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Iquique

Carretera Uyuni–Hito 60 abre una oportunidad histórica para Tarapacá: Iquique busca convertirse en puerta del comercio bioceánico entre Bolivia, Paraguay y Brasil

Autor

por diariolongino

Publicado

octubre 22, 2026

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INTEGRACIÓN INTERNACIONAL | COMERCIO EXTERIOR Y DESARROLLO PORTUARIO

El proyecto vial impulsado por Bolivia, con financiamiento de CAF, promete fortalecer la conexión comercial con el norte de Chile y abrir nuevas oportunidades para el Puerto de Iquique y la Zona Franca. El alcalde Mauricio Soria destacó que la futura ruta permitiría acceder al sur boliviano mediante un paso fronterizo de menor altitud y proyectar una conexión hacia Paraguay y Brasil. Sin embargo, el potencial económico dependerá también de la infraestructura chilena, la habilitación fronteriza y la capacidad de los terminales portuarios para competir por nuevas cargas.

La Región de Tarapacá podría encontrarse ante una de las oportunidades de integración comercial más importantes de las últimas décadas, luego de que el Gobierno de Bolivia confirmara avances en el proceso de licitación de la futura carretera Uyuni–Hito 60, también denominada Hito LX, una iniciativa vial que busca conectar el sur del territorio boliviano con la frontera chilena y que abre nuevas perspectivas para el desarrollo del Puerto de Iquique, la Zona Franca y el intercambio de mercancías entre países de Sudamérica.

El proyecto adquiere especial relevancia en momentos en que el comercio internacional enfrenta transformaciones en sus cadenas logísticas y cuando las regiones del norte de Chile buscan consolidarse como plataformas estratégicas para conectar los mercados del océano Pacífico con las economías del interior del continente.

La construcción de esta carretera permitiría mejorar las condiciones de transporte desde el departamento boliviano de Potosí hacia territorio chileno, generando una alternativa que podría fortalecer el acceso de mercancías provenientes de Bolivia y, mediante conexiones complementarias, ampliar las posibilidades de intercambio con Paraguay y Brasil.

El anuncio fue realizado por el ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda de Bolivia, Mauricio Zamora, quien informó que el proyecto se encuentra en proceso de licitación y que las autoridades esperan anunciar durante noviembre la empresa que se adjudicará su ejecución.

Según los antecedentes publicados el 19 de octubre por el diario boliviano La Razón, Zamora situó la inversión global anunciada por el Gobierno en más de 2.000 millones de bolivianos, confirmando el interés de ese país por desarrollar infraestructura estratégica en el departamento de Potosí.

A ello se suma el respaldo del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, CAF, que mantiene una operación de financiamiento para los tramos 1, 2 y 3 de la carretera Uyuni–Hito LX, correspondiente a la construcción de aproximadamente 120 kilómetros de pavimento rígido entre Uyuni y Julaca.

La ficha oficial de CAF, actualizada en junio de 2026, registra un costo de US$223,42 millones para estos tramos, incluyendo obras de drenaje, cinco puentes y medidas de mitigación ambiental y social. Se trata de una operación específica dentro del desarrollo del corredor, por lo que no debe confundirse con el presupuesto global anunciado por las autoridades bolivianas.

Mauricio Soria destaca una ruta de menor altura y conexión hacia Brasil

En Iquique, el anuncio fue recibido favorablemente por el alcalde Mauricio Soria Macchiavello, quien ha sostenido una participación permanente en iniciativas destinadas a fortalecer los corredores bioceánicos y la integración comercial entre Chile, Bolivia, Paraguay y Brasil.

La autoridad comunal destacó que el proyecto representa una decisión estratégica de Bolivia para mejorar su conectividad hacia el Pacífico y avanzar en la habilitación de un nuevo acceso fronterizo que podría beneficiar directamente a Tarapacá.

“Lo importante es que ya se concreta a través de una institución que es la CAF, que es la que genera el préstamo, donde hay una decisión también geopolítica estratégica de Bolivia de pavimentar la carretera desde Uyuni al Hito 60, con un nuevo paso fronterizo que nos pone muy cerca del corredor bioceánico, pero ya en la Región de Tarapacá”, expresó el jefe comunal.

Soria puso especial énfasis en las condiciones geográficas de la conexión, indicando que Hito 60 se encuentra a una altitud aproximada de 3.800 metros sobre el nivel del mar, mientras que otros pasos cordilleranos presentan mayores exigencias para el transporte internacional.

