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Chile 1962, el lado “B” del  Mundial Chile 1962

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Sesenta años antes de que la tecnología y el fair play busquen la manera de erradicar el juego sucio de las canchas de fútbol se disputó el Mundial de Chile 1962, considerado el más violento de toda la historia.

El rótulo no es para nada exagerado. De hecho, en los primeros tres días hubo nada menos que 34 lesionados, y para los cuartos de final la cifra se elevó a 50. Entre las víctimas se destacó el brasileño Pelé, a quienes todos los rivales fueron a buscar para dejarlo rápido fuera de combate. En total, hubo cinco futbolistas fracturados. Tres en las piernas, uno en la cadera y otro terminó con la nariz rota. Sin Fair Play ni VAR, cada encuentro era una verdadera carnicería.

Hubo al menos dos partidos bochornosos, dentro de la barbarie que fue casi toda la competencia. El primero fue el que jugaron el 31 de mayo Yugoslavia y la Unión Soviética, en el debut de ambos en la Copa. Ante la atenta mirada del árbitro alemán Albert Dusch, que apenas hizo algún que otro llamado de atención, el “parte de guerra” arrojó que el soviético Slava Metreveli recibió 12 puntos sobre su ceja izquierda.

Viktor Ponedeljnik, en tanto, terminó con una lesión en el tobillo derecho, mientras que del lado de los yugoslavos, Zeljko Matus sufrió una fractura nasal y Muhamed Mujic se fue con un corte impresionante en el tobillo derecho, después de pegarle un tremendo patadón al defensor ruso Eduard Dubinsky. El golpe fue tan salvaje, que el ruso sufrió la fractura de la tibia y peroné y nunca pudo recuperarse. La lesión desembocó en un sarcoma que derivó en la amputación de su pierna derecha y, años más tarde, murió por la infección provocada por aquel golpe.

EDITORIAL

El clima entre ambos seleccionados venía caldeado desde mucho antes. Ocurrió que en la previa del Mundial, el diario Il Resto del Carlino publicó una editorial muy crítica sobre el país anfitrión. De hecho, en uno de los párrafos decía: “Esta capital es el símbolo triste de uno de los países subdesarrollados del mundo y afligido por todos los males posibles: desnutrición, prostitución, analfabetismo, alcoholismo, miseria… Bajo estos aspectos Chile es terrible y Santiago su más doliente expresión, tan doliente que pierde en ello sus características de ciudad anónima”. Muy molestos y ofendidos, los chilenos juraron venganza. Y el 2 de junio de 1962 la tuvieron. Para intentar calmar un poco los ánimos, los jugadores italianos ingresaron al campo de juego lanzando claveles blancos hacia las tribunas. Una fiesta. Un canto al Fair Play. Pero todo duró un suspiro: los 66.000 espectadores se unieron en una estruendosa silbatina y devolvieron las flores al campo de juego, como para dejarle en claro al rival que esa tarde no la iba a pasar bien.

Apenas se habían jugado 7 minutos cuando el delantero Giorgio Ferrini le cometió una fuerte infracción al chileno Honorino Landa y el árbitro inglés Ken Aston lo echó del campo de juego (aún no existían las tarjetas amarilla y roja). Ferrini se negó a salir… y la Policía se lo llevó detenido, mientras al menos tres jugadores pedían asistencia desde el suelo. Unos instantes después, el propio Landa haría justicia por mano propia, sin que el árbitro castigara con la misma vara que con los italianos. El partido ya era un hervidero y todavía faltaban 83 minutos…

Era imposible mantener el ritmo, porque cada dos por tres las acciones se interrumpían, como consecuencia de patadas arteras de uno y otro lado.

Poco antes del final del primer tiempo, Leonel Sánchez desbordó por la izquierda ante la marca de Mario David. El delantero chileno se cayó, y el italiano lo pateó varias veces, para intentar quitarle el balón. Sin que medie otro tipo de reacción, Sánchez se paró y le pegó una trompada a David. Mientras, el árbitro se desentendió de todo y no cobró absolutamente nada. Y tampoco castigó al chileno por la reacción.

ARBITRO

Ante esa demostración de autoridad del árbitro, el italiano David aguantó unos minutos y se tomó venganza: le tiró a Sánchez una espectacular patada voladora, que tuvo como consecuencia su rápida expulsión.

El partido siguió 11 contra 9, y, con el 2 a 0, Chile se garantizó el pase a la siguiente rueda.

En ese carnaval de patadas y comboss que fue el Mundial 62, Brasil supo reponerse de la ausencia de Pelé, le ganó 3 a 1 a Checoslovaquia en la final (goles de Amarildo, Zito y Vavá), retuvo la Copa y se consagró bicampeón. (LaNacion.com.ar)

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