Es posible que los holandeses hayan sido los primeros en andar en bicicleta por sus ciudades, pero una nueva forma de alquilar bicicletas con alta tecnología está iniciando una revolución del pedal en grandes ciudades de todo el mundo.

La clave es que son bicicletas de alquiler “sin estación”: pueden ser tomadas y dejadas en donde el usuario lo decida.

Con unos pocos pasos en una aplicación de un teléfono inteligente, se pueden alquilar por una hora, un día o una semana.

En un viaje corto, el primer paso es desbloquearla a través de la app y entonces el usuario realiza su recorrido.

Cuando termina, la vuelve a bloquear y la deja en un lugar público, en lugar de tener que llevarla a un área de depósito especial o “muelle”, como otros servicios requieren.

Así es como funcionan unas 18 millones de bicicletas de uso público que hay en 1.608 ciudades del mundo.

Eso es un gran avance desde las dos millones que había a finales de 2016, dice Russell Meddin, coautor de un mapa mundial de bicicletas compartidas.

La mayor parte de este crecimiento ha tenido lugar en China, donde dos nuevas empresas. con el respaldo de los gigantescos grupos comerciales rivales del país, luchan por el dominio en las calles.

Ofo está respaldada por el gigante del comercio electrónico Alibaba, mientras que Tencent Holdings, la compañía más rica de Asia, está asociada con Mobike.

 

Alex Borwick, que vive entre Shanghai y Pekín, utiliza Mobike.

Dice que compartir una bicicleta es mucho más fácil que tener una propia, pues “no tienes que llevar un candado y preocuparte de ella”.

Y ella “definitivamente” ha utilizado el servicio más porque la bicicleta puede dejarse donde sea en la calle, pues eso “significa que puede usarla hasta donde necesita ir, y no a un muelle de bicicletas”.

Mobike se ha extendido a 100 ciudades, incluyendo la inglesa de Manchester en 2017 y la capital alemana, Berlín, a principios de este año.

“Los de China son los únicos que están verdaderamente a nivel mundial”, dice acerca de Mobike Steve Pyer, un veterano del esquema de alquiler de bicicletas de Londres.

Infraestructura más barata

Además de la conveniencia de poder dejarla en cualquier lugar, las bicicletas de este esquema son más baratas de poner en funcionamiento que las que tienen que estacionarse.

Una biciestación con capacidad para 25 bicicletas cuesta alrededor de US$130.000 por instalación y mantenimiento, dice Pyer.

La tecnología en la bicicleta es alimentada por una batería que se carga mediante un dínamo activado por la energía del ciclista al pedalear.

El éxito en China ha atraído el interés de los empresarios.

Este negocio atrajo US$2.600 millones en inversiones en 2017, frente a los US$290 millones de fondos que obtuvo en 2016, según la empresa de inteligencia de negocios Crunchbase.

 

Karan Girotra, profesor de posgrado de la Universidad de Cornell, dice que hay una prisa por entrar primero en nuevos mercados.

Las firmas apuestan a que “una vez que ingresas allí, adquirirás clientes y expulsarás a otros competidores del negocio”.

Y aunque el sistema tradicional basado en muelles de bicicletas en Hangzhou, al este de China, tiene 65.000 unidades, la empresa emergente Ofo opera 10 millones, dice Girotra.

Con los sistemas tradicionales, como los de Londres y París, “a la gente le encantó, pero los costos resultaron ser más altos y los ingresos publicitarios resultaron ser más bajos”, afirma.

Las economías de escala reducen el costo por bicicleta para las empresas chinas a “mucho menos” de US$100, en lugar de las basadas en muelles que van de US$3.000 a US$5.000.

Aprendizaje automático

Los ciclistas de estas bicicletas no siempre dejan las unidades en lugares accesibles para que otros inicien sus viajes, por lo que los operadores del sistema tienen que moverlas.

En Oslo, una empresa ha estado utilizando aprendizaje automático (una forma sofisticada de análisis de datos) para predecir cómo distribuir bicicletas de manera más eficiente.

“Tratamos de maximizar la cantidad de viajes que realiza cada bicicleta antes de tener que moverla de nuevo”, dice Axel Bentsen, director ejecutivo de Urban Infrastructure Partner, que administra el programa de bicicletas compartidas de Oslo.

“Es muy difícil hacerlo manualmente y el aprendizaje automático encuentra patrones y sugiere cambios que no podríamos realizar nosotros mismos”, explica.

Interés en los autos

Las empresas dedicadas al alquiler de autos para compartir están ansiosas por participar en el uso de estas bicicletas para el último tramo de los viajes de sus clientes.

En abril, Uber adquirió el servicio Jump Bikes de Nueva York a un precio de casi US$200 millones, según Techcrunch.

Mientras tanto, el rival de Uber en la India, Ola, presentó un servicio de bicicletas compartidas el año pasado llamado Ola Pedal.

Y Grab, otro rival de Uber con sede en Singapur, se asoció el año pasado un servicio de bicicletas compartidas sin muelle llamado oBike.

Puede pasar un tiempo antes de que el resto del mundo alcance a Ámsterdam, donde el 66% de todos los viajes se hacen en bicicleta.

Pero es la improbable combinación de capital de riesgo y gigantes chinos de internet lo que nos puede llevar allí más pronto de lo que esperamos.