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Trump sacude al cobre: Chile y Perú entre el arancel sorpresa y la oportunidad energética

Autor

por diariolongino

Publicado

julio 14, 2025

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  • El reciente anuncio de Donald Trump de imponer un arancel del 50% a las importaciones de cobre ha estremecido los mercados internacionales y encendido las alarmas en los mayores países productores. Chile y Perú, responsables de una porción significativa de las reservas y exportaciones globales de cobre, se encuentran en una encrucijada. Este reportaje explora con tono técnico y accesible si ambas naciones podrán convertir esta amenaza en una oportunidad, o si el golpe a sus economías será demasiado fuerte. Las cifras, reacciones y posibles escenarios revelan un panorama complejo donde un giro de la política comercial de EE.UU. puede redibujar el futuro de la industria cuprífera.

La dependencia de EE. UU. del cobre chileno y la respuesta cautelosa de Chile

Chile, el mayor productor mundial de cobre, enfrenta una situación delicada tras el anuncio de Trump. Estados Unidos depende fuertemente del cobre chileno: entre 2020 y 2023 Chile representó cerca del 65% de las importaciones estadounidenses de cátodos de cobre (cobre refinado en placas), muy por encima de Canadá (17%), México (9%) y Perú (6%). Tan solo en 2024, EE. UU. consumió 1,6 millones de toneladas de cobre refinado, de las cuales alrededor del 36% fue provisto por Chile. Esto significa que actualmente Estados Unidos no podría cubrir rápidamente su demanda sin el cobre chileno. De hecho, su producción interna de cobre fue de apenas 1,1 millones de toneladas en 2024, frente a un consumo de 1,6 millones. Esta brecha resalta la capacidad productiva limitada de EE. UU. y su elevada dependencia de las importaciones.

Joaquín Villarino, presidente del Consejo Minero de Chile, enfatizó este punto al conocer la noticia. “Chile importa más de lo que exporta a Estados Unidos y provee más del 50% del cobre que consume Estados Unidos. Ellos no tienen la capacidad de producir su demanda de manera muy rápida”, explicó Villarino. Poner en marcha nuevos yacimientos mineros toma años, recordó, debido a los permisos y las inversiones requeridas, por lo que sustituir el cobre chileno a corto plazo sería inviable para EE.UU. En otras palabras, el cobre chileno es esencial en la cadena de suministro estadounidense, especialmente en forma de cátodos (placas de cobre de alta pureza utilizadas para fabricar cables, tubos, componentes electrónicos y automotrices).

Por su parte, el gobierno de Chile ha reaccionado con cautela diplomática. La ministra de Minería, Aurora Williams, subrayó que “no ha habido una notificación oficial y, en consecuencia, tampoco conocemos los alcances precisos de estas decisiones que se han comunicado en términos todavía muy generales”. En espera de conocer más detalles sobre la medida de Washington, Chile mantiene la prudencia. Solo aproximadamente un 11% de la producción chilena de cobre tiene como destino Estados Unidos, y el resto se exporta principalmente a otras naciones (más del 50% va a China). No está claro aún si el arancel de Trump incluirá a todos los productos de cobre, como los cátodos, o solo al mineral en bruto, ni si habrá excepciones para algunos países aliados. Esa incertidumbre ha llevado al Gobierno chileno –incluido el presidente Gabriel Boric– a “reaccionar con cautela” y exigir comunicaciones oficiales antes de tomar acción. “En diplomacia no se hace política por redes sociales… Estamos esperando la comunicación oficial de Estados Unidos respecto a cuál va a ser la política, si es que incluye o no los cátodos de cobre, cuáles son los límites, si es que efectivamente se va a llevar adelante o no”, declaró Boric.

Donald Trump presidente de los EE.UU

Máximo Pacheco, exministro de Energía y actual presidente del directorio de Codelco (la mayor productora de cobre del mundo), también pidió calma frente a la noticia. Aseguró que “el mundo y EE.UU. necesitarán cada día más cobre para enfrentar la transición energética”, reafirmando que Codelco seguirá siendo un proveedor seguro y confiable para sus clientes globales. Pacheco recalcó que Chile cuenta con ventajas: “somos y seguiremos siendo un proveedor seguro, por lo que estamos muy tranquilos”. No obstante, admitió que es razonable pensar que la medida de Trump busca estimular la industria local estadounidense, y cualquier acción en esa línea debe considerar el impacto en la cadena de suministro de EE.UU., que depende en buena medida del cobre chileno.

