carlos Zamora
reconoció la existencia de proyecciones oficiales que se manejan, pero que están siendo
trabajadas bajo la coordinación de Mesas de Trabajo desde el nivel central, en Santiago, que lidera
el ministerio del Interior en coordinación con Justicia y DD.HH.: “No puedo detallarlo de manera
pormenorizada, pero puedo informar que están en marcha diferentes tipos de procesos y pasos en
esa línea, dependiendo de si la unidad es concesionada o no, además de la región en que opera”.
De manera resumida, puede sintetizarse que los procesos legales para la licitación e
implementación de esa tecnología se deben modificar los contratos vigentes en algunos casos y
ello es resorte de la autoridad central: “Sería irresponsable de mi parte entregar una fecha
aproximada para materializar ese proyecto. Pero sí, puedo asegurar que como Gendarmería
Tarapacá esperamos tener y comunicar buenas noticias muy pronto”.
No obstante, en función del sentido de urgencia que tiene el tema de los inhibidores de señales de
telefonía, el máximo funcionario de Gendarmería regional subraya, tajante, que “Alto Hospicio
está considerado”.


MUJERES PRESAS
Dentro del mismo ámbito de los proyectos en curso, existe también el proyecto de ampliación del
del principal centro penitenciaria de Tarapacá, “aprovechando el mismo terreno disponible donde
está emplazado para expandir la actual infraestructura”, esa que hoy se mantiene utilizada y
superada respecto de su capacidad.
La idea es poder albergar mayor población penal, “atendiendo a la realidad que tenemos hoy día y
que da cuenta de un crecimiento exponencial de la población penal en Chile, donde Tarapacá ha
sido una de las regiones más impactadas por este fenómeno”.
En ese terreno los números son elocuentes: “Si consideramos que ese penal tiene una capacidad
máxima para 2.531 internos, y teniendo en cuenta solo lo acontecido en 2023, acá hubiésemos
llegado a registros sobre 4.000 ingresos durante el año pasado. Pero, Gendarmería aplica un
programa dinámico y constante que traslada internos a otros penales cuando esa capacidad se
puede ver superada por la circunstancia”.
El director regional entrega otro elemento a considerar: “Esa cifra que le estoy compartiendo
contiene ingresos de población penal extranjera, que es muy importante, y que se da tanto a nivel
de población masculina y también femenina, donde esta última cuenta con una población sobre
las 400 internas y el 75% de ese universo corresponde a ciudadanas extranjeras”. En tanto, a nivel
de varones, los internos extranjeros representan el 51% de la población penal.
Juan Carlos Zamora añade que, en el fenómeno de las mujeres privadas de libertad ocurre que
ellas cometen delitos de menor compromiso delictual y, por tanto, menor impacto delictual: Si en
el penal de Alto Hospicio están recluidos toda la cadena delictual –con jefes incluidos–, el grueso
de las mujeres que cumplen penas en el recinto femenino de Iquique se encuentran en ese
lugar por ser micro traficantes de estupefacientes y también “burreras” que han cometido
su primer delito de transportar drogas ilícitas.
En el caso de la población penal femenina de Tarapacá, por tanto, hay menor o bajo
“compromiso delictual”, lo cual explica que las internas recluidas cumplan condenas más
breves y que se sitúan –en promedio– en los 5 años y un día, situación que contrasta de
manera radical con el tipo de delincuentes que alberga el CP Alto Hospicio.
EDUCAR PARA REINSERTAR

Al abordar el análisis carcelario en términos de género, casi de manera natural irrumpe el tema de
la reinserción, del cual se teoriza más de lo que se suele concretar, producto de múltiples razones.
“En las internas mujeres, de partida, existe un factor de más y mayor responsabilidad por el factor
que juega la maternidad, los hijos, además que en existe un rango de reincidencia menor en la
población femenina”.
Por efecto de lo anterior, la deseada reinserción social se transforma en un asunto especialmente
complejo con los internos varones, en particular aquellos que están recluidos en Alto Hospicio:
“Allí vemos a personas que tienen un largo historial. Vemos a adultos que vienen delinquiendo
desde que eran menores de edad y que, claramente, han realizado una verdadera carrera delictual
que ha ido en aumento en relación a la gravedad de los delitos que cometen. Esa trayectoria la
recogen también los equipos especializados que posee Gendarmería, quienes van haciendo los
estudios pertinentes que nos permite saber qué reos tienen una mayor o menor adhesión al
régimen interno de las cárceles”.
Lo interesante en ese terreno de la adhesión a las reglas internas, no obstante, proviene no solo
del “curriculum delictivo” de los internos, sino que también de su historia educacional. Dicho de
manera periodística, nuestros presos en Tarapacá y todo Chile son personas a quienes les fue mal
en el sistema educacional, que no completaron la enseñanza obligatoria que provee y obliga el
Estado.
Se sabe, que el promedio de los delincuentes presos sufrió fracaso escolar, el que lee y escribe lo
hace con increíble dificultad, la mayoría abandonó tempranamente la sala de clases y –sin un
diploma que certifique que ha completado la enseñanza media– a esa persona no podrá
insertarse conseguir un trabajo lícito, ya que esa certificación es requisito obligatorio para acceder
a un trabajo remunerado: “Ese es un tema muy, muy importante y que Gendarmería siempre lo
relevamos, pero que compete a toda la sociedad, en su conjunto”.
El director Juan Carlos Zamora cuenta que la institución “realiza muchos esfuerzos para entregar
las herramientas laborales y educacionales y a las cuales algunos internos –hay que recalcarlo–
adhiere muy bien, en especial cuando los internos llegan a los Centros Semi Abiertos. Pero
esa reinserción y la oferta de oportunidades a ellos es una responsabilidad de todos como
sociedad, porque sabemos que cuesta mucho dar ese alto o espacio de confianza que
necesitan quienes realmente desean salir del círculo delictual, porque a ese grupo de
interesados no se les otorgan posibilidades”.
Concluimos la entrevista con la autoridad regional de Gendarmería con esa honda reflexión sobre
un futuro donde el crimen organizado parece ganar terreno como un empleador generoso y
atractivo para quienes –con sus delitos– han roto o daño la convivencia social.

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