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Emprendimiento y Negocios

Chile abre 2026 con exportaciones históricas e inflación más contenida mientras Kast prepara su llegada a La Moneda

Autor

por diariolongino

Publicado

enero 8, 2026

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  • El Banco Central proyecta que el IPC convergerá al 3% durante el primer trimestre y el comercio exterior cerró 2025 sobre los US$107 mil millones, con diciembre marcando un máximo mensual. El nuevo ciclo político apunta a reactivar el crecimiento en medio de restricciones fiscales y un escenario internacional todavía incierto.

Chile entra a 2026 con una fotografía económica que mezcla alivios y tareas pendientes. A poco más de dos meses del cambio de mando —José Antonio Kast asumirá el 11 de marzo—, la conversación pública gira en torno a un objetivo que cruza a oficialismo saliente y administración entrante: volver a empujar la actividad hacia un piso más ambicioso, cercano al 3% anual, sin desanclar el control de precios ni tensionar un mercado laboral que aún acusa señales de fragilidad.

En esa escena, el “viento a favor” más visible llega desde afuera: mejores términos de intercambio por un cobre que ha mostrado fortaleza, un impulso externo algo mayor al anticipado y condiciones financieras más benignas que las de meses previos, según el diagnóstico del propio Banco Central en su último Informe de Política Monetaria.

A ese telón de fondo se suma una cifra que alimenta el relato de fortaleza exportadora: durante diciembre de 2025, los envíos al exterior alcanzaron US$11.285 millones, el mayor registro mensual desde que existen series comparables, coronando un año que superó los US$107 mil millones en exportaciones.

La cifra no solo funciona como símbolo. También describe una estructura: la minería volvió a sostener el grueso de las ventas, con el cobre como motor principal, mientras alimentos y otros rubros industriales aportaron dinamismo con desempeños dispares según mercados y productos. En esa línea, reportes sectoriales destacaron que el repunte del mineral rojo volvió a empujar el total anual por sobre la barrera de los US$100 mil millones, un umbral que en Chile suele leerse como termómetro de tracción externa.

El segundo elemento que ordena el ánimo económico está en el bolsillo cotidiano: la inflación. Las minutas del Banco Central y el resumen del IPoM de diciembre describieron una convergencia más rápida de lo previsto, con riesgos inflacionarios evaluados como más acotados, y con la proyección explícita de que el IPC llegue a la meta de 3% en el primer trimestre de 2026.

En paralelo, la autoridad monetaria ha continuado ajustando la Tasa de Política Monetaria en una senda de normalización, apoyada en el diagnóstico de menores presiones de costos, un tipo de cambio que dejó de ser combustible inflacionario como en otros episodios, y una trayectoria de precios más alineada con el escenario central.

Con exportaciones encendidas y precios más domados, la pregunta que se instala es cuánto de esa buena racha puede transformarse en crecimiento sostenido. El mismo IPoM sitúa para 2026 un rango de expansión entre 2% y 3%, con énfasis en el rol de la inversión y en el desempeño de proyectos de gran escala, especialmente ligados a minería y energía.

Para los equipos económicos, ese margen suele ser el campo de disputa: convertir el “hasta 3%” en el punto de partida y no en el techo.

En ese debate se cuela la transición política. Kast ha instalado un mensaje de prioridades distintas a las de la administración que termina, particularmente en seguridad, migración y reordenamiento institucional, al tiempo que busca alinear su arranque con señales hacia el mundo empresarial y los mercados.

En los últimos días, medios internacionales informaron sobre definiciones en evaluación para Hacienda y un diseño de aterrizaje que pretende mostrar cambios tempranos durante los primeros meses de gestión.

Sin embargo, el tercer componente de la ecuación 2026 no permite triunfalismos: las cuentas públicas y el Congreso. Analistas han advertido que el escenario fiscal exigente podría restringir el espacio de maniobra del próximo gobierno, tanto por el déficit como por el hecho práctico de iniciar con un presupuesto ya aprobado.

A eso se suma un riesgo político-operativo: que reformas o medidas queden entrampadas por falta de mayorías estables, en un Parlamento donde la coordinación será clave y los tiempos legislativos rara vez se acomodan al ritmo que exige la expectativa ciudadana.

En el plano interno, además, la agenda laboral aparece como uno de los focos inevitables. Con el desempleo como preocupación recurrente y con la promesa transversal de “recuperar crecimiento”, el mercado del trabajo se transforma en el examen más visible: si la economía acelera sin traducirse en contratación y salarios, el relato pierde sustento; si el empleo mejora a costa de precariedad, el costo social se amplifica. De allí que, en círculos técnicos, se subraye la necesidad de compatibilizar incentivos a la inversión con reglas claras y políticas que eviten que la reactivación se quede solo en indicadores agregados.

En síntesis, el país inicia 2026 con dos señales objetivas que ayudan: un cierre exportador excepcional y una inflación caminando más rápido hacia la meta.

Pero también con límites que presionan cualquier programa: estrechez fiscal, incertidumbre externa persistente y un tablero político donde la ejecución dependerá tanto de la estrategia como de la capacidad de acuerdo.

La economía chilena, por ahora, ofrece una ventana: convertir un boom de ventas al exterior y un descenso inflacionario en crecimiento de base, de esos que se sienten en la calle. El desafío, para el gobierno que entra y el Estado que permanece, será que el impulso no se agote en el cobre ni en un mes excepcional, y que la convergencia de precios no sea un paréntesis antes de la próxima ola de incertidumbre.

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