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sábado, mayo 9, 2026

Ciencia y Tecnología

Alerta por alza del nivel del mar reabre debate científico sobre cómo se mide el avance de la crisis climática

Autor

por diariolongino

Publicado

marzo 23, 2026

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Nuevas investigaciones advierten que el aumento de los océanos ya alcanzó niveles récord y que una falla en los métodos de medición podría estar subestimando el riesgo para millones de personas.

La subida del nivel del mar volvió a instalarse en el centro de la preocupación científica mundial, luego de que nuevas investigaciones confirmaran que el promedio global alcanzó máximos históricos y que sus efectos podrían ser más severos de lo estimado hasta ahora. El fenómeno, asociado directamente al calentamiento global, amenaza a vastas zonas costeras del planeta y mantiene en alerta a investigadores, gobiernos y organismos internacionales por el riesgo creciente de inundaciones, erosión costera y
desastres naturales. En 2023, el nivel medio global del mar marcó un récord en la era satelital, mientras la tendencia de aumento sigue acelerándose en las últimas décadas.

La discusión, sin embargo, ya no se limita únicamente al incremento del nivel del océano. Parte de la comunidad científica advirtió recientemente que existe una falla crítica en los mecanismos que se han utilizado para medir el impacto real de este fenómeno, debido a que en numerosos análisis predominan modelos teóricos por sobre datos observacionales directos del terreno. Esa diferencia metodológica podría haber llevado a subestimar la exposición de territorios costeros y de poblaciones enteras
frente al avance del mar. Un estudio reciente difundido este mes indicó que gran parte de las evaluaciones anteriores podría haber calculado por debajo la altura real del agua en sectores vulnerables, con diferencias cercanas a 30 centímetros.

El debate científico cobra aún más relevancia si se considera la magnitud del cambio ya registrado. De acuerdo con registros climáticos internacionales, el nivel medio global del mar ha subido entre 21 y 24 centímetros desde fines del siglo XIX, mientras que entre 1993 y 2023 el alza acumulada fue de 11,1 centímetros, con una aceleración sostenida del ritmo anual. La tasa de aumento, que en 1993 bordeaba los 2,1 milímetros por año, ya se elevó a cerca de 4,5 milímetros por año en 2024, lo que
confirma que el fenómeno no solo persiste, sino que se intensifica.

Las causas de esta variación son conocidas, pero sus efectos aparecen cada vez más difíciles de contener. El calentamiento global, provocado principalmente por la emisión de gases de efecto invernadero, está elevando la temperatura del océano y acelerando el derretimiento de glaciares y capas de hielo continentales. A ello se suman fenómenos climáticos como El Niño, que pueden amplificar temporalmente la subida anual del mar. NASA informó que entre 2022 y 2023 el océano aumentó
aproximadamente 0,76 centímetros, un salto particularmente alto atribuido tanto al
calentamiento climático como al desarrollo de un fuerte evento de El Niño.

Las consecuencias de este proceso ya no son una proyección lejana. Estudios publicados en revistas científicas de alto impacto advierten que la subida del nivel del mar supone un riesgo elevado para extensas tierras bajas costeras, incluyendo deltas fluviales y llanuras densamente pobladas de baja elevación. En estos territorios, incluso pequeñas variaciones en la altura del mar pueden traducirse en inundaciones más frecuentes, intrusión salina, pérdida de infraestructura crítica y desplazamiento de
comunidades completas. Las advertencias apuntan a que más de 130 millones de personas podrían verse afectadas en distintos grados si la tendencia continúa y si las herramientas de evaluación siguen subestimando el verdadero alcance del problema.

La preocupación de los especialistas se concentra hoy en la brecha entre lo que muestran los modelos y lo que realmente ocurre en terreno. Durante años, muchos análisis de riesgo costero se apoyaron en mediciones satelitales o cálculos de elevación que, si bien fueron útiles para construir escenarios globales, no siempre reflejan con precisión la topografía real de zonas habitadas. Esa diferencia puede
parecer técnica, pero tiene un efecto directo sobre la planificación urbana, las obras de mitigación, los seguros, la respuesta ante emergencias y las políticas públicas de adaptación climática.

Por eso, el nuevo foco de la discusión científica no solo exige reconocer que el nivel del mar está subiendo, sino también revisar con urgencia la forma en que se mide ese ascenso. La advertencia es clara: si los instrumentos actuales no están captando con exactitud la magnitud del riesgo, millones de personas podrían estar más expuestas de lo que se pensaba. En esa línea, los investigadores insisten en la necesidad de fortalecer el monitoreo con datos reales, mejorar los sistemas de observación costera y
ajustar los modelos de predicción para evitar diagnósticos incompletos frente a una amenaza que ya dejó de ser teórica.

El alza del nivel del mar se ha convertido así en uno de los indicadores más concretos del avance de la crisis climática global. No se trata únicamente de una cifra o de una proyección estadística, sino de una señal que compromete la seguridad de ciudades costeras, puertos, ecosistemas y comunidades enteras. En medio de ese escenario, la ciencia advierte que el desafío no es solo frenar el calentamiento, sino también medir bien sus efectos antes de que las consecuencias superen la capacidad de reacción.

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