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Vecinos de Dunas 1 acusan foco infeccioso y “plaza bohemia” junto a capilla: exigen intervención urgente en el sur de Iquique

Autor

por diariolongino

Publicado

enero 9, 2026

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Denuncia ciudadana

  • Residentes del sector Tadeo Haenke denuncian acumulación de basura, bolsas rotas, botellas y latas, presencia nocturna ligada a consumo de alcohol y drogas, además de alimentación de palomas que —según relatan— habría detonado episodios de picaduras y afectación sanitaria en viviendas cercanas.

Una denuncia ciudadana encendió las alarmas en la Población Dunas 1, en el acceso por avenida Tadeo Haenke hacia el sur de Iquique, donde vecinos advierten una degradación sostenida del entorno que, aseguran, ya traspasó el límite de la molestia para transformarse en un problema de salud pública y seguridad. El reclamo apunta a un punto específico: el área de asientos tipo plaza ubicada en el cuadrante de calles La Tirana con El Monte y el Pasaje Los Promeseros, en las inmediaciones de la capilla “Nuestra Señora de la Esperanza”.

El mensaje, firmado por un vecino identificado como Diego Portales Butler, describe un escenario que combina suciedad crónica, residuos asociados a consumo nocturno de alcohol y drogas —botellas, latas y desechos— y un fenómeno adicional que, para los residentes, agrava el riesgo sanitario: la alimentación de palomas por parte de una persona que, según la denuncia, acude desde fuera del sector para arrojar migas sin considerar el potencial de transmisión de parásitos y enfermedades. En su relato, el vecindario ya habría sufrido consecuencias directas, como picaduras en el cuerpo, afectación en ropa de cama y prendas tendidas, además de un impacto en el bienestar de familias que conviven con el foco.

Más allá del tema de las aves, la denuncia pone el acento en la basura como síntoma y como causa. Los vecinos sostienen que en el sector se acumulan desperdicios a la intemperie debido a personas que rompen bolsas negras para hurgar su contenido, dejando restos esparcidos en calles y esquinas. Una de las zonas señaladas es la intersección de calle El Monte con Pasaje Los Promeseros, donde, según describen, los residuos quedan expuestos por horas o días, atrayendo roedores e insectos, y elevando el riesgo de infección en un punto que debería ser un espacio comunitario seguro.

El relato también apunta a un uso nocturno del lugar que, aseguran, se ha vuelto habitual: concentraciones de personas durante la noche, con consumo de alcohol, “piteo” y presunta circulación de drogas. La denuncia menciona además sectores anexos, como el costado de una escalera de cemento detrás del recinto religioso hacia el sur, donde los residentes perciben conductas que consideran impropias y riesgosas para el barrio. La crítica es directa: la falta de control, vigilancia y mantención estaría convirtiendo un espacio de encuentro en un punto de deterioro urbano que afecta a quienes viven alrededor.

En el fondo, la acusación ciudadana expone un problema recurrente en distintas zonas de la ciudad: cuando un lugar queda sin supervisión, sin limpieza constante y sin fiscalización efectiva, la vida cotidiana se vuelve cuesta arriba para quienes no tienen alternativa más que convivir con el desorden. El reclamo no apunta sólo a los autores de estas conductas, sino también a la respuesta institucional, que los vecinos consideran insuficiente o inexistente frente a situaciones que se repiten y escalan.

Por lo mismo, el llamado es amplio y busca que el tema no quede reducido a un trámite. En su denuncia, los residentes solicitan intervención del municipio, del alcalde, del concejo municipal y de autoridades regionales, además de Carabineros y la PDI, para abordar el problema de manera integral: limpieza, retiro de basura, reparación del entorno, patrullajes preventivos, fiscalización del consumo de alcohol en la vía pública y medidas concretas para evitar que el lugar siga operando como punto de encuentro nocturno con impacto negativo en el vecindario.

La denuncia también instala un punto incómodo, pero necesario: la convivencia urbana requiere reglas mínimas, y cuando estas se vulneran, el costo lo pagan los mismos de siempre. La presencia de focos infecciosos, la proliferación de residuos, el riesgo de plagas y la ocupación nocturna sin control no sólo deterioran la imagen del barrio; comprometen la salud y el descanso de las familias, especialmente de niños, personas mayores y quienes deben enfrentar condiciones de insalubridad dentro de sus propios hogares.

Desde el sector, el mensaje final es claro: no se trata de una queja aislada ni de un conflicto menor, sino de un problema perjudicial para toda la comunidad, que requiere acciones visibles y coordinación real entre instituciones. Para los vecinos de Dunas 1, el tiempo de esperar se agotó y la denuncia pública busca precisamente eso: que la autoridad deje de mirar para el lado y tome cartas en un asunto que, aseguran, ya les pasó la cuenta.

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