“El paso de Jama está a 4.800 metros de altura, el Hito 60 está a 3.800 metros de altura y nos conecta por el sur de Bolivia, desde Hito 60, Los Lípez, Tupiza, Tarija, y llegamos también al Paraguay y nos conectamos al corredor bioceánico donde está el puente y podemos llegar a Brasil en menor tiempo, a menor altura y en la Región de Tarapacá”, sostuvo el alcalde.

La menor altitud proyectada constituye uno de los argumentos centrales de la propuesta. En las operaciones de transporte de larga distancia, las características geográficas pueden influir en el consumo de combustible, la exigencia mecánica de los vehículos, los tiempos de viaje y la seguridad de los conductores.

Sin embargo, las ventajas definitivas deberán ser evaluadas mediante estudios que comparen distancias efectivas, pendientes, condiciones climáticas, capacidad de las rutas y costos de operación, ya que una menor altitud no garantiza por sí sola menores tiempos de transporte.

La importancia de esta alternativa radica en que permitiría diversificar los accesos internacionales hacia Chile y conectar Tarapacá con un conjunto de territorios productivos del sur de Bolivia que actualmente enfrentan dificultades de infraestructura y transporte.

Además, el trazado forma parte de una visión de integración continental que busca mejorar la salida de productos desde el interior sudamericano hacia los puertos del Pacífico.

El comercio boliviano, un pilar fundamental para el Puerto de Iquique

La relación económica entre Tarapacá y Bolivia constituye uno de los principales fundamentos de esta oportunidad. El movimiento de mercancías entre ambos territorios sostiene una parte significativa de la actividad portuaria, del transporte terrestre, de los servicios logísticos y de las operaciones comerciales vinculadas con la Zona Franca de Iquique.

Los antecedentes oficiales de Empresa Portuaria Iquique (EPI) permiten dimensionar esa relación.

Durante 2024, el recinto portuario movilizó 2.639.700 toneladas de carga, de las cuales 901.253 toneladas correspondieron a operaciones en tránsito vinculadas con Bolivia. Esta última cifra representó aproximadamente el 34% del movimiento total del terminal, confirmando la importancia del país vecino para la economía portuaria regional.

La relevancia del mercado boliviano también se ha mantenido durante 2026, aunque en un escenario marcado por dificultades económicas y problemas de conectividad terrestre.

De acuerdo con estadísticas difundidas en octubre, entre enero y agosto de 2026 el Puerto de Iquique movilizó 633.533 toneladas de carga vinculada con Bolivia, registrando una disminución de 9,98% respecto del mismo período del año anterior.

Del total señalado, 212.883 toneladas correspondieron a mercancías embarcadas desde Iquique, mientras que otras 420.650 toneladas fueron desembarcadas con destino al mercado boliviano.

Estas cifras demuestran que el vínculo comercial entre Iquique y Bolivia no corresponde solamente a una expectativa futura, sino a una actividad económica concreta que moviliza mercancías, inversiones, transporte y servicios especializados.

En ese contexto, una nueva carretera podría contribuir a ampliar los mercados de origen y destino de las cargas, especialmente si facilita el transporte desde zonas productivas del sur boliviano que actualmente utilizan otras rutas o puertos.

El desafío consiste en que el mejoramiento vial no solamente incremente el volumen de mercancías, sino que también permita generar mayor actividad económica dentro de Tarapacá.

Cada operación de importación o exportación puede involucrar transporte, almacenamiento, servicios aduaneros, agentes de carga, operadores portuarios, mantenimiento, combustible y otras actividades asociadas a la cadena logística.

Por ello, captar mayores flujos comerciales podría traducirse en oportunidades para pequeñas y medianas empresas vinculadas al comercio exterior, siempre que exista una planificación regional capaz de incorporar a los proveedores locales.

La conexión con Paraguay y Brasil amplía el horizonte comercial

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es que la carretera Uyuni–Hito 60 no se concibe únicamente como una vía de acceso entre Chile y Bolivia, sino como parte de un sistema de integración de mayor alcance.

La Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) informó en julio de 2026 que el país trabaja en el fortalecimiento de un Corredor Bioceánico Sur, destinado a vincular la frontera con Paraguay, en el sector del Hito BR-94, con Tarija, Chuquisaca y Potosí, hasta alcanzar Uyuni y el Hito LX en la frontera chilena.

Esto permitiría articular una conexión alternativa entre Tarapacá y los mercados paraguayos y brasileños, mediante una red de carreteras que atravesaría el territorio boliviano.

Para Iquique, la importancia de este trazado reside en la posibilidad de ampliar su participación en el comercio internacional más allá de las operaciones tradicionales que mantiene con Bolivia.

