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La influencia de los vecinos en mujeres que trabajan

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Académica del CEP y la U. de Chile afirma que las interacciones sociales a nivel del vecindario pueden impactar positivamente la decisión de participar en el mercado de trabajo. Una reflexión que repone el debate sobre las dificultades de las mujeres para ingresar en el mundo laboral y cómo el barrio puede “hacer la diferencia” en la presencia laboral de las chilenas.

Isabel Frías

Periodista U.C.

Aunque en relación a la temática de la mujer existen muchos estudios con las más diversas perspectivas que es posible imaginar, hay coincidencia que el desafío actual es lograr que las mujeres aumenten su presencia numérica en el mundo del trabajo en Chile: Cualquier empoderamiento de una mujer pasa o se relaciona por ser económicamente independiente, sea de sus padres o parejas.

Sin embargo, la realidad estadística es que las chilenas es el grupo con mayores dificultades para acceder a un empleo de buena calidad y para generar ingresos formales.

De hecho, a pesar de haber tenido en dos ocasiones a una mujer en el sillón de La Moneda, la tasa de participación laboral chilena se considera baja en comparación con América Latina.

A ese diagnóstico general, se sumaron los retrocesos que provocó la pandemia de coronavirus, ya que fueron “ellas” las primeras en ser despedidas y las últimas en recuperar los puestos perdidos.

La académica de la U. de Chile y del Centro de Estudios Públicos (CEP), Bárbara Flores Arenas, no solo ha investigado el problema, sino que es autora del revelador análisis «La importancia de las interacciones entre vecinos con lazos sociales débiles para incrementar la participación laboral femenina en Chile».

Allí, Flores postula que las interacciones sociales a nivel de vecindario afectan directamente la decisión de las mujeres de participar (o no) en el mercado de trabajo.

BUSCANDO INSPIRACIÓN

Esta doctora en Economía por el University College de Londres, parte por resaltar la influencia que tienen cierto tipo de interacciones sociales sobre las chilenas, como aquellas que ocurren en el barrio, población o vecindarios de la comuna. En breve, la profesional apunta a que las conexiones que las personas de sexo femenino mantienen con sus vecinos generan una influencia en su manera de pensar el trabajo, en primer término.

El segundo punto es la importancia de los modelos que puedan imitar para idear soluciones prácticas de asuntos doméstico decisivos como resolver con quién dejar a los hijos mientras se sale a trabajar, una preocupación que suele llevar a desistir de buscar empleo.

“Si existiese un mecanismo de inspiración, entonces se podrían generar instancias donde (mujeres) jóvenes de baja escolaridad se involucren con la experiencia de mujeres similares que han participado en el mercado laboral, con trayectorias exitosas”.

De estas observaciones se deprenden otras hipótesis interesantes: ¿Mejorando el barrio se mejora la inserción laboral de las mujeres o es mejorando la calidad de la comunicación entre los vecinos? ¿Qué nuevo rol cultural podrían tener las juntas de vecinos o grupos de adultos mayores a la hora de incentivar la autonomía laboral y económica de las mujeres?

La autora entrega su opinión: “Para incrementar la inserción de mujeres de baja escolaridad en el mercado laboral –afirma– resultaría beneficioso fomentar la interacción social entre vecinos a través de organizaciones comunales o a nivel de unidad vecinal. Generar instancias de colaboración entre vecinos y vecinas es beneficioso para que compartan información, especialmente en barrios de alta vulnerabilidad socioeconómica”, sostiene.

LAZOS DÉBILES Y FUERTES

Asimismo, la autora de este trabajo de investigación destaca la relevancia de los llamados “lazos débiles para acceder a información a la cual no se tendría acceso si solo se interactuara con quienes se conforman lazos fuertes”.  La razón de esto radica en que este tipo de vínculos más informales –que mezclan lo humano con lo comunitarios sin mayores dificultades– construyen “más puentes hacia otras redes sociales”. 

Siempre en el contexto de promover una mayor participación de mujeres en el trabajo remunerado, la investigadora explica que “los lazos débiles aportarían información sobre vacantes de empleo, que sería desconocida entre las personas con quienes se conforman lazos más fuertes”.

Al revisar los estudios, aparece una correlación positiva para mujeres con baja escolaridad que socializan con sus vecinos y vecinas: “En términos de magnitud, una mujer tendría 8 puntos porcentuales más de probabilidad de integrarse al mercado laboral si aumenta la proporción de mujeres del barrio que trabajan o buscan trabajo”. 

Como es de suponer, este nuevo enfoque en la promoción laboral de las chilenas matiza el rol de los “vínculos fuertes” de la familia directa. La sociedad actual ha ampliado las conexiones más allá del parentesco o el vínculo sanguíneo, otorgando otra mirada al territorio que se comparte en comunidad.

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