El presidente estadounidense Donald Trump aterrizó este sábado en Hanói, una nueva etapa de su gira por Asia, el mismo día en que Corea del Norte calificó su viaje de “belicista” y aseguró que es un motivo para seguir desarrollando su arsenal nuclear.

Por primera vez desde que empezara el largo viaje de Trump, hace una semana, centrado en la denuncia del “chantaje nuclear” de Pyongyang, el régimen de Kim Jong-Un ha reaccionado. Y lo ha hecho con vehemencia.

El presidente estadounidense está protagonizando una gira “belicista con miras a una confrontación para privar a la República Popular Democrática de Corea de su disuasión nuclear defensiva”, afirmó un portavoz del ministerio norcoreano de Relaciones Exteriores, citado por la agencia oficial KCNA.

Las advertencias del inquilino de la Casa Blanca “nunca podrán atemorizarnos ni frenar nuestros avances”, sino al contrario, “nos empujan a acelerar los esfuerzos para la gran causa, consistente en ultimar una fuerza nuclear nacional”, agregó.

En un discurso delante de la Asamblea Nacional surcoreana, Donald Trump había instado el miércoles a Kim Jong-Un a no subestimar la determinación de Estados Unidos.

El líder estadounidense pidió a China, de quien depende casi totalmente la actividad comercial de Corea del Norte, y a Rusia, que formen un frente unido ante el régimen norcoreano, que a principios de septiembre llevó a cabo otro ensayo nuclear.

El viernes, frente a los jefes de Estado de Asia-Pacífico (APEC) en Danang, Vietnam, volvió a denunciar las “fantasías” del “dictador” de Pyongyang, juzgando que Asia no podía acabar como rehén del régimen norcoreano.

Derechos humanos

En Danang, Trump conversó brevemente con su homólogo ruso, Vladimir Putin. Este último le aseguró que “de ninguna manera se había entrometido” en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, indicó Trump a los periodistas.

El presidente estadounidense, que llegó a Hanói el sábado por la tarde, debía reunirse el domingo por la mañana con los dirigentes del régimen comunista vietnamita.

Después de las de Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, esta es la cuarta visita de un presidente estadounidense al país desde el fin de la guerra (1975), signo de un acercamiento espectacular.

Si bien China es, de lejos, el primer socio comercial de Vietnam, existe un importante recelo en ese país respecto al gigante de la región.

En principio, los encuentros se centrarán en los intercambios comerciales con Vietnam, un país de 90 millones de habitantes en pleno bum económico.

También se espera -especialmente las oenegés- que Trump se exprese sobre la cuestión de los derechos humanos.

Pero, tanto para Vietnam como para otros países acusados de violar los derechos fundamentales, la administración Trump asegura que prefiere la discreción a las denuncias públicas.

“El presidente se centra en qué es eficaz en términos de protección de derechos humanos y del respeto del derecho”, explicó H.R. McMaster, su asesor para seguridad nacional, antes de su salida hacia Asia.

“¿De qué sirve desgañitarse sobre esos temas? En cualquier caso, eso no ha resultado ser muy eficaz en la historia reciente”, añadió.

En una visita a Vietnam de su predecesor Barack Obama, demócrata, en mayo de 2016, el exmandatario instó abiertamente a los dirigentes del país comunista a un cambio de rumbo.

“Garantizar los derechos no es una amenaza para la estabilidad” de un país, lanzó, en un discurso ofrecido en Hanói ante más de 2.000 personas y retransmitido en directo por la televisión nacional, algo inimaginable en otro tiempo.

Después de su etapa en Hanói, de menos de 24 horas, Trump viajará a Manila, en Filipinas, última parada de su maratónica gira, donde se reunirá con el presidente de ese país, Rodrigo Duterte.