En medio de “Misa por el Progreso de los Pueblos”, que encabezó este miércoles en el Aeródromo Maquehue, en Temuco, el papa Francisco hizo una férrea defensa de la diversidad cultural, y condenó dos formas de violencia que emergen de la falta de reconocimiento de la misma.

“Mari, mari” (“buenos días”) y “küme tünngün ta niemün” (“la paz esté con ustedes”), fueron las palabras iniciales de su homilía, y este saludo en mapudungun motivó aplausos espontáneos de los 250 mil fieles católicos presentes.

En el centro de su mensaje, Francisco advirtió que en el diálogo social “una de las principales tentaciones a enfrentar es confundir unidad con uniformidad”, puesto que “la unidad no nace ni nacerá de neutralizar o silenciar las diferencias”.

“La unidad no es un simulacro ni de integración forzada ni de marginación armonizada. La riqueza de una tierra nace precisamente de que cada parte se anime a compartir su sabiduría con los demás. No es ni será una uniformidad asfixiante que nace normalmente del predominio y la fuerza del más fuerte, ni tampoco una separación que no reconozca la bondad de los demás”, advirtió.

“La unidad es diversidad reconciliada”

Según el pontífice, “la unidad pedida y ofrecida por Jesús reconoce lo que cada pueblo, cada cultura está invitada a aportar en esta bendita tierra”; es “una diversidad reconciliada, porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias”.

“Necesitamos de la riqueza que cada pueblo tenga para aportar y dejar de lado la lógica de creer que existen culturas superiores o inferiores”, señaló enfático.

“La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos (…) Esto nos introduce en el camino de la solidaridad (…) que nos lleva a decir: ‘Nos necesitamos desde nuestras diferencias para que esta tierra siga siendo bella’. Es la única arma que tenemos contra la ‘deforestación’ de la esperanza. Por eso pedimos: Señor, haznos artesanos de unidad”, planteó.

“Dos formas de violencia”

En su homilía el obispo de Roma alertó también sobre “dos formas de violencia que, más que impulsar los procesos de unidad y reconciliación, terminan amenazándolos”.

“En primer lugar, debemos estar atentos a la elaboración de ‘bellos’ acuerdos que nunca llegan a concretarse: bonitas palabras, planes acabados —necesarios—, pero que al no volverse concretos terminan ‘borrando con el codo lo escrito con la mano’. Esto también es violencia, porque frustra la esperanza”, declamó.

“En segundo lugar, es imprescindible defender que una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa. Por eso decimos ‘no a la violencia que destruye’, en ninguna de sus dos formas”, dijo Jorge Bergoglio en uno de los momentos más explícitos de su alocución.

“Arauco tiene una pena”

El discurso del papa tuvo varias señales de reconocimiento al pueblo mapuche -incluyendo un “saludo de manera especial” a sus miembros- y también consideró citas deGabriela Mistral y Violeta Parra.

De la Premio Nobel de Literatura rescató sus palabras en las que destaca, de La Araucanía, “sus majestuosos volcanes nevados, sus lagos y ríos llenos de vida”, y calificó él mismo a la zona comuna “tierra bendecida por el Creador con la fertilidad de inmensos campos verdes, con bosques cuajados de imponentes araucarias”.

“Esta tierra, si la miramos con ojos de turistas, nos dejará extasiados, pero luego seguiremos nuestro rumbo sin más; pero si nos acercamos a su suelo, lo escucharemos cantar: ‘Arauco tiene una pena / que no la puedo callar / son injusticias de siglos / que todos ven aplicar'”, declamó, citando a la también autora de “Gracias a la vida”.

“En este contexto de acción de gracias por esta tierra y por su gente, pero también de pena y dolor, celebramos la Eucaristía, y lo hacemos en este aeródromo de Maqueue, en el cual tuvieron lugar graves violaciones de derechos humanos. Esta celebración la ofrecemos por todos los que sufrieron y murieron, y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias. La entrega de Jesús en la cruz carga con todo el pecado y el dolor de nuestros pueblos, un dolor para ser redimido”, manifestó.

Fuente: Cooperativa.