Paraguay constituye un mercado con necesidades de acceso a terminales marítimos, mientras que Brasil posee una amplia capacidad industrial, agropecuaria y exportadora que requiere rutas competitivas para conectarse con los mercados internacionales.

En consecuencia, contar con una alternativa que acerque estas economías al Pacífico podría generar nuevas oportunidades para los puertos del norte chileno, especialmente en operaciones destinadas a mercados asiáticos.

Sin embargo, es importante distinguir esta conexión proyectada del Corredor Bioceánico de Capricornio, cuyo trazado principal considera a Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, incluyendo pasos como Jama y Sico.

El corredor boliviano constituye una alternativa complementaria que podría articularse con otras rutas sudamericanas, pero su operación dependerá de la conclusión de las obras, la conectividad entre los distintos tramos y los acuerdos necesarios para el tránsito internacional.

En paralelo, el Corredor de Capricornio alcanzó durante julio de 2026 un hito importante con la unión física del puente internacional que conectará Porto Murtinho, en Brasil, con Carmelo Peralta, en Paraguay, infraestructura considerada estratégica para el intercambio de mercancías entre el Atlántico y el Pacífico.

Estos avances demuestran que Sudamérica está desarrollando distintas alternativas de conectividad terrestre, escenario en el cual Tarapacá deberá definir cómo aprovechar su posición geográfica y su infraestructura comercial.

Los minerales del sur boliviano abren nuevas posibilidades para Iquique

El alcalde Mauricio Soria también puso atención en el potencial productivo de los territorios bolivianos que podrían beneficiarse con la futura carretera.

En particular, mencionó a Potosí, Sucre, Tupiza y Tarija, localidades y centros regionales que podrían mejorar sus posibilidades de comercialización mediante una conexión más directa con los puertos del norte chileno.

“Obviamente también está todo el desarrollo del sur de Bolivia ligado a esto, que están trabajando desde Potosí, desde Sucre, desde Tarija, Tupiza; los minerales también que quieren comerciar y trabajar a través de los puertos del norte de Chile, los puertos de Iquique sobre todo”, manifestó el jefe comunal.

La dimensión minera resulta especialmente importante para el análisis económico, considerando que Bolivia dispone de una extensa actividad extractiva y de proyectos vinculados con minerales metálicos e industriales.

La disponibilidad de un corredor terrestre podría facilitar el acceso a servicios portuarios para determinadas cargas, dependiendo de sus características, costos de transporte, volúmenes y necesidades de almacenamiento.

En ese escenario, Iquique tendría la posibilidad de fortalecer su participación en el movimiento de insumos para la minería, maquinaria industrial y productos destinados a operaciones extractivas, además de evaluar nuevas oportunidades para la salida de minerales hacia mercados internacionales.

No obstante, la captación de estas cargas requerirá infraestructura especializada, condiciones de seguridad y ambientales adecuadas, así como una oferta logística competitiva frente a otros puertos.

La infraestructura portuaria debe responder a las características de las mercancías movilizadas, especialmente cuando se trata de carga de gran volumen, equipos industriales o productos que demandan condiciones específicas de manipulación y almacenamiento.

La nueva conexión también podría favorecer el transporte de productos agroindustriales y mercancías manufacturadas, siempre que los estudios comerciales demuestren ventajas concretas respecto de las alternativas existentes.

El desafío pendiente: mejorar la conectividad dentro de Tarapacá

El anuncio boliviano también plantea una interrogante fundamental para las autoridades chilenas: ¿está preparada la Región de Tarapacá para recibir un eventual incremento del transporte internacional de carga?

La construcción de una carretera al otro lado de la frontera constituye solamente una parte del desafío. Para que la conectividad se transforme en una verdadera oportunidad económica, será necesario disponer de rutas nacionales en condiciones adecuadas, infraestructura fronteriza, fiscalización y servicios logísticos que permitan una operación eficiente.

En este sentido, los antecedentes de integración entre Bolivia y Chile ya identificaban al Hito LX como un punto de acceso potencial hacia los puertos nacionales.

Documentos técnicos de coordinación fronteriza consignaron que desde Hito LX existe una conexión de aproximadamente nueve kilómetros por camino de ripio hasta la ruta vinculada con el sector de Collahuasi, permitiendo proyectar desplazamientos hacia Iquique y otros terminales del norte.

Aquellos antecedentes estimaban una distancia aproximada de 229 kilómetros entre el punto fronterizo y el Puerto de Iquique, cifra referencial que requiere actualizarse de acuerdo con las condiciones del trazado y las obras necesarias para habilitar el tránsito internacional regular.