En síntesis, Chile reconoce que está ante un desafío inédito: un socio comercial clave amenaza con un alto arancel a su principal producto de exportación (el cobre representó más de US$49.700 millones en exportaciones chilenas en 2024). Aunque la participación de EE. UU. en el total de envíos chilenos no es dominante, la preocupación radica en los efectos secundarios que un arancel así podría traer, desde la posible distorsión en los flujos comerciales hasta presiones para redirigir exportaciones a otros mercados.

El impacto limitado en Perú y sus riesgos indirectos

A diferencia de Chile, el impacto directo de los aranceles de Trump sobre Perú sería más acotado. Perú es el tercer mayor productor global de cobre (solo por detrás de Chile y la República Democrática del Congo), pero Estados Unidos no es un comprador principal de su metal rojo. Según José Gonzales, analista y editor internacional de la revista Rumbo Minero, apenas el 3% del cobre que exporta Perú tiene como destino EE. UU., por lo que “el golpe directo a las exportaciones sería marginal”. Datos de la Sociedad de Comercio Exterior del Perú confirman que en lo que va de 2025 Estados Unidos ha representado solo 1,66% de las exportaciones cupríferas peruanas, mientras que China concentra cerca del 73%. En 2024 entero, la proporción fue similar: alrededor de 2–3% a EE. UU. versus más de 70% a China.

Sin embargo, los expertos advierten que Perú podría verse afectado por vías indirectas. Gonzales señaló que si los aranceles se extienden a productos de cobre procesados en terceros países (por ejemplo, cobre peruano refinado en China o Vietnam y luego incorporado a productos que se envían a EE. UU.), el impacto sería mayor. Si el arancel se aplica considerando el país de tránsito en lugar del país de origen, los márgenes de exportación peruana podrían verse seriamente comprometidos”, explicó Gonzales. Es decir, si EE. UU. penaliza también las importaciones de componentes o manufacturas de cobre procedentes de Asia, Perú sufriría una caída en la demanda de su cobre por parte de sus principales compradores (como China), quienes podrían exportar menos a Norteamérica debido al sobrecosto arancelario.

Otra clave es si el arancel del 50% abarcará solo el mineral en bruto (concentrados de cobre sin refinar) o también productos derivados (cátodos, alambrón, aleaciones, etc.). “Si es solo cobre como mineral en bruto, Estados Unidos no es un destino relevante, entonces el efecto sería relativamente pequeño… Si se incluyen derivados, ahí sí las exportaciones son mayores”, comentó Edgar Vásquez Vela, director del Centro de Investigación de Economía y Negocios Globales CIEN-ADEX. Vásquez precisó que en 2024 Perú exportó cerca de US$900 millones en productos de cobre con valor agregado (como chapas, cátodos, alambres). Aunque esa cifra es modesta frente al total de US$74.000 millones exportados por el país en todos los rubros, no deja de ser significativa a nivel sectorial. De incluirse estos productos elaborados en el arancel, algunos envíos peruanos que hoy van a Estados Unidos podrían encarecerse y perder competitividad.

Paradójicamente, la noticia del arancel ha coincidido con un repunte en el precio internacional del cobre, lo que podría ofrecer a Perú un beneficio a corto plazo. El ministro de Economía y Finanzas peruano, Raúl Pérez-Reyes, destacó que el alza en los precios del cobre –desencadenada en parte por el anuncio de Trump– “podría beneficiar los ingresos fiscales del país en el corto plazo”, dado que una cotización más alta del metal implica mayores ingresos por exportaciones y regalías. El cobre es clave para la economía peruana, representando casi 40% de las exportaciones tradicionales en valor, por lo que un “precio más alto puede traducirse en mayor recaudación tributaria”. Sin embargo, Pérez-Reyes advirtió que este beneficio solo se materializará “siempre que no haya una disrupción mayor en los mercados de destino”. Es decir, Perú cruza los dedos para que la escalada comercial no se salga de control: una guerra arancelaria abierta entre EE. UU. y China –su principal cliente de cobre– podría minar la demanda global y generar volatilidad en los precios, contrarrestando cualquier ganancia inmediata. De hecho, el propio ministro reconoció el riesgo de una nueva guerra comercial global, cuyos efectos podrían “alterar el panorama” para el Perú al presionar costos logísticos y cambiar las rutas comerciales donde Perú participa como proveedor estratégico.

En resumen, para Perú el efecto inmediato del arancel anunciado por Trump sería limitado en cifras absolutas –un golpe más político que comercial–. Pero los efectos secundarios podrían sentirse en la medida en que el cobre peruano está insertado en cadenas globales: precios internacionales, demanda desde China, e incluso la confianza de inversionistas en el sector minero local. Las autoridades peruanas y el gremio minero se mantienen en alerta, analizando el contenido legal del anuncio estadounidense y listos para responder si la situación escala.

