Tal como fue toda su gira por Asia, lo de Chile en Suwon funcionó a la mitad. Reinaldo Rueda no pudo realizar todas la pruebas que quería y Chile, frente a Corea del Sur, solo hizo una parte de la tarea. En un partido muy medido, demasiado amistoso, la Roja empató sin goles en el único partido de esta doble fecha FIFA que pudo disputar.

Rueda sorprendió con el equipo titular. No tanto por los nombres, pero sí por las posiciones. Partiendo por un cambio sustancial respecto a su esquema madre, como fue prescindir de un centrodelantero natural. El colombiano prefirió recurrir a la discutida función del nueve falso, puesto que le asignó, en teoría, a Diego Valdés, pero que con el correr de los minutos se fue transformando en una tarea compartida con un vigoroso e incansable Arturo Vidal, quien cubrir todos los sectores del campo.

Chile conformó un mediocampo para controlar la pelota. Con Medel, Aránguiz y el mismo Vidal como sus pilares. En ocasiones, Valdés se retrasaba para formar parte del circuito y ahí la Selección se vio bien. El tema es que esa buena generación se diluyó por la escasa presencia de los más ofensivos o por la pasada poco clara de los laterales. En ese sentido, lo peor de la Roja se vio por la banda izquierda, donde Miiko Albornoz y Diego Rubio, simplemente, no funcionaron.