Este dato demuestra que el proyecto posee antecedentes técnicos previos y no surge únicamente como una propuesta reciente. Sin embargo, también deja en evidencia la necesidad de desarrollar infraestructura complementaria dentro del territorio chileno.

La habilitación de un nuevo paso fronterizo demanda mucho más que una vía pavimentada. Requiere instalaciones para Aduanas, servicios migratorios, controles sanitarios, fiscalización del transporte y mecanismos de coordinación entre ambos países.

También será necesario evaluar la capacidad de las rutas para soportar camiones de alto tonelaje, considerando las condiciones geográficas del altiplano, las pendientes, los factores climáticos y los requerimientos de conservación vial.

Desde una perspectiva regional, el desafío es evitar que la inversión internacional avance a un ritmo superior al de las obras nacionales que deberían permitir aprovecharla.

Tarapacá conoce las dificultades asociadas a la conectividad terrestre, particularmente en rutas utilizadas por el transporte de carga y en los accesos hacia las áreas urbanas, portuarias y comerciales.

Por eso, una estrategia de integración debe contemplar tanto las carreteras fronterizas como las conexiones entre el interior, Alto Hospicio, la Zona Franca y el Puerto de Iquique.

Si estos elementos no avanzan de manera coordinada, la región podría enfrentar mayores presiones sobre su infraestructura sin obtener todos los beneficios económicos que promete la nueva conectividad.

Puerto de Iquique ve una oportunidad para fortalecer su competitividad

Desde Empresa Portuaria Iquique también se valoró el avance del proyecto carretero boliviano, considerando su potencial para fortalecer la vinculación comercial entre los países de la macrozona sudamericana.

La empresa manifestó su expectativa de que la iniciativa pueda concretarse y contribuir al desarrollo de nuevas alternativas de conectividad terrestre, especialmente con Bolivia, país que constituye uno de sus principales mercados.

El interés de EPI responde a una realidad económica que se ha visto reflejada en sus estadísticas operacionales. Aunque el mercado boliviano experimentó dificultades durante el primer semestre de 2026, el terminal iquiqueño logró incrementar su transferencia total de carga en un 4%, alcanzando 1.738.135 toneladas entre enero y junio.

En el mismo período, sin embargo, el tránsito de carga con origen y destino en Bolivia disminuyó un 14%, evidenciando la vulnerabilidad de las operaciones frente a interrupciones de las rutas y cambios en las condiciones económicas del país vecino.

Estos resultados refuerzan la importancia de diversificar las conexiones internacionales y disponer de alternativas que permitan reducir la dependencia de determinados corredores terrestres.

Una carretera hacia el sur boliviano podría ampliar el territorio comercial al que accede Iquique, pero para transformar ese potencial en movimiento efectivo de mercancías será necesario competir en tarifas, servicios, tiempos de operación y confiabilidad.

El comercio exterior no depende exclusivamente de la distancia entre dos puntos. Las empresas también consideran los costos portuarios, la disponibilidad de transporte, las condiciones de almacenamiento, la regularidad de los servicios marítimos y la rapidez de los procedimientos aduaneros.

Por ello, fortalecer las ventajas competitivas del Puerto de Iquique implica desarrollar una oferta integral capaz de atraer y mantener clientes internacionales.

Zofri y el comercio regional también podrían beneficiarse

La futura conexión Uyuni–Hito 60 adquiere especial importancia para la Zona Franca de Iquique, cuya actividad mantiene una relación histórica con comerciantes, transportistas e importadores bolivianos.

La posibilidad de contar con una ruta alternativa hacia el sur de Bolivia podría ampliar las oportunidades comerciales para las empresas instaladas en el sistema franco, favoreciendo la distribución de mercancías hacia nuevos centros de consumo.

Electrodomésticos, vestuario, repuestos, maquinaria, artículos electrónicos y diversos productos importados forman parte de las actividades comerciales que podrían verse favorecidas por una conectividad terrestre más eficiente.

Sin embargo, esta posibilidad deberá enfrentar los desafíos que actualmente afectan al comercio regional, entre ellos las dificultades de transporte internacional, los costos logísticos y la necesidad de fortalecer la infraestructura y los servicios vinculados a las operaciones fronterizas.

Para Tarapacá, contar con mejores carreteras representa una oportunidad de ampliar los mercados, pero también de consolidar su posición como centro de almacenamiento, distribución y comercialización de productos destinados al interior sudamericano.

El desafío será evitar que la región se convierta únicamente en un territorio de tránsito de mercancías, sin generar suficiente valor agregado ni nuevas oportunidades de desarrollo para sus habitantes.

