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martes, octubre 20, 2026

Opinión

IQUIQUE: CUANDO UN PASO DE CEBRA SE CONVIERTE EN UN TACO INTERMINABLE

Autor

por diariolongino

Publicado

octubre 19, 2026

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La congestión vehicular no siempre se soluciona construyendo más calles. A veces, basta con gestionar mejor las que ya tenemos.

Iquique tiene un problema de tránsito que todos conocemos, que muchos sufrimos diariamente y que, sin embargo, pareciera no recibir la atención que merece. Me refiero a la congestión vehicular que se produce en distintos sectores de la ciudad, especialmente en nuestro borde costero, donde los pasos de cebra se han transformado, en determinados horarios, en verdaderos puntos de paralización del tránsito.

La situación es tan cotidiana como absurda: un peatón cruza, detrás viene otro, luego una pareja conversando, después alguien mirando su teléfono celular y así sucesivamente. Mientras tanto, decenas de vehículos permanecen detenidos, esperando una oportunidad para avanzar. En ocasiones, este flujo peatonal prácticamente ininterrumpido puede prolongarse durante cinco o seis minutos, sin que exista un mecanismo que permita ordenar razonablemente el desplazamiento de unos y otros.

Y quiero ser muy claro: no se trata de cuestionar el derecho preferente de los peatones, ni mucho menos de poner en riesgo su seguridad. Ese derecho está establecido en nuestra legislación y debe respetarse siempre. El verdadero problema no son las personas que cruzan, sino la ausencia de medidas de gestión que permitan compatibilizar ese derecho con el funcionamiento de una ciudad cada vez más exigida en materia de movilidad.

Porque también debemos preguntarnos: ¿es razonable que una avenida de alta circulación permanezca detenida durante varios minutos porque no existe una coordinación mínima de los cruces peatonales? ¿Es eficiente que cientos de personas pierdan tiempo en congestiones que podrían mitigarse mediante intervenciones relativamente simples? ¿Debemos resignarnos a que esto sea parte de la normalidad?

Lo preocupante es que todavía no comienza la temporada de playas en su máxima intensidad. Cuando miles de familias y turistas concurran a Cavancha, Playa Brava, los parques y los sectores de juegos infantiles, la presión sobre nuestras calles y avenidas será aún mayor. Si hoy ya existen dificultades para circular, resulta razonable anticipar un escenario más complejo durante el verano.

Y aquí es donde corresponde pasar de las quejas a las soluciones.

La Municipalidad de Iquique, en coordinación con la Seremi de Transportes y Telecomunicaciones y Carabineros, debiera evaluar urgentemente un plan especial de gestión del tránsito peatonal y vehicular en los puntos más congestionados del borde costero.

Una primera medida podría ser tan sencilla como disponer de personal debidamente habilitado en los cruces de mayor afluencia, especialmente durante los fines de semana y horarios punta, para orientar a los peatones, prevenir situaciones de riesgo y, cuando corresponda legalmente, facilitar una regulación coordinada del tránsito. No hablamos de grandes inversiones ni de soluciones tecnológicas sofisticadas, sino de presencia en terreno, planificación y voluntad de gestión.

Complementariamente, podrían estudiarse cruces semaforizados con tiempos peatonales adecuados, señalización preventiva, mejor distribución de los accesos y sistemas que permitan ordenar los flujos sin restringir arbitrariamente el derecho a cruzar. Todo ello considerando especialmente a niños, adultos mayores y personas con movilidad reducida.

Incluso sería perfectamente razonable implementar un plan piloto durante algunos fines de semana, medir los tiempos de espera, observar el comportamiento vehicular y peatonal y determinar qué intervenciones generan mejores resultados.

No necesitamos esperar un accidente, una situación de riesgo o un verano de congestión desbordada para comenzar a actuar.

Iquique necesita una mirada más moderna de la movilidad urbana. Una ciudad que aspira a fortalecer su atractivo turístico debe ofrecer condiciones adecuadas tanto a quienes disfrutan de sus espacios públicos como a quienes necesitan desplazarse para trabajar, trasladar a sus familias o desarrollar sus actividades cotidianas.

El derecho de un peatón a cruzar con seguridad y la necesidad de un conductor de circular de manera expedita no deberían convertirse en intereses enfrentados. Ambos forman parte de una convivencia vial que las autoridades tienen la responsabilidad de gestionar.

Porque el problema no se resuelve enfrentando a peatones contra automovilistas, sino reconociendo que una ciudad sin planificación termina haciendo perder tiempo a todos.

La temporada de playas está cada vez más cerca. Todavía estamos a tiempo de identificar los puntos críticos, coordinar a las instituciones y aplicar medidas preventivas.

Iquique no puede seguir administrando sus tacos con resignación. Necesita anticipación, soluciones y gestión en terreno.

Y quizás la pregunta más importante sea también la más sencilla: si sabemos dónde se producen los problemas y existen alternativas para abordarlos, ¿por qué tenemos que esperar a que llegue el caos para intervenir?

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