Oportunidades en la transición energética y diversificación de mercados

Tanto Chile como Perú coinciden en que las políticas de Trump representan un desafío, pero podrían convertir ese desafío en oportunidad si juegan bien sus cartas. La demanda global de cobre tiene un impulso estructural de fondo: la transición hacia energías limpias y la electrificación de la economía. El cobre es un insumo crítico para motores eléctricos, redes de energía, vehículos eléctricos y baterías, por lo que muchos analistas proyectan un mercado alcista para este metal en la próxima década. En palabras de Máximo Pacheco (Codelco), “el mundo necesita cada vez más cobre” para afrontar la transición energética.

Esta tendencia podría jugar a favor de Chile, siempre que el país logre diversificar sus mercados y mantener su reputación de proveedor confiable.

La ministra chilena Aurora Williams insinuó esta vía al señalar que la creciente demanda global por cobre es “una gran oportunidad para el cobre chileno para poder instalarse en otros mercados”, aprovechando eventuales espacios que dejen las tensiones entre EE. UU. y sus proveedores. De hecho, Chile ya exporta más cobre a China que a cualquier otro país (aproximadamente la mitad de sus envíos van al gigante asiático), por lo que podría profundizar esos lazos o buscar nuevos socios en Asia y Europa para reducir su exposición al mercado estadounidense. Asimismo, la sólida posición de Codelco como minera estatal le da al gobierno chileno cierta flexibilidad para coordinar estrategias nacionales. “Chile, como primer productor mundial y con su principal empresa minera estatal, tiene más facilidades para adecuar su política nacional del cobre”, opina Dante Vera, director de la consultora V&C Analistas. Esto podría traducirse en incentivos para agregar valor localmente o en alianzas estratégicas con consumidores clave de cobre.

Por su parte, Perú ve una coyuntura para fortalecer sus relaciones comerciales con otros países, especialmente China. Ya hoy, China absorbe cerca de tres cuartas partes del cobre peruano, pero existen otros mercados emergentes en Asia y Europa con apetito por materias primas que Perú podría explorar. El analista Dante Vera comenta que Perú tiene una ventaja geopolítica en su relación con China que podría capitalizar más agresivamente. Lo que debe buscar Perú es lograr un equilibrio justo para los intereses del país, seguros de nuestro potencial minero, y asegurar que el cobre –junto al litio– sea clave para dejar una huella global en la transición energética”, señala Vera. n esa línea, recomienda ampliar las exportaciones de cobre hacia China y otros países de la Cuenca del Pacífico, así como industrializar más la producción interna. Esto último implicaría que Perú no solo extraiga y concentre cobre, sino que desarrolle industrias para producir bienes como alambrón de cobre, cables o aleaciones, capturando mayor valor agregado local. De esa forma, Perú reduciría su vulnerabilidad ante vaivenes de precios o aranceles externos, exportando productos de cobre con mayor valor que podrían encontrar clientes diversificados.

En el plano diplomático, ambos países también pueden buscar espacios de diálogo multilateral. Chile y Perú podrían apoyarse en mecanismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) o en sus tratados de libre comercio vigentes con EE. UU. para objetar o negociar excepciones al arancel, si es que este llega a implementarse plenamente. Cabe recordar que Chile tiene un TLC con Estados Unidos desde 2004, y Perú desde 2009, acuerdos que podrían incluir cláusulas de consultas ante medidas restrictivas. Al mismo tiempo, las autoridades chilenas han convocado mesas de trabajo público-privadas para evaluar el escenario (el presidente Boric incluso anunció la conformación de un grupo transversal de expertos para abordar el tema arancelario). Estas acciones sugieren que, más allá de las declaraciones públicas, ambos países se preparan proactivamente para mitigar el impacto y buscar salidas beneficiosas.

Impacto en los mercados: precios al alza y divisas en movimiento.

