Emprendimiento y Negocios
La mitad de las pymes chilenas está en manos de adultos mayores
Autor
por diariolonginoPublicado
diciembre 26, 2024Tiempo de lectura

La Comisión para el Mercado Financiero (CMF) acaba de evacuar un revelador informe donde detalla la realidad de una población que –ya envejecida– aporta al país, a pesar de carecer de “inclusión financiera”. Acá, una mirada desde las ciencias sociales al poder que ejercen “las sienes plateadas” sobre la economía y que las bajas pensiones sólo se encargan de potenciar todavía más.
Isabel Frías
Periodista UC
Una extraña sorpresa se han llevado los principales editores económicos de la prensa nacional al constatar que los Adultos Mayores han sido motivo de análisis y estudio por la mismísima Comisión para el Mercado Financiero (CMF), entidad que durante décadas se llamó oficialmente Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras y que en algún momento –más extraño todavía– adquirió esa denominación críptica de CMF, mutando de superintendencia a simple “comisión”.
Aquella transformación fue muy opaca, al menos en términos mediáticos y un número reducido de personas percibió esa metamorfosis que ocurrió sin mucha discusión pública. No obstante –en atención a los hechos–, esta poderosa institución del aparato público chileno mantuvo todas las atribuciones fiscalizadores que nuestro Estado de Derecho les confiere, por ejemplo, a las Superintendencias que vigilan a las AFP, los establecimientos educacionales y también las instituciones de salud y que son muy relevantes puesto que a puñado de organismos puede recurrir el ciudadano común cada vez que se sienta vulnerado frente a su AFP, en su Cesfam, el colegio o la universidad de sus hijos, el Hospital donde se atiende, en su empresa proveedora de electricidad o agua potable, y hasta la entidad bancaria donde maneja su dinero más personal.

VIGILANDO LA CORRUPCIÓN
Esta introducción algo extensa para presentar a la CMF es del todo pertinente si se atiende a los numerosos focos de corrupción que se han destapado en los últimos años, con escándalos que han afectado (y lo siguen haciendo) a empresas muy reputadas como la Corredora Larraín & Vial, y otras como las pertenecientes al Grupo Jalaff, el Grupo Patio, a los audaces emprendedores de los Factory, ese que hoy tiene en la cárcel a los hermanos Ariel y Daniel Sauer, por citar ejemplos más recientes y emblemáticos.
Lo que ocurre es que, por alguna razón no del todo analizada, en nuestra sociedad a los grandes y poderosos empresarios no les gusta que se difunda masivamente las suculentas ganancias que obtienen con sus actividades, todas muy legales y lícitas. Ellos prefieren breves apariciones “Tipo Teletón”, que los muestran como donantes generosos: “En Chile es mal visto ganar mucho dinero”, reconocen en privado todos ellos, evitando exponerse.
No obstante, aislando el factor estrictamente financiero y sin importar los montos implicados, lo cierto es que la mayoría de los grandes empresarios de nuestro país son personas que llegaron hace rato a los 60 años o están cercanas a hacerlo. Lo cual es perfectamente lógico: Se llega a una posición acomodada luego de sostener una trayectoria larga de trabajo, inversiones muy pensadas y aplicación 24/7.
De hecho, cualquier fórmula demasiada meteórica de obtención de riqueza es muy excepcional (como ganarse un premio de azar, una herencia) y el sentido común ve una señal alarmante en los casos “del camino corto” porque develan una actividad ilícita. Por otro lado, al mirar los RUT de los controladores de las empresas que se transan en la Bolsa y están en el IPSA, de inmediato se constata que en nuestro país la gente joven que aparece como cara visible de los grandes grupos económicos son empleados con rango de Gerente, pero sólo empleados al fin y al cabo. “Los que roncan son siempre gente mayor”, se admite en los espacios de elite.
LA PYME PLATEADA
La buena noticia es que este fenómeno –que es generacional y a la vez cultural– también se replica de manera muy parecida a nivel de Pequeña y Mediana Empresa (Pyme). Porque si alguien asocia los emprendimientos a personas en los 30 o 40 años, los datos duros indican que “las canas” también lideras las Pymes chilenas.
De eso da cuenta, precisamente, el último informe titulado “Capacidades Financieras de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas” que evacuó la CMF en colaboración con la Corporación Andina de Fomento (CAF o Banco de Desarrollo de América Latina), donde se constata que en Chile más del 50% de los emprendimientos son encabezados por mayores de 60 años.

