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Charlas triviales son clave para el estado anímico

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La vida social no son fiestas ni tenida de gala. Se trata de hablar con gente desconocida, de manera casual y amistosa, sin afán competitivo ni menos a modo de interrogatorio informativo. De por medio estaría la salud mental de las especies mamíferas y, por tanto, eminentemente “sociales”.

Isabel Frías

Periodista U.C.

Durante la pandemia se perdieron y no ha sido fácil retomarla ni para los de muy avanzada edad ni (curiosamente) para los adolescentes, aunque por motivos diferentes.

Se ha establecido que, en la etapa juvenil, la inseguridad ofrece problemas para la socialización y luego, con el paso de los años, mucha gente rehúye el contacto social porque se han deteriorado habilidades como entablar una conversación trivial.

La sencillez y espontaneidad es un campo minado, sobretodo para gente adulta mayor de sexo masculino que desaprende aquello de hablar “sin asunto” y que son tareas claves en el trabajo y la vida colectiva: La idea es conversar con la persona que sentó al lado en la plaza, en el transporte público, en la fila del banco, en la tienda o supermercado. En todas estas situaciones se suele hablar de nada en particular y aspectos tan generales como lo cara que está la vida, el frío reinante o el precio de las lechugas.

El secreto está en la total intrascendencia, porque –se sabe científicamente– este sencillo intercambio requiere cierta predisposición para cultivarla, lo que por sí mismo aumenta el buen estado psicológico y afectivo personal.

“PARTE DE UN TODO”

Durante la pandemia del coronavirus y los aislamientos prolongados, crecieron los estudios científicos sobre el peso de estas charlas triviales y su efecto en el buen humor y cómo opera su efecto sobre el ánimo y éste a su vez sobre el sistema inmune: Los datos recogidos son categóricos para concluir que esos diálogos llenos de obviedades y lugares comunes hace que las personas sentirse conectada con otros seres humanos y los mamíferos somos todos sociales y necesitamos de los demás.

Es más: limitar el contacto con la gente no solo nos vuelve tremendamente hostiles, sino que nos aísla por partida doble, psicológica y literalmente: «Necesitamos sentir que somosparte de un grupo y parte de algo más grande», es buen resumen de la fórmula del bienestar social básico.

Dentro de las bondades de las charlas espontáneas con extraños se encuentran dos aportes mayores: Departir sin mayores desafíos en el contenido de una charla o diálogo promueve la cohesión y la confianza en otras personas instalando una sensación de certeza y seguridad que la especie humana necesita.

Asimismo, conversar con personas que no son de nuestro círculo habitual nos permite abrirnos a nuevos temas y ayuda a aprender cosas nuevas.

De nuevo: parece fácil, pero está lejos de hacerlo, prueba de ello es que –en todos los estudios– los adictos a la pornografía manejan mucha información verbal y visual pero que encuentran improbable de replicar teniendo a una personal real, concreta y de carne y hueso al frente.

De hecho, exceso de pornografía demostraría más falencias que las evidentes, ya que la primera señal es la imposibilidad de comenzar una charla trivial con un desconocido o desconocida, sin que tenga ningún impacto ni vinculación posterior más que la simple vinculación social o comunitaria.

CÓMO HACERLO BIEN

Y, a pesar que resulta complejo para algunos, existen técnicas no tan obvias que pueden aprenderse o reaprenderse para retomar la calidad de vida.

Lo primero es no hacer preguntas cuya respuesta se sepa de antemano: La conversación debe ser un intercambio no un interrogatorio, mucho menos apuntando a datos muy personales y concretos. Dónde estudio, si se es casado o se vive solo no deben ser motivo de conversación entre extraños.

Una segunda recomendación es empezar el diálogo con una afirmación muy subjetiva y personal, no esperando tener la razón: “Ha hecho más calor del normal”, “pensé que hoy día estaría llena la playa”, “no sé por qué me gusta tanto el pan con mantequilla… es mi perdición” son formas exitosas de iniciar un diálogo y permiten retrucarse con cualquier tipo de respuesta.

En tercer término, el consejo de rigor dice: “Comience usted mismo una conversación a partir de nada, con cualquier persona y pregunte cosas sin trascendencia como la hora exacta”. Con sonrisas de por medio, es muy difícil que alguien no responda ante temas como la hora o el clima.

¿Religión, finanzas y política? Tres temas totalmente prohibidos para cultivar una buena vida social y existen muchas familias prohíben esos temas en la mesa familia con todo el apoyo de la Ciencia. Lo relevante es compartir, señalan los especialistas, no ganar una conversación.

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