En ese sentido, el fortalecimiento del sistema franco deberá acompañarse de mejores instalaciones, incorporación tecnológica, servicios especializados y estrategias comerciales orientadas a los mercados emergentes del continente.

La integración también puede abrir nuevas oportunidades turísticas

Aunque el comercio exterior constituye uno de los principales objetivos de la carretera, el mejoramiento de la conectividad también podría beneficiar al turismo internacional y a las comunidades ubicadas en el altiplano y el sur boliviano.

La zona de Uyuni posee uno de los atractivos turísticos más reconocidos de Sudamérica, mientras que Tarapacá dispone de importantes recursos patrimoniales, paisajísticos y culturales que podrían incorporarse a futuros circuitos binacionales.

Una mayor accesibilidad permitiría explorar rutas turísticas que vinculen el Salar de Uyuni con el altiplano chileno y la costa de Iquique, generando oportunidades para alojamientos, restaurantes, transporte turístico y emprendimientos de las comunidades locales.

Esta perspectiva adquiere relevancia porque la integración territorial no debería limitarse exclusivamente al movimiento de grandes camiones y mercancías.

El desarrollo de una ruta internacional también puede favorecer la movilidad de personas, los intercambios culturales y las actividades económicas de localidades que históricamente han enfrentado dificultades de conectividad.

No obstante, el turismo requerirá condiciones adecuadas de seguridad vial, habilitación fronteriza, servicios básicos e información para los visitantes.

Una decisión estratégica que exige coordinación entre Chile y Bolivia

La futura carretera Uyuni–Hito 60 representa una oportunidad de proyectar el desarrollo económico de Tarapacá hacia nuevos mercados, pero su verdadero impacto dependerá de las decisiones que adopten las autoridades de ambos países.

Bolivia avanza en una iniciativa destinada a mejorar su conectividad internacional, mientras Iquique observa la posibilidad de fortalecer su presencia dentro de las redes de comercio sudamericanas.

Para el alcalde Mauricio Soria, la importancia de esta conexión radica particularmente en que permitiría acercar al norte chileno a los territorios productivos del sur boliviano y ampliar sus vínculos con Paraguay y Brasil.

“Es un paso más que se suma. La importancia es la altura que tiene, 3.800 metros de altura, y que nos lleva directamente al camino más corto para llegar a Brasil. Nos une con el sur de Bolivia, nos une con Paraguay”, sostuvo el jefe comunal, al destacar el potencial estratégico de la ruta.

Sin embargo, demostrar que se trata del trayecto más competitivo requerirá estudios comparativos de distancia, tiempos y costos, además de verificar la continuidad de las conexiones proyectadas.

Desde la perspectiva del desarrollo regional, el debate no debería concentrarse solamente en la construcción de una nueva carretera. También debe incorporar una estrategia de inversiones que contemple la infraestructura portuaria, los accesos terrestres, los servicios fronterizos y las oportunidades económicas para las empresas locales.

La competencia por las cargas internacionales será cada vez más exigente. Los países del interior sudamericano disponen de distintas alternativas para movilizar sus productos y continuarán utilizando aquellas que les permitan operar con mayor eficiencia y menores costos.

En ese escenario, Tarapacá tendrá que competir con otros territorios y puertos del norte, ofreciendo condiciones atractivas para los operadores de comercio exterior.

El proyecto boliviano constituye, por lo tanto, una señal que debería impulsar una agenda concreta de coordinación entre el Gobierno Regional de Tarapacá, las autoridades nacionales, los municipios, EPI, los gremios de transporte, los usuarios de Zofri y los organismos responsables del control fronterizo.

El objetivo debe ser anticiparse a la futura demanda, identificar las inversiones prioritarias y generar condiciones que permitan aprovechar la integración comercial cuando la carretera entre en funcionamiento.

La licitación anunciada por Bolivia constituye un avance importante, aunque todavía restan etapas decisivas, como la adjudicación, construcción, habilitación de los accesos y puesta en servicio del corredor.

Para Iquique, el proyecto abre la posibilidad de ampliar su horizonte comercial hacia el interior del continente. Para Bolivia, significa avanzar en la diversificación de sus salidas hacia los puertos del Pacífico. Para Paraguay y Brasil, podría representar una alternativa adicional de conexión internacional, si se consolidan las rutas complementarias.

El gran desafío para Tarapacá será convertir esta oportunidad geográfica en una verdadera estrategia de desarrollo económico. Porque no bastará con que Bolivia construya una carretera hasta la frontera: Chile también deberá invertir, modernizar su infraestructura y preparar sus puertos para que el comercio bioceánico se transforme en crecimiento, empleo y nuevas oportunidades para la región.

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