Realizado entre marzo y mayo de 2024, dicho estudio se basó en una muestra de 307 gestores y es el primero en su tipo en nuestro país que ha sorprendido por este hallazgo de la real participación importancia de la Tercera Edad en nuestra economía.
La investigación, además, entra en terrenos bien complejos, ya que logra determinar que de ese universo –que cuentan con una capacidad financiera promedio del 63,2%– solo un 10% de las empresas muestra niveles altos de alfabetización financiera, lo que deja muy expuesta la sostenibilidad de estos negocios.
Dicho de otra manera, la gente mayor que emprende o lidera negocios solventes, tiene fallas potentes en materia de inclusión financiera y, de paso, una gran distancia con ese mundo digital en que se dan las transacciones actuales.
Aunque no está analizado en profundidad, algunos especialistas en servicios financieros como Pablo Sánchez Trullenque se han atrevido a tomar la palabra sobre el fenómeno económico, social y demográfico que experimenta Chile: “El envejecimiento poblacional y la baja cobertura (monto) de las pensiones han impulsado a muchos a buscar independencia financiera mediante el emprendimiento, lo que también les permite mantenerse vigentes y activos en la sociedad”, asegura, aunque de inmediato reconoce que la falta de familiaridad con herramientas digitales y las restricciones que sufre este grupo para acceder a crédito los limita tremendamente a la hora de robustecer y dar viabilidad sus negocios.
NUEVAS HERRAMIENTAS
Resulta llamativo que los expertos, todos bastante jóvenes, ven en esta situación la existencia de barreras y factores “muy estructurales” que están obstaculizando el desarrollo financiero incluso de las MIPYME, sigla que incluye a las microempresas que son las que pueden contar desde 1 y hasta 9 empleados.
Entre esos impedimentos o brechas se menciona además la resistencia cultural al cambio tecnológico de las propias personas mayores, un acceso escaso a la buena educación financiera y costumbres arraigadas en torno a la informalidad en el manejo contable, que ahora está extraordinariamente profesionalizado. Pero, en medio de ese panorama con apariencia de adverso, hay instituciones que exhiben mejor musculatura para ayudarlos como es la plataforma digital del Servicio de Impuestos Internos. Y hay otras entidades que están hace un tiempo dedicando esfuerzos en esa misma línea como Sercotec y ciertos programas muy focalizados del Ministerio de Economía. SENCE claramente podría hacer mucho “más gestión” que la actual.

Cabe destacar que el potente informe de la CMF se encargó de exponer también brechas de género en el acceso y uso de instrumentos financieros, cruzando de manera inesperada la mayor edad con el sexo o género de estos adultos mayores que están de lleno en la actividad productiva, el sueño hecho realidad para cualquier ministro de Hacienda.
De ese modo, si el 89% de los hombres tiene alguna cuenta de administración de efectivo, esta cifra cae al 84% en el caso de las mujeres. “Los sesgos de género, entiéndase los prejuicios, son un factor crítico en las en las evaluaciones de riesgo que hacen los bancos de la gente adulta mayor”, admiten transversalmente los analistas chilenos que insisten en mostrar la tecnología y la inteligencia artificial como herramientas que ayudan a combatir preconceptos equivocados hacia las mujeres.
Por otro lado, los bancos han sido históricamente la principal fuente de financiamiento formal, pero lamentablemente sus servicios aún están “demasiado” orientados a atender a grandes empresas y grandes empresarios, en tanto a los adultos mayores que tienen Mypymes se les ofrece tasas de interés más altas y tramitación excesiva.
Para este grupo –discriminado por su edad, hay que reconocerlo– las plataformas fintech se abren como una opción atractiva, porque las tasas de entre el 3% y el 10% mensual que antes les aplicaban, ahora han logrado bajarlas al 2%. El drama radica en el desconocimiento de estos nuevos recursos, pero son un aliciente que recién está desplegándose porque –tal como ya envejece Chile– al final de esta década el poder económico de los adultos mayores debiera encontrar mejores derroteros y donde la Reforma de Pensiones pendiente ejercerá una presión de la que nadie habla: Las bajas pensiones sólo obliga a una masa populosa de chilenos y chilenas, cada vez mayores, a prolongar su empleabilidad para mantener su subsistencia cotidiana.
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