La sola noticia del arancel de 50% provocó reacciones inmediatas en los mercados. En la Bolsa de Metales de Londres y el mercado de futuros de Nueva York, el precio del cobre saltó abruptamente ante el temor de restricciones: llegó a subir más de 17% intradía, marcando el mayor avance diario desde al menos 1988, antes de estabilizarse con una ganancia de 8,2% al cierre. En términos prácticos, la cotización rozó los US$5,68 por libra (unos US$12.500 por tonelada) en el pico del sobresalto. Esta subida repentina refleja compras de pánico y cobertura de inventarios –los compradores se apresuraron a asegurar cobre antes de agosto– más que un cambio inmediato en los fundamentos del mercado. “Esa subida es de corto plazo, ya que los compradores se están anticipando y buscan mayor inventario antes de que entren en vigor los aranceles. Aún no hay una revalorización real”, explicó César Huiman, analista senior de Renta4 SAB. Es decir, el mercado está tratando de descontar el efecto potencial futuro del arancel, pero persiste la incertidumbre sobre si el precio elevado se mantendrá.

En los mercados de divisas, la decisión de Trump también generó movimientos notables. Tras el anuncio, el dólar estadounidense se debilitó frente a las monedas de Chile y Perú, en parte debido a la expectativa de mayores ingresos en divisas por un cobre más caro. En Perú, el sol experimentó una apreciación: se proyecta que el tipo de cambio pase de S/ 3,55 a alrededor de S/ 3,50 por US$1 en el corto plazo. A su vez, en Chile, el peso ganó terreno inicialmente por la subida del cobre, aunque luego mostró volatilidad y cotiza en torno a 942 pesos por dólar. Analistas prevén que la moneda estadounidense podría continuar a la baja si el apetito global por cobre sigue firme. La demanda por cobre se mantendrá firme, lo que podría seguir impulsando una apreciación del sol frente al dólar”, observó Diego Marrero, portfolio manager de la firma financiera Blum. Un cobre caro típicamente mejora los términos de intercambio para países productores (ingresa más dinero por exportaciones), fortaleciendo sus monedas, aunque también puede encarecer sus costos internos si aquellas monedas se aprecian demasiado.

MINA PIERINA EN HUARAZ, PERU. Alvaro de la Fuente/TRIPLE.CL

Otro factor a monitorear es la sostenibilidad de los altos precios del cobre. “El mercado está aún tratando de determinar si los precios altos del cobre pueden mantenerse a largo plazo”, señala Javier Gamboa, gerente de riesgos financieros de Rímac Seguros. Si la cotización se mantiene elevada de forma persistente, “será un viento a favor para Perú y Chile y sus respectivas balanzas comerciales, por un efecto precio favorable”, afirmó Gamboa, aludiendo a que ambos países podrían ver entradas récord de divisas por exportaciones. Sin embargo, esa situación ideal dependerá de que la puja arancelaria no descarrile la demanda. Un precio demasiado alto, combinado con un arancel prohibitivo, podría llevar a fabricantes estadounidenses a buscar sustitutos o reducir consumo, enfriando eventualmente el mercado. Asimismo, no se descarta la respuesta de China u otros países ante una eventual guerra comercial: represalias o cambios en políticas de stock de metales podrían sumarse a la volatilidad.

Conclusiones: entre la espada arancelaria y la pared del mercado

El anuncio de un arancel del 50% al cobre por parte de Donald Trump supone un terremoto para la industria cuprífera, pero sus ondas expansivas tienen matices distintos para Chile y Perú. Para Chile, principal proveedor de cobre de EE. UU., la medida despierta alarmas sobre la seguridad de la demanda estadounidense y obliga a pensar en estrategias de diversificación más agresivas. No obstante, Chile confía en su posición dominante en la producción mundial y en la necesidad insoslayable de su cobre en la economía global, lo que le da poder de negociación. Para Perú, el golpe directo es menor –sus envíos a EE. UU. son reducidos– pero ningún productor está completamente a salvo en un mundo interconectado: las cadenas de suministro globales y los precios internacionales terminarán reflejando cualquier alteración del equilibrio entre oferta y demanda. En este escenario de incertidumbre, amenaza y oportunidad van de la mano. Si bien un arancel de esta magnitud podría trastocar flujos comerciales establecidos hace décadas, también puede forzar a los países productores a innovar y fortalecer sus posiciones. Chile y Perú podrían salir fortalecidos si logran convertir la crisis en catalizador de cambios positivos: ampliando mercados, sumando valor a sus exportaciones y participando activamente en la revolución de la energía limpia que promete sostener la demanda de cobre en el largo plazo. Por ahora, ambos países enfrentan el desafío con mesura y preparan respuestas fundamentadas en datos y diplomacia. La verdadera prueba vendrá en las próximas semanas y meses, a medida que se definan los detalles de la política arancelaria de EE. UU. y que el mundo observe si la “gran jugada” de Trump con el cobre resulta ser un movimiento estratégico de largo alcance o simplemente un amague en el tablero global.

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